“Medio pan y un libro” de García Lorca

El profesor de Maristas Luis Landa reflexiona sobre la importancia de los libros y de cultivar la cultura. Para ello, se basa en un discurso de García Lorca donde reivindicaba la necesidad de que la persona se empape de la cultura y del saber.


Hablar de García Lorca es referirse a un poeta y dramaturgo con una personalidad arrolladora, sin olvidar su vitalidad y simpatía que chocan con el dolor y la imposibilidad de vivir, debido a la frustración y sentimiento trágico de la vida, que predicen su fatal destino. En los poemas se aprecia la fusión de lo culto y popular.

En los primeros libros Canciones (1921) y Poema del Cante Jondo (1924), así como en Romancero gitano (1928), expresa el sufrimiento de vivir a través de los personajes, resaltando en los versos a los marginados y perseguidos. Su estancia en Nueva York le provoca tal aflicción que sus palabras expresan desgarrados gritos de dolor y violenta protesta por las injusticias sociales y por el maltrato de las personas de color.

Por otra parte, en el teatro de Lorca se aprecia también la angustia y los problemas sociales del pueblo llano, así como la baja condición de la mujer (Mariana Pineda, Doña Rosita la soltera o La Casa de Bernarda Alba).


Sin embargo, para García Lorca, las reivindicaciones sociales no están reñidas con la defensa de la cultura. Es interesante leer la disertación pronunciada en su pueblo de Fuente Vaqueros –septiembre de 1931- al inaugurar la biblioteca con el título: “Medio pan y un libro”.

El escritor reconoce que si estuviera hambriento en la calle, no pediría un pan, sino medio pan y un libro. “Yo ataco desde aquí a los que solamente hablan de reivindicaciones económicas sin nombrar jamás a las culturales, que los pueblos piden a gritos. Bien está que todos los hombres coman, pero también que todos los hombres sepan. Yo tengo mucha más lástima de un hombre que quiere saber y no puede, que de un hambriento”.


En su alocución, sigue justificando que el hambre se puede calmar con un mendrugo de pan, por el contrario la persona con ansia de saber y sin medios para alcanzarla le produce una grave agonía, porque está sediento de adquirir conocimientos. El granadino pide a gritos: libros, libros y más libros. Insta, exige a los pueblos que pidan bibliotecas a las autoridades, así como piden alimentos o solicitan agua para sus campos.


El poeta andaluz continúa su discurso citando al escritor ruso Dostoiesvski, ya que, encontrándose en la cárcel en las interminables llanuras heladas de Siberia, solicitaba a su familia por carta que le enviaran libros, muchos libros para que su alma no falleciera de hambre de cultura. García Lorca justifica al novelista ruso afirmando: “Tenía frío y no pedía fuego, tenía sed y no pedía agua; solicitaba libros, es decir, horizontes, escaleras para subir la cumbre del espíritu y del corazón. Porque la agonía física dura poco, sin embargo la agonía del alma insatisfecha dura toda la vida”.


El discurso del de Fuente Vaqueros, a pesar de haber transcurrido ocho décadas, sigue vigente en el inicio de este siglo XXI. Las prisas, las múltiples ocupaciones y la superficialidad de nuestras ideas impiden parar el tiempo, hacer un hueco en la vida y dedicar unos minutos diarios a la reflexión, a la lectura y a rumiar todo lo que penetra por los sentidos. Para vivir es importante asegurar nuestra economía, pero también es fundamental alimentar el espíritu de contenidos y valores sólidos, plasmados en los distintos ámbitos sociales y en los libros, de modo que enriquezcan nuestro bagaje cultural y nuestra personalidad. Así podremos contribuir a formar parte de una sociedad más justa, solidaria y comprometida con el entorno.


Federico García Lorca concluye su exposición de forma clara: “El lema de la República debe ser Cultura. Cultura porque sólo a través de ella se pueden resolver los problemas en que hoy se debate el pueblo llano repleto de fe, pero falto de luz”.


Luis Landa El Busto

Licenciado en Historia y profesor



DISCURSO DE FEDERICO GARCÍA LORCA AL INAUGURAR LA BIBLIOTECA DE SU PUEBLO.


Medio Pan y un Libro.

Locución de Federico García Lorca al Pueblo de Fuente de Vaqueros (Granada). Septiembre 1931.


“Cuando alguien va al teatro, a un concierto o a una fiesta de cualquier índole que sea, si la fiesta es de su agrado, recuerda inmediatamente y lamenta que las personas que él quiere no se encuentren allí. ‘Lo que le gustaría esto a mi hermana, a mi padre’, piensa, y no goza ya del espectáculo sino a través de una leve melancolía. Ésta es la melancolía que yo siento, no por la gente de mi casa, que sería pequeño y ruin, sino por todas las criaturas que por falta de medios y por desgracia suya no gozan del supremo bien de la belleza que es vida y es bondad y es serenidad y es pasión.


Por eso no tengo nunca un libro, porque regalo cuantos compro, que son infinitos, y por eso estoy aquí honrado y contento de inaugurar esta biblioteca del pueblo, la primera seguramente en toda la provincia de Granada. 


No sólo de pan vive el hombre. Yo, si tuviera hambre y estuviera desvalido en la calle no pediría un pan; sino que pediría medio pan y un libro. Y yo ataco desde aquí violentamente a los que solamente hablan de reivindicaciones económicas sin nombrar jamás las reivindicaciones culturales que es lo que los pueblos piden a gritos. Bien está que todos los hombres coman, pero que todos los hombres sepan. Que gocen todos los frutos del espíritu humano porque lo contrario es convertirlos en máquinas al servicio de Estado, es convertirlos en esclavos de una terrible organización social.


Yo tengo mucha más lástima de un hombre que quiere saber y no puede, que de un hambriento. Porque un hambriento puede calmar su hambre fácilmente con un pedazo de pan o con unas frutas, pero un hombre que tiene ansia de saber y no tiene medios, sufre una terrible agonía porque son libros, libros, muchos libros los que necesita y ¿dónde están esos libros? 


¡Libros! ¡Libros! Hace aquí una palabra mágica que equivale a decir: ‘amor, amor’, y que debían los pueblos pedir como piden pan o como anhelan la lluvia para sus sementeras. Cuando el insigne escritor ruso Fedor Dostoyevsky, padre de la revolución rusa mucho más que Lenin, estaba prisionero en la Siberia, alejado del mundo, entre cuatro paredes y cercado por desoladas llanuras de nieve infinita; y pedía socorro en carta a su lejana familia, sólo decía: ‘¡Enviadme libros, libros, muchos libros para que mi alma no muera!’. Tenía frío y no pedía fuego, tenía terrible sed y no pedía agua: pedía libros, es decir, horizontes, es decir, escaleras para subir la cumbre del espíritu y del corazón. Porque la agonía física, biológica, natural, de un cuerpo por hambre, sed o frío, dura poco, muy poco, pero la agonía del alma insatisfecha dura toda la vida. 


Ya ha dicho el gran Menéndez Pidal, uno de los sabios más verdaderos de Europa, que el lema de la República debe ser: ‘Cultura’. Cultura porque sólo a través de ella se pueden resolver los problemas en que hoy se debate el pueblo lleno de fe, pero falto de luz.

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