Formas (literarias) de fomentar la creatividad de los niños

 Blog Creatividad niños. Niña escribiendo en el suelo con tiz

El escritor, profesor, pedagogo y cuentista italiano Gianni Rodari nos legó en su Gramática de la fantasía una suculenta herencia creativa. Donde otros quisieron generar una Lógica, él persiguió una Fantástica. Su encendida defensa de la creatividad sigue siendo fuente de inspiración -y de disfrute- para educadores del mundo entero.

Os proponemos 5 ejemplos para conseguir que los niños, en las aulas o en casa, echen al vuelo su capacidad de crear. Historias, por supuesto. Y por tanto literatura. Pero también cualquier otra cosa, porque Rodari era partidario de aplicar la creatividad a todas las áreas de la vida.

Si os saben a poco, el doctor en Literatura y narrador oral Ignacio Ceballos imparte un curso online en la Escuela de Humanidades de la Universidad Internacional de La Rioja que os dará las claves para convertir a los niños en contadores de historias.

1.- Aliarse con el error

Rodari lo llama “error creativo”. En lugar de señalarlo como un fracaso, como un problema, ¿por qué no darle la vuelta al error y aprovecharlo para crear una historia? Por ejemplo, si un niño escribe “las ballenas se casan” en lugar de “las ballenas se cazan”, invitémosle a él y a los demás a imaginar por qué se casan las ballenas, cómo es su historia de amor, cómo es la “ceremonia”. La carga negativa de una equivocación quedará neutralizada. “Reírse de los errores es un modo de superarlos”, escribió Rodari.

2.- La poesía del recorte

Tijeras, periódicos y revistas en mano, podemos jugar físicamente con las palabras al tiempo que lo hacemos intelectualmente. Surgen así poemas inesperados. Es buena idea invitar al azar a la fiesta, para que los textos resultantes sean lo más impactantes posible. Un titular de aquí, una frase de allá, y nos podremos zambullir en el absurdo (los niños lo adoran) e incluso en el surrealismo. Un ejemplo:

Una modernidad inexplicable

Será de tres euros

Se opone ahora al mecanismo

No olvidemos que el proceso, el camino, es el sentido. El producto resultante es lo de menos.

 3.- Construir adivinanzas

Imaginación y lógica se unen en las adivinanzas. Hay que empezar estableciendo cierta distancia con un objeto, lograr lo que Rodari llama el “extrañamiento”, describiendo dicho objeto como si nunca lo hubiéramos visto antes. Este momento es muy importante, porque de él se derivarán las metáforas más atractivas.

Por ejemplo, si hablamos de un bolígrafo, podríamos describirlo como un tubito de plástico con punta que va dejando una línea oscura sobre el papel.

Es la hora de introducir los mecanismos de la asociación y la comparación. Así, el papel podría ser cualquier superficie clara. Un campo nevado, por ejemplo. Y la línea oscura un sendero, un camino.

En tercer lugar se genera la metáfora final. El boli sería algo que crea un sendero oscuro sobre un campo blanco. Si vamos a por nota, un toque de misterio, un acabado más literario, y lista la adivinanza: “Sobre un campo blanco traza un sendero negro”.

4.- Inventar un cuento a partir de cuentos

Un cuento da mucho juego. Puede ser la materia prima para crear otros. Los de toda la vida se pueden mezclar, confundir, modificar, fusionar… Caperucita se puede topar en el bosque con los siete enanitos e ir a merendar con Ricitos de Oro y los tres osos. Se puede introducir un elemento extraño en un cuento clásico. Como un helicóptero en el de Caperucita ¿Amarilla?

Eso sí, para modificar un cuento, nos aconseja Rodari, hay que esperar a que el niño esté cansado de él. A priori no les gusta que se cambie una historia, quieren escucharla siempre de la misma forma. Cuando esa etapa se ha superado, puede ser el momento de ayudarles a desechar ideas fijas y a ser menos rígidos con esta técnica.

Como dijo Rodari “Un experimento de invención es bello cuando divierte a los niños que lo realizan, aunque para llegar a este fin (el niño es el fin) se infrinjan las reglas de ese mismo juego”.

5.- El prota eres tú

 – ¿Yo?

– Sí, tú.

– ¿Pedro, yo?

– Sí, Pedro, tú. Es un niño que vive en Alcorcón y que tiene una tortuga que se llama Matilde…

Colocar al niño en el centro de la historia supone que su interés por lo que pasa aumenta de inmediato. Convenientemente salpicada de referencias personales reconocibles por el niño, la historia le ayudará a imaginarse a sí mismo, y por tanto a conocerse mejor. Todo lo que intentemos hacer llegar al niño envuelto en su propia aventura le llegará de una forma mucho más efectiva.

Más ideas en Gramática de la fantasía. Introducción al arte de contar historias, de Gianni Rodari, y en el curso Cómo hacer que los niños sean autores de la Escuela de Humanidades de UNIR.

Publicado por: María Gil. Escuela de Humanidades de UNIR

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