INTRODUCCIÓN A LOS MATERIALES “EDUCACIÓN PARA LA SOLIDARIDAD”

Nos preocupan los jóvenes. Nos preocupa el cúmulo de experiencias y ambientes en el que se les está proponiendo prefigurar estas decisiones. Y nos preocupa el modelo de persona y los valores básicos que se están asumiendo como “naturales” en esta sociedad.

 

Si algo sabemos de la persona, es que está hecha desde y para la Solidaridad. Y esto está hoy en abierta contradicción con la propuesta de persona, con los valores que ponen muchísimos jóvenes en primer lugar.

En todos los estudios sobre juventud que se vienen manejando en los últimos veinte años, los valores predominantes que se han potenciado vienen marcados por el consumismo, por un individualismo que raya el narcisismo patológico y por el hedonismo como criterio principal. Exaltación del dinero y el éxito. Exaltación de la negociación como la base de las relaciones ya que se juzga imposible cualquier compromiso de fidelidad que atente contra nuestra auto-realización (¿¿??)y nuestro proyecto de vida (eso, si lo hay). Exaltación de lo afectivo- emocional- placentero como fuente y criterio de decisión permanente. Exaltación del inmediatismo, del presentismo, de “las experiencias” fuertes, intensas emocionalmente,… por más que me pongan en el ansia insaciable del  “…y aún hay más”.

La frustración de esta propuesta nos resulta de una evidencia pasmosa a los que estamos todos los días trabajando con jóvenes y a los que, desde nuestra vocación, hemos decidido no obstante no dejar de quererlos como se merecen. La soledad y la incomunicación, la ausencia de auténticas relaciones de amistad son más que evidentes por más que estemos ante el espejismo de la sociedad “mejor comunicada” de la historia. La fragilidad de la personalidad, rota al menor y más rutinario contratiempo, llena nuestro panorama diario de “depresivos”. Los narcisismos, de violencias y “pequeños dictadores” o tiranos del capricho.
La insatisfacción permanente para acceder al paraíso de la belleza, del dinero, del poder o del éxito social…está plagada de adicciones infernales. Y es que la solidaridad para la que estamos hechos no encuentra fácilmente sustitutivos que no se revelen tarde o temprano como auténticos fiascos.

Y queriendo asumir este panorama, queriendo no renunciar a educar en medio de él, nos asusta aún más  que los educadores lo sigamos alimentando con las propuestas educativas de moda. Aunque en nuestra “jerga” tratemos dedisimular el panorama para digerirle, lo cierto es que no huele mejor porque le perfumemos en las buenas intenciones de la escuela. Es necesario revisar aquí también todo ese tramposo lenguaje de la “tolerancia”, la “igualdad” y  “la aceptación de la diversidad”. Nunca la exaltación del egoísmo- llámese como se llame para que no caiga mal (autoestima, autorrealización, aceptación del otro,…)- ha conducido a la solidaridad. Por mucho que el liberalismo y la socialdemocracia desesperanzada hablen de un nuevo contrato social basado en el “egoísmo solidario”, ambos términos siempre se han movido en direcciones opuestas. No estamos contra los conceptos en si mismos. Pero está claro que no significan lo mismo en un contexto integral de Educación para la Solidaridad que en un contexto integral de Educación para la ciudadanía “global” y “democrática” que han construido los Fuertes despojando a los débiles hasta del derecho a existir si son “discapacitados”, “tontos” o “pobres”.

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