CEREBRO Y EDUCACIÓN

El descubrimiento de las Neuroimágenes funcionales, los avances crecientes en genética y los nuevos métodos para evaluar cognición, emoción y aprendizaje hacen posible una alianza que puede iluminar el desarrollo y aprendizaje humano.

Esta alianza es fundamental para la interacción recíproca entre la investigación científica y el conocimiento práctico de los educadores. Es necesario que exista una interacción dinámica entre el conocimiento práctico y la investigación científica, dónde la práctica modela las preguntas científicas y la investigación modela la práctica. Para conectar mente, cerebro y educación la investigación tiene que moverse hacia el escenario de la vida real y la practica educacional tiene que estar disponible al análisis científico. La biología y las ciencias cognitivas tienen mucho que aprender de la educación como la educación tiene que aprender de ellas.

Por otro lado, la sociedad tiene expectativas irreales acerca de que puede proveer la Neurociencia y la genética a la educación. Esto distorsiona la interrelación entre investigación y práctica. Los nuevos hallazgos sobre el funcionamiento cerebral requieren interpretaciones sensatas y criteriosas y deben ser seguidas por investigaciones que evalúen su aplicación en las aulas.

Las decisiones de cómo educar requieren no sólo información científica acerca de qué es efectivo sino también decisiones acerca de qué tiene real valor, incluyendo aquello que debe ser enseñado y cómo las comunidades, escuelas y maestros deben organizar las Instituciones encargadas del aprendizaje y desarrollo.

En la primera parte de esta disertación trataré de exponer en forma simple cómo y cuándo se desarrolla la corteza cerebral y se establecen las conexiones (sinapsis) entre las distintas regiones del cerebro. En la segunda, resumiré la correspondencia temporal, entre la emergencia de propiedades psicológicas y funciones cognitivas, y el desarrollo cerebral a lo largo de los primeros 12 años de vida, así como los efectos de la experiencia sobre tales cambios.

El aspecto central consiste en remarcar que la maduración cerebral y la experiencia condicionan la aparición y el desarrollo de las funciones cognitivas y características emocionales y que existen períodos, llamados óptimos o sensibles – el termino crítico ha sido abandonado – durante los cuales se favorecen la adquisición y desarrollo de los dominios cognitivos. Por último, el aspecto más significativo en relación a desarrollo cerebral y educación es sí las intervenciones en el aula pueden modificar las redes neurales relacionadas a la cognición en forma tal que las modificaciones se generalicen más allá de los dominios específicos de la instrucción.

La corteza cerebral provee el sustrato biológico para las capacidades cognitivas humanas y es sin duda la parte del cerebro que permite distinguirnos de otras especias; esta caracterizada por una organización modular funcional; distintas áreas corticales con proyecciones específicas aferentes, que llegan, y eferentes, que salen, están dedicadas a diferentes funciones. Aunque esta organización comienza durante el desarrollo embrionario es modelada y modificada por la experiencia.

La corteza cerebral abarca alrededor de dos tercios de la masa neuronal de nuestro cerebro y alrededor de tres cuartos de todas las conexiones (sinapsis). Estimaciones actuales indican que existen más de 100.000 millones de neuronas (“las mariposas del alma”). Cada neurona recibe aproximadamente 10.000 conexiones que provienen de otras neuronas. Esto da un total de 1.000 billones (1012) de puntos de contacto en los que la información entre las neuronas puede ser trasmitida.

Las neuronas neocorticales, es decir de la corteza cerebral, se producen esencialmente a partir de la mitad de la gestación hasta el período postnatal inmediato. Las neuronas se generan en zonas de proliferación específica y luego de que se dividen migran, viajan a lo largo de distintas zonas del cerebro en desarrollo para lograr su posición final en donde forman capas de células o se agregan en núcleos.

Es importante enfatizar que la migración celular, si bien ocurre esencialmente durante el desarrollo, también existe en el cerebro adulto. La neurogénesis en el cerebro adulto significa la adición de nuevas neuronas que pueden mejoran determinadas funciones cognitivas, particularmente el aprendizaje asociativo, y esto puede ser modificado por distintos factores. Por ejemplo, así como las drogas de adicción, el estrés y los corticoesteroides disminuyen la neurogénesis adulta, las hormonas sexuales, el ejercicio, el aprendizaje y en general la interacción social y los medios enriquecidos la facilitan.

Entonces, una vez que todas las neuronas corticales se han generado y han logrado su posición final comienzan a diferenciarse y a formarse las conexiones (sinapsis) entre ellas. Como vemos en el diagrama la densidad y el número de sinapsis, es decir de conexiones, se estabiliza después de la pubertad a pesar de la adquisición y acumulación de memorias. Al igual que el desarrollo celular, las fases una, dos y mitad de la tres de la sinaptogénesis está determinada genéticamente, es decir es independiente de la experiencia, mientras que la segunda parte de la tercer fase y la fase 4 son dependientes de la experiencia. El aprendizaje implica la remodelación y fortalecimiento de las sinapsis existentes.

La integración de todas las áreas cerebrales, es decir aquellas que intervienen en los movimientos, en la sensación, en las emociones y en las funciones cognitivas más elaboradas, ocurre “pari pasu” con el desarrollo estructural de la corteza. Sin embargo, el nivel de complejidad de los procesos desarrollados en cada estadio y la maduración total de las funciones corticales es un proceso lento que requiere más de una década en los humanos.

A continuación describiré la relación temporal entre el crecimiento cerebral y el desarrollo psicológico y cognitivo.

Transición entre los dos y tres meses de edad.

Los aspectos más significativos en esta edad son: la reducción de la tendencia al llanto, la aparición de la sonrisa social y la mantención de la atención a un estímulo visual. El niño comienza a responder a estímulos sensoriales, los cuales graba y reconoce. Estos fenómenos tienen que ver con el establecimiento de conexiones entre determinadas zonas del cerebro (corteza y tronco cerebral) y sobre todo los últimos con la diferenciación de un grupo específico de células en regiones críticas para la memoria, tal el hipocampo.

Transición entre los siete y doce meses de edad.

Durante estos meses se desarrolla la llamada memoria a corto plazo. Es decir, la capacidad de memorizar y comenzar a utilizar la información memorizada durante un corto tiempo. Esto se relaciona con el aumento y diferenciación celular y de las conexiones sinápticas entre la corteza prefrontal (parte anterior de la corteza frontal) y el hipocampo, como vimos crítico para la memoria, cuyo volumen en esta época de la vida casi alcanza el del adulto. Así mismo,  aparece el temor a las personas extrañas y a las discrepancias, que también coincide con la maduración de una estructura fundamental para las emociones que es la amígdala y con el establecimiento de las conexiones entre dicha estructura y la corteza prefrontal.

El segundo año de vida.

El segundo año de vida se caracteriza por la aparición de 4 competencias cognitivas y psicológicas que dependen en parte de un grupo particular de cambios en el cerebro.

La capacidad de comprender y expresar un lenguaje proposicional coincide con el rápido crecimiento celular de las conexiones en las áreas cerebrales fundamentales para el lenguaje (Broca y Wernike) y también con el rápido crecimiento de células y axones que constituyen una estructura que une ambos hemisferios cerebrales que es el cuerpo calloso. A través del cuerpo calloso se trasmite información perceptual representada en el lado derecho del cerebro en los individuos diestro, tales como objetos, caras, etc., a las estructuras del lenguaje que están en el hemisferio izquierdo. La transmisión de un hemisferio al otro permite que los niños aprendan y comiencen a llamar por su nombre a las personas, los objetos, etc.

En el mismo sentido la habilidad para inferir los sentimientos y pensamientos seleccionados de otras personas se correlaciona con la maduración celular y conexiones dentro de un mismo hemisferio y entre los dos hemisferios de las regiones frontales y parietales donde están representadas las sensaciones somáticas, tales como el distres, que se reconoce porque al verlo desencadena en la persona que lo ve la misma sensación que ya ha aprendido, y las integra con las representaciones que sobre el estado de otras personas yacen en la región frontal y parietal. La representación de las acciones prohibidas, también depende de una eficiente integración entre ambos hemisferios.

Por último, los niños en este período adquieren conciencia de sí mismos, por ejemplo se reconocen cuando se miran en el espejo, muestran signos de orgullo cuando pueden imitar a los adultos y de distres cuando no lo pueden. Esto también depende de la conectividad entre las regiones anteriores y posteriores de un mismo hemisferio cerebral y entre ambos hemisferios, ya que la representación de los sentimientos del niño está esencialmente radicada en el hemisferio derecho y esta información se integra con lo que el niño ha aprendido respecto a su nombre, pensamientos e intenciones representadas primariamente en el hemisferio izquierdo.

Edad de 2 a 8 años.

Las propiedades cognitivas universales emergen después del segundo año, se aceleran entre el quinto y el octavo y alcanzan un “plateau” entre los 8 y la pubertad. Las habilidades que se desarrollan en esta edad incluyen:

  • 1) Integración del pasado con el presente: (usualmente alrededor del cuarto año). Las memorias y representaciones pasadas se activan en forma automática para interpretar el momento presente; aparece la conexión causal entre puntos temporales.
  • 2) Continúan desarrollándose las redes semánticas: la capacidad de aplicar las categorías semánticas a la experiencia influencia la forma en que los niños organizan y recuperan el conocimiento. Por ejemplo, si una lista de 12 palabras que contienen dos categorías semánticas tales como animales o frutas se le lee a los niños de 4 y 7 años, sólo los que se acercan a los 7 años son capaces de agrupar las correspondientes categorías semánticas.
  • 3) La detección de relaciones compartidas entre categorías de eventos: es una competencia importante que emerge después de los 4-5 años.

El cerebro entre los 4 y 8 años de edad obtiene el 90% del peso adulto con el mayor crecimiento de la superficie de la corteza cerebral entre los 2 y 6 años, esto coincide con un mayor consumo de sustancias entre ellas glucosa (azúcar) en las estructuras corticales y subcorticales.

El balance entre el número de sinapsis que se forman y el número que se elimina cambia luego de los 5-6 años a una tasa que favorece esta última. La reducción de las sinapsis excesivas se asume que refleja consolidación de las redes que representan nuevo aprendizaje. La mayor consolidación sináptica se observa en las áreas de asociación, especialmente prefrontal

Adolescencia.

La mayoría de los procesos cognitivos son funcionales a los 8 y 10 años. Sin embargo, la capacidad de pensamientos abstractos, el razonamiento lógico, la planificación y flexibilidad cognitiva aumentan durante la pubertad y los años de adolescencia. El aspecto crucial es la habilidad para detectar contradicciones lógicas o inconsistencia semántica entre creencias o entre emociones, sentimientos y creencias, tales como el reconocer pensamientos desleales en un amigo o la detección de las emociones humanas abstractas.

Los cambios psicológicos y cognitivos se correlacionan con la consolidación sináptica, es decir las conexiones en la corteza prefrontal y la mielinización de los axones que conectan la corteza prefrontal con el resto del cerebro, la inclusión del cuerpo calloso en circuitos comprometidos en cognición social. De hecho, la última región del cerebro en madurar es la parte anterior de los lóbulos frontales que está implicada en cognición social.

Diferentes estudios indican la existencia de múltiples períodos sensibles en los sistemas perceptuales y cognitivos. Los períodos sensibles significan que existen épocas durante el desarrollo cerebral, en las cuales sería más fácil modificar, a través del entrenamiento y aprendizaje, las redes neurales. Es importante enfatizar que aunque no hay duda que existen períodos sensibles para ciertas formas de aprendizaje el efecto de cualquier tipo de programa de entrenamiento que modifica el comportamiento se refleja también en la reorganización de las redes neurales.

Por ejemplo, hay diferentes períodos sensibles para distintos aspectos del procesamiento del habla y otros relacionados con la percepción musical. Así mismo, para el sistema visual se han identificado diferentes períodos sensibles para agudeza, dirección y procesamiento de rostros. En relación a este último, por ejemplo, entre los 6 y 12 meses se establece la especificación cortical y a esa edad las regiones activadas por los rostros parecen reducirse; es decir, el cierre del período sensible para el procesamiento de rostros coincide con el logro de la especialización de esa función.

Gracias a los estudios pioneros con primates actualmente está ampliamente aceptado que aún los sistemas sensoriales primarios pueden ser alterados por experiencias que incluyen el entrenamiento. Las evidencias de plasticidad cerebral durante el aprendizaje son básicas para las aplicaciones a los estudios cerebrales en educación.

El rápido desarrollo de las imágenes funcionales han comenzado a proveer las bases para comprender las diferencias cerebrales entre los distintos individuos tanto anatómicamente como en términos de activación funcional. Las diferencias individuales en la activación funcional pueden evaluarse adecuadamente y se ha observado que el fortalecimiento de la activación de estas redes, particularmente aquellas comprometidas en atención y memoria tienen base genética. Sin embargo, la interacción gen-medio es crucial. Hay evidencias concluyentes que las experiencias educacionales pueden influenciar la anatomía funcional de los niños bajo entrenamiento. Por ejemplo: avances significativos han sido realizados en relación, el entrenamiento de la atención. La atención es un sistema cognitivo particularmente importante para adquirir varias formas de aprendizaje y para regular las propias emociones y el comportamiento. El grupo de Posner examinó el desarrollo de las redes atencionales comprometidas en la autorregulación desde los 4 a los 7 años con la idea de mejorar la atención, para comprobar si los cambios podrían generalizarse a otros dominios cognitivos influenciados por ella y si podrían ser de utilidad   como un componente de la educación preescolar. Los resultados de los estudios sugirieron que el entrenamiento mejora la atención y que la mejoría se extiende a otros aspectos de la inteligencia. Actualmente el mismo grupo esta estudiando cual es el período más sensible para intervenir sobre la atención y sugieren que se adopte el entrenamiento de atención como parte específica del curriculum preescolar. Por otro lado, los estudios de resonancia magnética funcional sobre lectura han demostrado que el entrenamiento produce mayor activación en áreas relacionadas con el sonido de las palabras (fonología) y en aquellas áreas encargadas de unir las letras individuales en palabras. Estudios de comportamiento han demostrado que en la etapa de prelectura, aquellos que son capaces de reconocer similitudes fonológicas, por ejemplo que CASA rima con TASA y que CASA y CAPA comparten el primer sonido se transforman en mejor lectores. Los estudios por imágenes han confirmado que los lectores jóvenes dependen sobre todo de la región temporal posterior superior izquierda, el área que en los adultos es responsable de la decodificación fonológica. La actividad en esta región también es modulada por las habilidades fonológicas en los niños. Los estudios de neuroimagenes en niños con dislexia, aquellos que no aprenden a leer normalmente a pesar de tener una inteligencia normal y adecuada oportunidad educacional, muestran que las áreas en el hemisferio derecho continúan activándose durante la lectura, a diferencia de lo que sucede con los normales que al aprender se desactiva. Estos niños también muestran menos activación en las áreas normales en el hemisferio izquierdo. Cuando se los estimula intensamente a través de habilidades fonológicas y conversión letra-sonido la actividad en las áreas temporal y parietal izquierda pareciera normalizarse, hecho que indicaría la reorganización de las redes neurales. Sin embargo, si bien los niños mejoran, no logran una fluencia normal. Aunque los estudios tampoco indican exactamente cual es el método más efectivo en el aula; el potencial esta allí. A través de los estudios funcionales hoy sería posible identificar tempranamente los niños que podrían tener dificultades posteriores en adquirir la lectura y de esta forma intervenir precozmente para que las redes neurales se reorganicen y prevenir la dislexia mucho antes que el niño concurra a la escuela. Asimismo, se han identificado los circuitos dedicados al procesamiento de los números y el calculo y se ha demostrado que estos circuitos funcionan anormalmente en aquellos niños que tienen déficit en el procesamiento visual y numérico. Al igual que aquellos con dislexia, sería posible también identificar a estos de manera de prevenir las posteriores dificultades durante la etapa escolar.

El éxito en el colegio depende de cuan bien el niño controle su propio comportamiento y se relacione con los otros niños. Las redes neurales y regiones cerebrales comprometidas en la regulación de las cognición social y la emoción son mejor comprendidas y resultados preliminares sugieren que el mismo entrenamiento de la atención puede facilitar la regulación de la emoción ya que parte de estas redes funcionales se superponen.

Los sustratos neurales para el procesamiento emocional también hoy se conocen mejor, aunque todavía no en forma completa. Por ejemplo, es sabido la importancia de la amígdala para la interpretación de las emociones y señales sociales, particularmente a través de la expresión facial. En los adultos el grado de activación de la amígdala se correlaciona particularmente con la intensidad de la expresión facial, por ejemplo del miedo. Los niños con autismo, que tienen un severo trastorno en la cognición social tienen una amígdala de mayor tamaño pero que se activa escasamente ante las expresiones faciales de las personas que lo rodean. El sistema neural que procesa las emociones es anormal desde etapas tempranas en el autismo. Estos niños también tienen menor activación de la región frontal inferior, que está involucrada en la comprensión de los estados emocionales y de las intenciones de otras personas. Actualmente es posible enseñar a los niños con autismo a leer en cierto grado las emociones de otras personas cuando se los estimula precozmente. Investigaciones como estas permiten también estudiar las bases del procesamiento emocional en niños en escuelas normales; por ejemplo, aquellos expuestos a disciplinas severas y abusos físicos en el hogar procesan las emociones en forma diferente a otros niños. Y  posteriormente tienen tendencia a tener trastornos de conducta que hacen que su escolaridad se vea afectada. El control temperamental o emocional inadecuado esta asociado con el retraso en la gratificación, en la empatía y en el desarrollo de conciencia de uno mismo. Aunque hasta el presente los estudios son incompletos parecería que las redes neurales comprometidas en la cognición social en estos casos son anormales, por lo cual a igual que con los otros dominios cognitivos podrían beneficiarse de pautas educacionales precoces y específicas.

La primera evidencia clara de que la interacción social adecuada y temprana es esencial para un desarrollo social normal fue demostrada  por Spitz en 1940. Spitz comparo el desarrollo de niños en orfanatos con el desarrollo de niños que crecían en guarderías al lado de las prisiones en las cuales estaban las madres. Las condiciones generales eran similares. La diferencia radicaba en que aquellos que estaban en las guarderías al lado de las prisiones estaban cuidados por la madre, aunque por tiempo limitado, mientras que los niños en los orfanatos estaban cuidados por enfermeras. Además las guarderías en la prisión eran más abiertas, de manera que los niños podían ver las actividades en otra sala, ver jugar a otros y observar como las madres y el personal desarrollaban su trabajo, mientras que en los orfanatos los niños no podían ver a través de las ventanas claramente y esto reducía el medio en forma dramática; es decir, en los orfanatos vivían en cierta forma en condiciones de deprivación emocional y social. Estos grupos fueron seguidos por varios años; al final del primer año la performance intelectual y desarrollo emocional de los niños en los orfanatos eran menores que la de los cuidados en las guarderías de la prisión. Los primeros desarrollan lo que se llamo hospitalismo; eran retraídos, mostraban poca curiosidad y tenían una tendencia muy marcada a las infecciones. En el segundo y tercer año, los niños en las guarderías de la prisión tenían un desarrollo muy similar a aquellos que crecieron en familias libres, mientras que los del orfanato todavía tenían retraso, particularmente en el habla. Este trabajo fue completado luego en los años 60 con estudios en primates mantenidos en aislación; los monos con los cuales se los mantenían aislados durante 6 a 12 meses, si bien sanos físicamente, se comportaban como autistas, no interactuaban con otros primates, no peleaban, no jugaban y no mostraban ningún interés sexual. Es decir, un período de 6 meses de aislación social durante los primeros 18 meses de la vida producía trastornos persistentes y serios en el comportamiento. En comparación, el aislamiento de animales adultos por un período comparable no tenía consecuencias tan dramáticas.

Los avances recientes han resaltado la interrelación entre las funciones cognitivas y emocionales que tienen el potencial de revolucionar nuestra comprensión del aprendizaje en el contexto escolar. En particular, las conexiones entre la toma de decisiones, funcionamiento social y razonamiento moral parecieran ser básicas para la comprensión del rol de las emociones en la toma de decisiones, de la relación entre aprendizaje y emoción, en como la cultura modela el aprendizaje y, en última instancia, el desarrollo de la moralidad y la ética humana. Todos estos son tópicos de fundamental importancia para los educadores ya que ellos trabajan para preparar estudiantes hábiles, informados y éticos que puedan navegar como ciudadanos en los desafíos sociales, morales y cognitivos del mundo actual. La biología moderna revela que los seres humanos somos esencialmente criaturas emocionales y sociales y las evidencias neurobiológicas sugieren que los aspectos de la cognición a los cuales se les da mayor importancia en las escuelas, llámese aprendizaje, atención, memoria, toma de decisiones y funcionamiento social están todos bajo la influencia y dentro del proceso de las emociones, el así llamado pensamiento emocional. Los pacientes con daño en la parte anterior del cerebro (la corteza prefontral ventromedial) tienen comprometido el comportamiento social, son indiferentes a las consecuencias de sus acciones, insensibles a la emoción de otros e incapaces de aprender de sus errores. Estos pacientes violan las convenciones sociales y aún las reglas éticas, no muestran vergüenza cuando es debido y no se muestran comprensivos con aquellos que así lo esperan o lo han recibido en el pasado. A pesar de tener un C.I. normal estos pacientes  son incapaces de tomar decisiones adecuadas, no se desenvuelven apropiadamente en su trabajo a pesar de que tienen las habilidades suficientes, hacen malos negocios a pesar de conocer los riesgos que están en juego, pierden sus ahorros y eligen los socios inapropiados en toda clase de relaciones. ¿Porqué estos pacientes que tienen comprometido la conducta social también realizan malas decisiones en temas aparentemente puramente racionales tales como una inversión en negocios? La respuesta es que diversos aspectos emocionales, incluyendo una disminución de las reacciones emocionales en general, así como un compromiso específico de las emociones sociales tales como compasión, vergüenza y culpa están afectadas. El razonamiento lógico y el conocimiento pueden estar intactos pero los pacientes son incapaces de usar el conocimiento emocional para guiar los procesos de razonamiento, más aún son incapaces de aprender acerca de las repercusiones emocionales de sus decisiones o responder emocionalmente a la relación con sus asociados sociales. El razonamiento esta afectado porque las consideraciones emocionales y sociales que subyacen a un buen razonamiento están comprometidas. Cuando el daño prefrontal se produce tempranamente en la infancia los niños se desarrollan cognitivamente normal en el sentido tradicional del coeficiente intelectual y son capaces de usar el razonamiento lógico y el conocimiento fáctico  para resolver los problemas académicos planteados en las aulas. Sin embargo, estos niños nunca aprenden las reglas que gobiernan el comportamiento social y moral y rápidamente se descubre que tienen un comportamiento psicopático y tendencias antisociales; desconocen y transgreden las reglas sociales y eticas; sufren lo que ha sido llamado la perdida del timón emocional. Sin la habilidad para manipular las situaciones y poderlas marcar como positivas o negativas desde un punto de vista afectivo, estos niños no aprenden el comportamiento social normal, pierden la capacidad de tomar decisiones adecuadas y son insensibles a las respuestas de los otros a sus acciones. Estos niños fallan en responder a los educadores y a los intentos de los educadores u otras personas de enseñarles un comportamiento normal. Sin el acceso adecuado a un control emocional, social y moral, elementos cruciales de la cultura, el aprendizaje escolar no puede trasladarse efectivamente al funcionamiento en el mundo real. Más aún, la capacidad de tomar decisiones éticas que representan el pináculo del logro cognitivo y emocional humano esta comprometida. De esta forma, la toma de decisiones éticas está íntimamente relacionada en un contexto cultural a la emoción, razonamiento, creatividad y funcionamiento social. En el mundo real las funciones cognitivas trabajan al servicio de los objetivos que regulan la vida implementados por la maquinaria emocional; los pensamientos y sentimientos son evaluados dentro de un contexto sociocultural y son básicos para ayudarnos a sobrevivir y desarrollarnos en un mundo social cada vez más complejo. Por lo tanto, el estudio de las emociones, creatividad y cultura es oportuno para las colaboraciones interdisciplinarias entre los educadores, neurocientíficos y psicólogos. Cuando los educadores fallan en apreciar la importancia de las emociones en los estudiantes, fallan en apreciar una fuerza crítica en el aprendizaje de ellos. Tal cual sucede con los niños y adultos con daño prefrontal el conocimiento y razonamiento divorciado de las implicancias emocionales y aprendizaje son faltantes en significado y motivación y son de poco uso en la vida real; que adquieran conocimientos no implica que sean capaces de usarlos en forma adecuada fuera de las aulas.

Aunque los avances en las últimas décadas han sido importantísimos; quedan aún muchas preguntas sin resolver, por ejemplo: 1) ¿cómo los fenómenos cognitivos emergen realmente de la actividad cerebral? 2) ¿cómo la experiencia influencia el crecimiento cerebral? 3) ¿cuál de las experiencias acelera y cuáles retardan la emergencia de determinadas funciones cognitivas una vez que el cerebro ha alcanzado el nivel apropiado de crecimiento? 4) ¿son las imágenes funcionales la metodología ideal para detectar defectos cognitivos y emocionales precozmente en los niños, que permitan un tratamiento más eficaz? 5) ¿cuánto tiempo es necesario intervenir para que la modificación de las redes neuronales sea efectiva y definitiva y cuán ampliamente puede generalizarse?. El conocer estas respuestas es crucial para poder adaptar y consolidar la educación emocional, social y espiritual de los niños en determinadas etapas de su desarrollo, aunque sin duda luego se fortalecerán a lo largo de toda la vida.

“Como el entomólogo a la casa de mariposas de vistosos matices, mi atención perseguía, en el vergel de la sustancia cerebral células de formas delicadas y elegantes, las misteriosas mariposas del alma, cuyo batir de alas quien sabe si esclarecerá algún día el secreto de la vida mental” (Santiago Ramón y Cajal, 1923).

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