Y seguimos prestando atención a la atención

Nos hacemos eco de una entrevista a la pedagoga Nerea Rivero en ABC educación. El artículo destaca esta afirmación: «Las familias pueden (y deben) entrenar la atención de sus hijos». La pedagoga explica cómo las prisas y la sobreexigencia de la vida moderna pueden afectar negativamente la capacidad de atención de los niños. Tal vez no aportemos nada que no hayamos dicho antes en este tema que, como sabéis, ha sido objeto de una publicación propia (Presta Atención. Ediciones Voz de los sin Voz).

Se nos habla de un libro nuevo que reincide en el tema desde la perspectiva de la psicología cognitiva (¿Cómo estimular la atención de los niños? ), que evidentemente tiene en cuenta el proceso social en el que se produce el desarrollo psicológico de los niños y jóvenes. Se nos dice algo que evidentemente tiene mucha importancia a la hora de abordar la recuperación de la atención (nueva inteligencia, se llega a llamar): que los adultos, familias, hemos de tomar conciencia de nuestra responsabilidad y hemos de asumir un compromiso. Pero nosotros volvemos a insistir en una dimensión que no suele aparecer con mucha claridad (sólo indirectamente): la dimensión política.

Y no sólo me refiero a las decisiones de la esfera política propiamente dicha que afectan a la «desatención» sino a las decisiones «políticas» que toman las empresas de información, comunicación y formación. Pretender curar una borrachera de superestimulación con otra interface de superestimulación es como dar bebidas alcohólicas al que está alcoholizado. Y pretender que a la carga de sobreexplotación a la que se somete a las familias se añadan, como responsabilidad ineludible, las acciones que sirven para restaurar la atención, no deja de ser algo que seguro que va a sobrecargar aún más sus niveles de estrés. Y no digo que en este artículo se defienda esto. Digo que es fácil que los diagnósticos psicologizantes acaben en soluciones individualistas o meramente corporativas que dejen indemnes las responsabilidades políticas. Esto sin hablar de la «rentabilidad» que da políticamente un pueblo que no «presta atención». (manuelaraus)

Hoy se habla de la atención como la nueva inteligencia. Pero esta habilidad, apunta Nerea Riveiro, autora de ‘Cómo estimular la atención en los niños’ (Espasa) «es algo que, a lo largo de mi trayectoria profesional, he visto cada vez más mermada en los últimos años».

A diario, prosigue, «veo a niños y adolescentes a los que les cuesta horrores concentrarse y mantener la atención en una tarea. Sin ánimo de juzgar a ningún padre, vamos a la carrera, no les damos su tiempo para hacer las cosas o las hacemos por ellos de forma muy automática. Luego nos quejamos de que los menores no tienen atención pero, ¿qué parte de culpa tenemos nosotros? ¿Qué oportunidades les dimos nosotros para entrenar esa habilidad?», se pregunta

La buena noticia es que, según esta pedagoga infanto juvenil y especialista en dificultades de aprendizaje, altas capacidades y atención temprana, la atención es algo que se puede y se debe entrenar. Y además debe estimularse desde edades muy tempranas».Noticias relacionadas

¿Qué es, en resumidas cuentas, la atención?

La atención es un proceso cognitivo que nos permite seleccionar, enfocar y procesar información relevante para alcanzar nuestros objetivos, inhibiendo aquellos estímulos que no son necesarios para ello. Se trata de una habilidad muy presente en nuestro día a día, pues interviene en todo tipo de tareas, desde las más pequeñas y sencillas hasta las complejas y minuciosas. De ahí que desarrollarla de manera adecuada será una garantía de éxito y favorecerá el rendimiento académico de nuestros hijos.

Los adultos de hoy, ¿no estamos fomentando que esta habilidad se desarrolle adecuadamente en la infancia?

Creo que a veces las prisas, las exigencias en el día a día nos hacen caer como padres -yo la primera- en situaciones que no favorecen el desarrollo óptimo de nuestros hijos. Por ejemplo, ¿cómo vamos a criar niños autónomos, con capacidad de esfuerzo y la suficiente capacidad atencional para realizar una tarea con tranquilidad presencia si, cuando quieren hacer algo por sí mismos, no dejamos que lo hagan?

Pongamos por ejemplo el momento de vestirse por la mañana. ¿Qué mensaje le estoy dando si los pone mamá? «Tú no puedes, porque no sabes». Primero le estoy dañando su autoestima, pero además no le estoy dando la oportunidad de poder focalizarse en una tarea cotidiana concreta, y aunque a mi hoy no me de tiempo, el día de mañana me lo dará, porque será capaz de hacerlo por sí misma y mi tiempo estará más que invertido.

Como madre, creo que los adultos debemos responsabilizarnos de ofrecer el mayor número de oportunidades posibles para que nuestros hijos puedan desarrollar sus capacidades al máximo, especialmente en lo que refiere a su capacidad atencional.

Se habla mucho de que los niños de hoy «no se concentran», pero ¿realmente ha empeorado la atención o simplemente ha cambiado el contexto?

Hoy en día educar es mucho más exigente, porque la vida de nuestros padres no es la que llevamos nosotros ahora, que nos exige trabajar a los dos, que ambos nos ocupemos de la casa, tengamos tiempo de ocio, cuidemos de salud mental.. Esa vida de estar todo el rato produciendo no es la que tenían nuestros padres.

El juego, gran aliado

Y, ¿hasta qué punto influyen las pantallas en la capacidad de atención? ¿Son las grandes culpables o hay que matizar?

Obviamente en esta sociedad criar sin pantallas es mucho más exigente. No las demonizo pero soy muy radical porque los profesionales estamos viendo – y últimos estudios de la sociedad americana de pediatría ya lo dicen-, que los niños no deben exponerse a pantallas de cero a 6 años, porque a nivel de desarrollo, lengua, emociones de atención… estamos viendo que hay muchísimas dificultades.

Una cosa es utilizar las pantallas de una manera muy puntual y otra utilizarlas como herramienta y mecanismo todos los días. Trato a familias que reconocen que cuando van con su hijo a comer a un restaurante, le dan el móvil para que no se la monte. Lo utilizamos de chupete emocional para calmarlos y que no se frustren, no se enfaden, no nos hagan pasar un mal rato a nosotros tampoco… Pero insisto, les estamos quitando muchísimas oportunidades de aprender.

Vivimos en una sociedad que va muy rápido. Antes estábamos más en la calle la mayor tiempo del libro, pero antes estábamos en casa haciendo juegos, interactuando con otros niños o haciendo actividades que requerían esa parte de atención. Ahora muchos niños solo ven la tele cuando están en casa, o hacen juegos educativos en dispositivos electrónicos… La idea es reflexionar sobre eso.

¿Cuáles son las estrategias más efectivas para trabajar la atención desde casa, sin que parezca una «tarea extra»?

Todas las actividades que propongo en el libro se pueden realizar con pocos materiales, con cosas que tengamos en casa… A veces pensamos que necesitamos un montón de recursos, pero a lo mejor es preferible jugar solo diez minutos para trabajar la atención con algo que tengamos en el hogar, como puede ser ahora el catálogo de juguetes de los grandes almacenes. Probemos a buscar juguetes que empiecen por la letra M y pasemos un rato agradable en familia, que parece que no conseguimos ni cinco minutos de calidad con ellos.

Siempre recomiendo jugar juntos, incluso en etapas posteriores: con juegos de mesa, juegos inventados que no requieran de materiales especiales, como sea, con lo que sea. Jugad con vuestros hijos. Es lo que necesitan, pasar más tiempo con las personas más importantes para ellos, divertirse y, de paso, potenciar todas sus habilidades.

¿Desde cuándo deberíamos entrenar la atención de los niños?

La atención se tiene que entrenar desde el momento en que el niño nace. Cuando es bebé ya se puede estimular de forma sonora. Pero hay un momento muy claro, hacia los tres años, en el momento de la escolarización obligatoria, donde se abre una ventana de oportunidad maravillosa a través del juego.

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