El hogar de acogida “Masaka Kids” (El de LA COREOGRAFÍA DE JERUSALEMA)

El hogar de acogida Masaka Kids, en Uganda, es un ejemplo de superación gracias a las coreografías de los niños huérfanos, una de ellas se ha hecho ahora viral

No importa si el abrasador sol de Uganda pega hoy con más fuerza que ayer, Namibiru Nabirah y Kigundu Emmanuel siguen bailando. Ajenos a la fama que tienen sus luminosos ritmos y movimientos, sus pies descalzos danzan con energía en el patio del orfanato Masaka Kids Africana. Es allí, a pocos kilómetros del lago Victoria, donde estos dos niños huérfanos, de siete y ocho años, han aprendido a curar su doloroso pasado con cabriolas sobre el suelo de barro. Para ellos y para los otros 22 jóvenes que viven en este hogar de acogida, la música y el baile se han convertido en su mejor terapia. Una filosofía de vida que está dando la vuelta al mundo gracias al reto #JerusalemaChallenge que viralizó la coreografía que Namibiru y Kigundu crearon para esta canción.

Su contagioso baile parece asentar su éxito en algo mucho más evocador que el capricho de los algoritmos que rigen qué se hace viral, o no, en las redes sociales. Sus cuerpos no solo se mueven siguiendo el compás de Jerusalema, también bailan al son de lo que esta canción inspira en ellos y en millones de personas. Compuesta por los artistas sudafricanos Master KG y Nomcebo Zikode, detrás de la calidez del groove y la melodía pegadiza de esta canción hay un estallido orgulloso de sus raíces africanas y un mensaje esperanzador. Interpretada en el idioma bantú de venda, la lengua materna de Master KG, este canto góspel al que se alimenta de un loop repetitivo, habla sobre la acogida y el refugio de los desamparados. Un desempeño que, aunque en su letra se materializa con la palabra Jerusalema (Jerusalén), puede ser interpretado como un himno más allá de la mística religiosa que tiene esa ciudad.

Namubiru Nabirah (izquierda) y Kigundu Emmanuel, dos de los niños del centro de acogida Masaka Kids.
Namubiru Nabirah (izquierda) y Kigundu Emmanuel, dos de los niños del centro de acogida Masaka Kids.MASAKA KIDS

Detrás hay una dedicación a la danza que va mucho más allá del entretenimiento. A través del baile, estos jóvenes “crean sueños”, como puede leerse en su página web, y avanzan dejando atrás experiencias dolorosas. La mayoría de ellos fueron abandonados cuando eran muy pequeños. Un dato que no sorprende en uno de los países con el mayor número de huérfanos del mundo (más de 2,4 millones de niños). Fue el caso de Namubiru, rescatado de un cubo de basura, y de Kigundu Emmanuel al que encontraron deambulando en la ciudad de Kampala cuando solo tenía dos años

Hoy la vida de estos pequeños es muy diferente gracias al impulso de Masaka Kids, una iniciativa creada por Suuna Hassan, un joven de 29 años que dejó su trabajo como electricista para volcarse en el cuidado y la protección de estos niños y niñas desde su propia casa. Desde esa pequeña región de Nyendo, en Uganda, estos niños y niñas han conseguido crear un diálogo con el mundo a través de sus danzas. Namibiru Nabirah y Kigundu Emmanuel siguen bailando.

Extracto del artículo de RAQUEL ELICES en EL PLANETA FUTURO

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