La Cecilia, una escuela distinta

A pocos minutos de Santa Fe, en Monte Vera, existe un establecimiento de educación alternativa que busca incentivar el interés del chico y potenciar sus capacidades. Su propuesta, para nada convencional, está basada en principios democráticos y de libertad.

Una escuela que no se parece en nada a una escuela. Más bien se asemeja a una estancia campestre rodeada de mucha vegetación, pájaros trinando y las hojas de los árboles sacudiéndose con la brisa otoñal. Un paisaje idílico. Los chicos de la primaria se bajan del transporte escolar o son acompañados por sus padres. Los adolescentes del secundario descienden en malón del colectivo de línea, riendo, hablando y haciéndose bromas. No suena la campana llamando a clases, no hay izamiento de bandera ni formación en línea.

Los chicos se quitan las zapatillas y entran descalzos al salón de usos múltiples. Afuera queda el reguero de calzados, que regala una singular postal al foráneo. En la sala alfombrada, se van sentando como “chinito” para iniciar los 15 minutos de meditación. Los adolescentes logran entrar en clima rápidamente; los pequeños demoran un poco más pero de a poco terminan cautivados por el silencio.

Así arranca una jornada escolar en la Escuela de la Nueva Cultura “La Cecilia”, ubicada por la ruta provincial Nº 5, en el distrito de Monte Vera, a minutos de la ciudad de Santa Fe. “La idea del morning meeting o quiet moment es que los alumnos bajen un cambio, que se olviden del trajín del colectivo y de los problemas hogareños, y se pongan en sintonía con un ambiente escolar calmo”, explica Ginés del Castillo, representante legal y artífice de la escuela junto a su esposa Cecilia, quien inspiró el nombre de este establecimiento educativo para nada convencional.

Hace más de 20 años, Ginés -un técnico electromecánico especialista en estación transformadora- estaba inconforme con la educación tradicional que recibían sus hijos y quería otra cosa para el menor de ellos. “Por entonces, éramos varios los que compartíamos una postura crítica sobre el sistema educativo convencional. Considerábamos que no respondía a las necesidades de desarrollo humano y que tenía elementos nocivos, entre ellos, que les quitaba la creatividad y la iniciativa a los chicos”, cuenta Ginés, que decidió embarcarse en un proyecto ambicioso.

DE LA IDEA A LOS HECHOS

Un día el matrimonio transitaba por esa ruta y vio el cartel de venta de dos hectáreas. Sintió que la escuela que tenía en mente se merecía un sitio así, con mucho verde y aire puro, así que se arriesgó, compró el predio y se fue a vivir a la casa que había en el lugar.

En marzo de 1991, Ginés y Cecilia contrataron a una maestra jardinera e iniciaron las actividades educativas en una pequeña salita acondicionada. Comenzaron apenas con dos alumnos -su hijo y el de un amigo-, pero para fin de año ya había 15 chicos, así que arrancaron con los trámites ministeriales para la apertura de una sección de preescolar.

La Cecilia fue creciendo y de aquellos dos alumnos de un inicio, hoy tiene 110 chicos en total: 15 de nivel inicial, 35 del primario y 60 del secundario. Es una institución avalada por el Ministerio de Educación de la provincia para funcionar como una escuela privada autorizada, es decir, que cumple con los requisitos pedagógicos exigidos y entrega los certificados oficiales.

“Hubo mucha resistencia y dudas sobre nuestro proyecto en un principio. Por suerte, ahora nos conocen y esa oposición ya no es tal”, asegura Ginés.

PROPUESTA DIFERENTE

El proyecto educativo no es para todos. De partida, las familias que envían a sus hijos a La Cecilia deben compartir el tipo de filosofía que propone esta escuela democrática, donde las relaciones son más horizontales, la enseñanza está centrada en el alumno, y se trabaja con un concepto de “libertad interior”, sin condicionamientos. Y donde el contacto con la naturaleza se transforma en una herramienta pedagógica indispensable.

El padre que envía a su hijo a La Cecilia debe aceptar, por ejemplo, que la cantina es vegetariana, que no hay banderas ni actos patrios, que no se toman exámenes, que los grados y cursos son agrupamientos flexibles y que los adolescentes eligen las materias que quieren hacer ese día, entre otras particularidades.

Los chicos y adolescentes la describen así: “Acá podemos hacer lo que nos gusta”. “En mi anterior escuela estudiaba de memoria y ahora si me preguntás no sé nada; acá en cambio todo lo que damos me lo acuerdo”. “Es una escuela distinta y puedo desarrollarme en la música y la matemática que es lo que a mí me interesa”. “No rendimos exámenes y eso ¡está copado!”. “¿Sabías que acá somos personas importantes?”. “Los profes son como uno más de nosotros y, si les das una idea, la toman”.

ORGANIZACIÓN Y DIDÁCTICA

La escuela trabaja con un modelo de “agrupamientos flexibles” y “aulas abiertas”. Esto significa que los alumnos están agrupados de acuerdo a sus necesidades de aprendizajes, a sus intereses y afinidades socioafectivas, y no necesariamente por edades. “Tenemos chicos de 1ro y 2do grado juntos, y en la secundaria es más notable la heterogeneidad de las aulas porque suelen venir chicos repetidores de otras escuelas”, dice Ginés.

Se intenta evitar el encasillamiento y la restricción de la educación tradicional y funcionar más bien como lo hace la universidad, dándole a los estudiantes la posibilidad de elegir “a la carta” las actividades de estudio. “En el nivel secundario, uno les ofrece las actividades en un menú del día -matemática, lengua, biología, sociales-, y el chico elige. Un alumno puede ser disléxico y no ser bueno escribiendo pero hablando puede ser excelente, así que en vez de lengua va al taller de radio donde genera textos y maneja el lenguaje”, grafica el responsable de la escuela.

En La Cecilia también hay un Atelier de artes plásticas, se enseña música y se cuenta con talleres diversos, por lo que atrae a muchos chicos involucrados con el arte.

“Nosotros trabajamos con los puntos fuertes de los chicos. Nuestra política es ayudarlos a que se conozcan a sí mismos, descubran sus intereses y capacidades, las desarrollen, y luego vean cómo hacer de eso un medio de vida, sin perder de vista el sentido social. Ése es nuestro enunciado completo de propósitos educativos”, cierra Ginés.

Sólo si escuchamos podremos aprender. Y escuchar es un acto de silencio; sólo una mente serena pero extraordinariamente activa puede aprender.

Los estudiantes tienen asambleas los viernes donde se discuten los temas y dificultades que hubo en la semana, aunque si hay algo que resolver en forma urgente, los propios chicos piden reunirse en cualquier momento del día.

 

SIN EXÁMENES

Los alumnos son evaluados en forma permanente pero no tienen pruebas. Ginés asegura que rendir un examen a edades tempranas le produce al chico un “sufrimiento psicológico que le deja marcas”. Y sostiene que no es un impedimento para el futuro rendimiento universitario.

LAS AULAS

Están diseñadas como “viviendas”, y son espacios agradables con dimensiones adecuadas para grupos de 10 o 15 niños y jóvenes, que es la cantidad de alumnos que se disponen por sección.

NO AL ALCOHOL

La escuela es vegetariana, pero en sus casas los alumnos pueden comer carne. Con el alcohol y el cigarrillo, en cambio, la restricción se extiende al exterior. Por eso mismo, también se insta a los adolescentes a no ir a los boliches, donde las bebidas alcohólicas y otras sustancias están al alcance de la mano. “Trabajamos sobre la formación del carácter de los alumnos”, fundamenta Ginés.

Ginés del Castillo y su esposa Cecilia Hace más de 20 años se enamoraron de ese predio rodeado de naturaleza y se animaron a crear su propia escuela. Ginés apareció en la película documental “La educación prohibida”.

Los alumnos arrancan la mañana haciendo 15 minutos de meditación (Morning meeting) para empezar la jornada escolar en calma. Antes, se sacan las zapatillas y las dejan en la galería.

Principios filosóficos de la escuela

DE DEMOCRACIA Y LIBERTADES

La educación en libertad y en contacto con la naturaleza fueron los pilares fundantes de La Cecilia. Con el tiempo, fue adhiriendo a los principios de las Escuelas Democráticas y de las Escuelas Krishnamurti, que aportaron sus fundamentos filosófico-pedagógicos al proyecto.

“Nuestra escuela se inscribe dentro de los movimientos de escuelas democráticas que hay en el mundo. En Argentina somos la única escuela inscripta. Esto implica un funcionamiento no autoritario, donde las decisiones se toman entre todos y hay asambleas. No existe eso del profesor que está arriba de un pedestal y no se lo puede cuestionar”, explica Ginés del Castillo.

Según el responsable de La Cecilia, la educación que se imparte allí está centrada en el alumno. “En el sistema tradicional estamos acostumbrados a que el centro de la enseñanza-aprendizaje sea el docente, que entra al aula y ya sabe qué es lo que va a dar. En cambio aquí, el docente entra al aula y trabaja en base a las necesidades del alumno”, sostiene el creador de la propuesta.

Claro que no todos los profesores se adaptan al sistema y algunos han durado un par de horas y no regresaron jamás. “Recuerdo a una profesora de Inglés reemplazante que cuestionaba por qué los alumnos no pedían permiso para ir al baño. ¿Es que acaso en su casa deben hacerlo?”, pregunta Ginés.

La Cecilia también se inspira en las enseñanzas de Jiddu Krishnamurti, nacido en India y considerado uno de los grandes filósofos de los tiempos modernos, un religioso sin religión, además de orador, escritor y educador. “Sus enseñanzas complementan el sentido de Escuela Democrática pero en un aspecto superior, donde la libertad ya no es simplemente la ejercida en democracia sino que es una libertad interior. Se entiende que para ser libres no sólo hay que evitar las restricciones externas, sino también las internas -sostiene Ginés-. A un adolescente uno lo puede dejar en libertad pero ¿quién lo maneja?: la moda, las tribus urbanas, la publicidad. Ese condicionamiento tiene que poder ser visto por los chicos”.

El proyecto incluye Talleres de Autoconocimiento, dictados por el propio Ginés, donde se discuten los temas de interés de los alumnos. “Acá tratamos de ver la parte del problema que está dentro de uno. Es decir: qué me genera a mí ese problema. Un poco lo que dice el biólogo chileno Maturana con su concepto de ‘autopoiesis’: que todo lo que ocurre dentro de uno es de acuerdo a las estructuras que cada uno tiene; entonces de lo que se trata es de poder modificar esas estructuras”.

“LAMERSE LAS HERIDAS”

A la secundaria de La Cecilia llegan tanto adolescentes que eligen la propuesta por convicción como otros que fracasaron en el sistema educativo tradicional: repetidores, disléxicos, alumnos con déficit de atención o problemas de conducta. “Acá consideramos que la indisciplina del chico es un emergente de un padecimiento interno. Quizá fue maltratado en su anterior escuela con notas bajas, repitencias o de otras formas que a veces no se pueden creer”, dice Ginés del Castillo.

Cuando un adolescente llega a La Cecilia, “lo primero que hacemos es dejarlo un tiempo en paz, que se amolde, se acostumbre a otro trato. En general, con eso solo ya funciona. Nosotros le llamamos un proceso de lamerse las heridas, como hace un animal herido que se pone en un rincón y se lame. A veces ese chico es más renuente a ir a actividades de aprendizaje porque viene de una escuela que le hizo odiar la matemática, por ejemplo, y le lleva un tiempo volver a retomar esa clase”.

TEXTOS. MARIELA GOY (mgoy@ellitoral.com). FOTOS. FLAVIO RAINA

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