PARA APRENDER…¡CÉNTRATE!

Esta entrada está basada en el trabajo de Héctor Ruiz Martín sobre cómo aprender. En su libro divulgativo para estudiantes se desarrollan este y otros muchos otros capítulos que constituyen una excelente guía para orientar el aprendizaje y los estudios. Doy fe de ello en mi práctica cotidiana con los alumnos.

Aprendizaje y memoria de trabajo.

Para que una información o conocimiento pueda ser adquirido antes debe ser conscientemente percibido. Sin embargo, nuestro cerebro solo puede manejar una pequeña parte de toda la información que recibe en cada momento. Y esto tiene su explicación porque el «lugar» dónde tiene lugar el aprendizaje es la MEMORIA DE TRABAJO.

La memoria de trabajo, análoga a la memoria RAM que tienen los ordenadores, es el espacio mental donde se encuentran representadas aquellas cosas a las que estás prestando atención en cada momento. Simplificando, podemos decir que es la parte consciente de nuestra mente. Es el mecanismo que te permite recordar, imaginar y también razonar.

La memoria de trabajo tiene dos vías desde donde «se carga»: el entorno externo y los recuerdos y conocimientos evocados que permanecen en la memoria a largo plazo.

Si toda la información que deseamos aprender debe pasar por la memoria de trabajo, hay algo muy importante que debemos saber y tener muy en cuenta: ¡que la memoria de trabajo tiene una capacidad muy limitada! Es decir, solo puede manejar una cantidad reducida de información en cada momento. Esto la convierte en un cuello de botella que restringe mucho nuestro empeño de aprender.

Cualquier información que acceda a la memoria de trabajo consumirá parte de sus recursos, es decir, producirá una «carga cognitiva». Por ello resulta crucial que diferenciemos entre dos tipos de carga cognitiva que se pueden dar cuando estudiamos:

  • La carga cognitiva relevante, la producida por la información y las operaciones que hacemos cuando estamos tratando de aprender.
  • La carga cognitiva superflua, que es toda aquella información que accede a nuestra memoria de trabajo pero que no está relacionada con nuestra intención.

Vamos a llamar, lógicamente, DISTRACTOR o distracción a toda esta carga cognitiva superflua que puede proceder tanto del ENTORNO («ruidos» ambientales) como DE LA PROPIA MENTE («ruidos» internos).

Concluimos este epígrafe con tres afirmaciones de la neurociencia que tal vez acaben con dos «mitos» sobre el funcionamiento del cerebro con relación al aprendizaje:

  • No podemos entrenar la memoria de trabajo. La memoria de trabajo no es cómo un músculo que se puede ejercitar para hacerlo más fuerte. Su capacidad no se incrementará si lo sometemos a mucha carga cognitiva con frecuencia. La única manera de optimizar la memoria de trabajo es teniendo más «completa» nuestra memoria interna. Las cosas que ya sabemos sobre lo que estamos aprendiendo nuevo ocuparán menos recursos de la memoria de trabajo.
  • La idea de que se puede aprender mientras duermes es completamente falsa. Si la información no pasa por tu memoria de trabajo, lo que solo ocurre si eres consciente de ella, no pasará a la memoria a largo plazo, donde se asientan los aprendizajes.
  • La tercera, y la más extendida, es la idea de que podemos hacer muchas tareas al mismo tiempo. Las limitaciones de la memoria de trabajo explican por qué no podemos hacer dos cosas a la vez. Cuando creemos que lo hacemos, en realidad estamos alternando rápidamente nuestro foco de atención entre una y otra. Y esto tiene un precio, acabamos haciendo las dos cosas peor que si hiciéramos primero una y luego otra.

La atención y los distractores

El gran problema al que, no sin razón, achacamos muchos profesionales del aprendizaje la dificultad que estamos teniendo en los procesos de enseñanza es precisamente el de la FALTA DE ATENCIÓN de nuestros alumnos.

Puesto que la capacidad de la memoria de trabajo es muy limitada, resulta clave controlar qué INFORMACIÓN la ocupa mientras hacemos el esfuerzo de aprender.

La atención es precisamente el mecanismo que nos permite seleccionar la información que entra y se mantiene en la memoria de trabajo en cada momento. El problema es que ésta no funciona a voluntad. No podemos elegir no atender aquellos estímulos del entorno que sobresalen. Y tiene toda la lógica del mundo que esto sea así de cara a sobrevivir como especie.

Por si fuera poco, tampoco resulta fácil evitar pensar en cosas distintas a las que nos imponemos aprender. Sobre todo si estamos cansados o preferimos estar haciendo otra cosa.

Lo que si que podemos hacer, como primera medida para tratar de «regular» la atención es tomar conciencia al menos de cuáles son los grandes distractores tanto internos como internos que nos impiden centrar debidamente la atención. Y tratar de actuar sobre ellos, la mayor parte de las veces evitándolos o dirigiéndolos a nuestro favor. También podemos trabajar la «focalización» de nuestra atención, organizando adecuadamente tanto el tiempo como la forma de adquirir la información. Lo vemos en el siguiente epígrafe.

Con la clase con la que trabajo, sexto de primaria, hicimos este ejercicio de localizar los distractores tanto internos como externos. Es importante hacerlo tanto en clase como en el lugar elegido para estudiar. La lista no constituye ninguna novedad. La podemos hacer cualquiera de nosotros con los mismos resultados:

  • El ruido ambiente (calle, coches, obras, patio de recreo, tiempo atmosférico, hermanos correteando, cocina, lavadora,…)
  • Las pantallas, especialmente el móvil, pero también el propio ordenador. El mecanismo de las notificaciones.
  • Una mesa o una pared llena de estímulos. Demasiados murales, demasiados objetos innecesarios encima de la mesa, desorden,…
  • Iluminación escasa o lo contrario.
  • Movimientos, entradas y salidas, estar levantándonos continuamente del lugar, interrupciones de alguien que entra en la habitación o lugar de estudio a coger algo, a comentar algo,…
  • Acontecimientos preocupantes, disruptivos que ocurren en la familia,… Preocupaciones en general.
  • Cansancio. No es lo mismo al comienzo de la clase que al final de la jornada. No es lo mismo haber dormido bien que haber mal dormido.

¿QUÉ PODEMOS HACER PARA «CONTROLAR» ALGO MÁS LA ATENCIÓN?

  1. Podemos reducir los posibles distractores de NUESTRO ENTORNO:
    • Elegir un lugar tranquilo para estudiar en el que no hay mucho trasiego o movimiento.
    • Estudiar preferiblemente en silencio. Si se usa música hay que elegir una que no sea un distractor. Música relajante, sin letra, conocida,… que sirva al menos para enmascarar el ruido ambiente. Sólo para eso
    • Desconecta el teléfono, escóndelo, sácalo de la habitación… Lo mismo cualquier otro dispositivo que pueda ejercer la misma atracción.
    • Avisa a los familiares o hermanos que no te molesten durante el periodo de tiempo que quieres concentrarte.
    • Selecciona bien, antes de empezar, el material que vas a necesitar. Tenlo a mano. NO llenes la mesa con más estímulos y material del necesario.
  2. Organiza tus sesiones de estudio adecuadamente:
    • Establece una rutina de estudio. Tiempos. De estudio y de descanso. Si es necesario contrólalos.
    • Organiza el tiempo de estudio adecuadamente. Lista de tareas. Orden de las tareas. Alterna lo que exija más esfuerzo con lo que exija menos. Lo más difícil con lo menos.
    • En el tiempo de descanso, cambia de actividad. Haz cosas que te relajen y distraigan de la tarea. Desconecta. Pasea, baila, escucha música, habla con otros… Recuerda que es muy importante haber descansado bien, dormir. A veces es preferible descansar antes de ponerse a trabajar. Las tareas a realizar serán más eficientes.
    • No hagas nunca dos cosas al mismo tiempo.
  3. Dosifica el aprendizaje
    • Cada sesión con una carga de aprendizaje asequible que permita un avance gradual, de lo global a lo concreto, de lo más simple a lo más complejo
    • Descompón la resolución de problemas complejos en pasos. Ve paso por paso. Utiliza los heurísticos o procedimientos adecuados. Esta descomposición permite poder atender, en cada paso, lo que la memoria de trabajo te permite hacer. No más
    • Emplea recursos para acceder a la información gráficos o manipulativos. Apóyate en recursos externos para reducir la carga cognitiva siempre que puedas.
    • Utiliza distintos canales de aprendizaje. Podemos simultanear canales auditivos y visuales. Los audiovisuales suelen dar buenos resultados si están bien seleccionados.
  4. Practica la meditación como ejercicio de «control» de las distracciones internas. Te dejo con este interesante vídeo dónde te explican de forma muy clara los beneficios de la meditación y la relajación desde el punto de vista de la neurociencia.

Autor. Manuelaraus. Blog Educación para la Solidaridad.

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