NUESTRA INFANCIA VIVIÓ ASÍ. Por Julián Gómez del Castillo

Epílogo al libro “Iqbal Masih, cuando la juventud lucha por la justicia” (Ediciones voz de los Sin Voz)

Por Julián Gómez del Castillo

Cuando hoy nos dicen que hay 300 millones de niños esclavos, que a algunos de ellos las mafias correspondientes los asesinan, nos sucede como cuando nos indican que el 80% de la población mundial pasa hambre o que hay 90 millones de niños callejeros que se ven acosados y, no pocos de ellos muertos por las mafias de grandes centros comerciales,  que en forma de policía privada  los asesina  en cuanto entran en el terreno que se encuentra a 100 metros del centro comercial correspondiente.

Todas estas noticias, que hasta dejan de ser noticias  porque suceden cualquier día del año, no sólo suceden en el llamado  Tercer Mundo de hoy, sino que no hace muchos años sucedían en España. Hemos conocido niños  que a los ocho años trabajaban la tierra en Granada y, después de tres meses de trabajo, el SEÑORITO se negaba a pagar las 135 ptas., a que se había comprometido por los tres meses. Y ésto sucedía en 1934. Hemos conocido a niños de 6, 8, 10 años de limpiabotas. Hemos jugado con criaturas de 11 a 12 años cansados, a esa edad, de subir al andamio todos los días del año por dos pesetas diarias. Recordamos haber trabajado a los 13 años, por la comida y el vestido, 14 horas diarias en un obrador de confitería.

España ha sido Tercer Mundo hasta mediados de los cincuenta. Llamábamos canallas, en la primera mitad de los cuarenta, a Hitler y Mussolini porque en medio de jornadas laborales como las señaladas, obligaron a Franco a pagar los “servicios” que le habían hecho en la Guerra Civil, a costa de más hambre para el pueblo español. Fueron los llamados “años del hambre ” en nuestra posguerra, cuando la geografía española se llenó de sanatorios antituberculosos y mas del 50% de las familias trabajadoras españolas tenían un hijo con esa enfermedad.

Buena parte de los niños no jugábamos. Unos, trabajábamos, otros, organizaban pandillas y robaban; las consecuencias eran claras: si los atrapaban, palizas hasta dejarlos sin conocimiento, si escapaban, felices, habían comido.

¿Por qué no se llevan estas cosas a nuestras escuelas actuales, a nuestro cine y teatro, a nuestra literatura, etc.? Recordamos la última escuela a la que asistí, en la  Acera del Darro, en Granada, más de 90 niños para un maestro; a la hora  de comer, más de la mitad a robar a la Vega, el resto… algunos comíamos. Nunca el maestro nos explicó una lección;  los más adelantados, enseñaban a un grupo de 8 o 10: el profesor, leía la prensa.

La habilidad de los niños que pasaban hambre era excepcional. Su madre ponía unas cuantas berzas con mucha agua y un trocito de carne para el marido: cuando estaba cociendo, uno de los hijos – ninguno iba a la escuela- quitaba la tapadera y cogía la carne. Siempre que se lo vi hacer, acertó a la primera.

La explotación de la infancia ha sido un hecho no lejano en España. Las emigraciones 1940-1956 desde Andalucía, Murcia, Extremadura, las Castillas, Canarias y Galicia hacia Euskadi, Madrid, Valencia, Asturias y Cantabria pueden hablar de las dos Españas, la primera enriqueciendo a la segunda, para que ésta les recuerde que lo que deben hacer es agradecérselo. “¡Os hemos dado trabajo!” ¿Acaso nuestros barrios de emigración no eran, hasta físicamente, similares a las “favelas ” brasileñas? ¿No recuerdan estas barriadas en Langreo, Cantabria con su ”barrio de Venecia “; Bilbao, con su Ocharcoaga; Madrid y su “Pozo del Tío Raimundo”, etc, al Tercer Mundo actual?

Y en el campo, nuestra frontera con Portugal, o la zona del Alto Duero, o gran parte de Aragón, o la Andalucía latifundista y señorita.

Si, amigos jóvenes. La España Tercer Mundo, está a la vuelta de nuestra esquina histórica. Conocimos los mayores que vivimos hoy la España de mayoría rural de los 20 y 30: “los años del hambre” de los 40: el lento remontar de los 50 y las millonarios emigraciones a Europa y Australia. Ahora, la sociedad postindustrial anuncia  otro endurecimiento con el 50% de la  población mundial afectada por el paro.

La historia de Iqbal Masih se seguirá multiplicando. El capitalismo sosteniéndose en la economía de mercado, ya tiene el 50% de nuestra juventud en paro: el remedio, para muchos, la economía sumergida y,  dentro de ella, las relaciones laborales salvajes, sin horizonte, etc.

Los niños y los jóvenes, también bichamos como Iqbal Masih, en medio de aquella explotación y, no pocos, murieron. El imperialismo  capitalista actual también esclaviza y oprime cada día más duramente.

Como Iqbal Masih, como nuestros antecesores, preparémonos para luchar desde la no violencia activa. La agresión contra la infancia continúa.

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