¡FELICES LOS QUE PRESTAN ATENCIÓN!
Una vez más, las ediciones Voz de los sin Voz, con las que hemos colaborado ya con otros trabajos (Emergencia Educativa), han tenido a bien publicar este trabajo. Está a vuestra disposición ya impreso y se puede solicitar en Solidaridad.net. Como se dice en la presentación del mismo que ponemos extractada a vuestra disposición en este blog, es un material de batalla, de uso y abuso, de apuntes para pasarse unos a otros. No es un ensayo ni un libro de tesis o tesina. Un servicio a disposición de todos aquellos que bregamos con el gigante de la desatención tratando de poner en evidencia a su asesino al tiempo que recuperarla para poder hacer lo mejor posible nuestra labor. Recuperar la atención, como leeréis en este libro, no es un problema sólo psicológico o personal sino un reto noblemente político y, apurando la copa hasta el fondo, profundamente filosófico y religioso. Porque sin atención no hay posibilidad de vincularnos ni con la conciencia, ni con el mundo, ni con las personas, ni con Dios. El trabajo, en sus defectos es enteramente mío. En sus cualidades, pertenece a muchos a los que he tenido el placer de socializarles su tiempo y sus conocimientos. A algunos se los he socializado formando parte de un grupo de trabajo de educación en Profesionales por el Bien Común. A otros, tomando sus reflexiones de los libros que han puesto a nuestra disposición. Todo, a vuestra atención.

LA ATENCIÓN EN LA ENCRUCIJADA DE NUESTRO CAMBIO DE ÉPOCA
La atención es un tema que ha pasado a tener plena actualidad por lo que deducimos de la cantidad de estudios y reflexiones que está suscitando. Aunque, según algunos de los autores que aquí mencionamos, el tema no ha empezado a preocupar ahora. Los problemas de atención vienen de lejos.
Para nosotros, militantes del Movimiento Cultural Cristiano que formamos parte de un grupo de reflexión profesional en el ámbito educativo, se puso en el punto de mira por contundentes razones prácticas: de un tiempo a esta parte no hay profesor con el que hables – sea del nivel que sea- que no te describa entre los principales obstáculos para dar una clase ya no la falta de atención sino la incapacidad manifiesta para ejercer, llamémosla así, esta facultad. Nos habíamos adentrado en el mundo de las pantallas y su incidencia en las nuevas generaciones, las generaciones que han nacido ligadas a la era digital. Estábamos perfilando las diferentes caras de ese tema y, como no podía ser de otra manera, se puso de manifiesto la sedicente relación existente entre la inmersión en el mundo digital de las pantallas y la atención. Y lo que iba destinado a ser un capítulo más de un tema de por sí controvertido, acabó manifestándose como una piedra angular.
Por la evidente complejidad que tiene cualquier tema y también la perentoria necesidad de que lo que reflexionemos llegue de forma sencilla (sin que sea superficial) a todos los que se topan con esta problemática, ofrecemos estos apuntes de consulta rápida. No teníamos la intención de escribir, por tanto, un trabajo doctoral, sino más bien un trabajo práctico y divulgativo. Hemos manejado un número de libros y artículos lo suficientemente relevantes como para atrevernos a compartir estos “apuntes” con vosotros.
En uno de los libros de los que nos hemos servido, El eclipse de la atención, recopilación coordinada por Amador Fernández-Savater y Oier Etxeberría, se centraba muy bien el tema:
“Disminución de la capacidad de concentración, trastornos de hiperactividad en la infancia, percepción generalizada de un tiempo que se acelera, relaciones ansiosas con las nuevas tecnologías, recurso a pastillas y a todo tipo de terapias para «parar la cabeza» y aprender a vivir como sea aquí y ahora … ¿Qué está pasando? ¿De qué nos hablan estos «desórdenes de la atención»?
El colapso atencional se encuentra en la encrucijada entre algunas tendencias clave del mundo actual: la economía que convierte la visibilidad en la mercancía más valorada, las formas de trabajo precarias y multitarea, el zapping y el scroll como modos de relación con las cosas, el horror vacui contemporáneo. La crisis de la atención es, seguramente, la que puede revelar con mayor precisión de qué está hecha la sociedad en que vivimos”
Tratar de orientarnos en la complejidad del asunto implica un esfuerzo didáctico importante para que aparezcan al menos bien esbozadas las principales caras de esta poliédrica cuestión tal y como pone de manifiesto la cita destacada. La atención tiene una obvia dimensión personal (que no individual) en la que habrá que dejar hablar a los enfoques neurocientíficos, tan en voga también, pero no sólo.
En la dimensión personal ya es muy difícil atribuir a una “especialidad científica” ningún tema. Podemos ciertamente destacar en la atención su referencia a la psicología cognitiva, tratando de explicar el cómo del funcionamiento de esta facultad y los procesos neurocerebrales que implica (eso será el objeto del primer capítulo). Pero hasta para este objetivo la propia psicología no puede prescindir de abordar nuestras dimensiones afectivas, relacionales, ambientales, y hasta políticas. No hemos aterrizado el tema en su enfoque psicoanalítico. Lo tenemos pendiente y estamos en ello. Según este último enfoque cabe, por ejemplo, indagar en las consecuencias de un “yo- consciente” y un “inconsciente” incapaz de autogenerar, por ausencia de atención- que tanto tiene que ver con la memoria y la identidad- un auto-relato que nos identifique, que haga plausible relatar nuestras propias memorias biográficas.
Pronto se ponen de manifiesto, por lo tanto, dimensiones del abordaje de la atención que tienen que ver con la organización de la vida social. Y nos percatamos que el ámbito de las relaciones primarias, es decir, el de la primera socialización (la familia) es fundamental para entender cualquier desarrollo bio-orgánico personal y para entender el devenir del proceso de desarrollo cognitivo. Y, en consecuencia, si queremos analizar bien qué está pasando en este proceso aún primario del desarrollo de la atención, tampoco podemos prescindir del andamiaje estructural tanto socioeconómico como sociopolítico. El robo, el eclipse, el colapso, la hiperestimulación de la atención (o cómo sea necesario describirlo) tiene que ver con “el capitalismo de la atención”, con la precariedad del empleo, con las condiciones de la vivienda… y tiene que ver con la fragilidad y la debilidad en la que se encuentra el bien común y la solidaridad en la vida política, en nuestras democracias. De ello vamos a hablar aquí: de la acaparación de la atención como materia prima lucrativa y de la desatención controlada -que es la otra cara de la moneda- como condición, no sólo para el negocio de las alienaciones y las adicciones sino para un ejercicio de un poder totalitario y autocrático. Una organización política de la convivencia que no cuenta con personas de mirada atenta, de mirada crítica y, por tanto, de pensamiento crítico, nunca podrá ser democrática. Los apuntes sobre este aspecto están en el capítulo segundo.
En el fondo, en lo más profundo, abordar la atención es abordar ciertamente una de las claves más importantes para poder cuestionar lo específico de nuestra naturaleza humana. Detrás de la atención también se encuentran las grandes preguntas a la que nos aboca nuestra existencia. Sin atención, en este sentido visceralmente filosófico, la persona no es capaz de entenderse o, en sintonía postmoderna, no pasa de ser más que un torbellino de vivencias desarboladas y desgajadas que conducen irremediablemente al suicidio existencial (metafórico o literal). Sin atención seremos incapaces de generar los vínculos necesarios que den sentido a las acciones. Mi voluntad, desbocada, hiperactiva, elevada a categoría absoluta (hacer, hacer, hacer… no parar, producir, estar a la altura, ganar, llegar a tiempo y a ser posible el primero,… porque es mi derecho), sin mi atención (pararse, distanciarse, mirar a los ojos, permanecer, persistir,… para poder ver, entender, contemplar, embeberse de la belleza y llorar con la tristeza, cuidar,…) me aniquila. Os pedimos una especial sensibilidad a este penúltimo capítulo del trabajo. De la mano de algunos “filósofos” de nuestro tiempo, que recogen tradiciones y corrientes de pensamiento amplias de la historia de la filosofía, nos detenemos en la importancia que tiene este tema para que toda la vida cobre sentido, que es en definitiva el anhelo más profundo que nos mueve.
Concluimos de la mano de Simone Weil, la gran filósofa de la atención. De la atención y de la espera. De la espera atenta. Y con ella, aunque ya nos ha preparado el capítulo anterior, nos asomamos a la atención como contemplación que es, nada más y nada menos, lo que para muchos constituye la “actividad” primordial a la que estamos vocacionalmente llamados. No hemos querido- todo lo contrario- prescindir de esta dimensión trascendente, incluso religiosa, de la atención. De forma contundente, proclamamos con Josep María Esquirol- otro de los filósofos aludidos, al que hemos tenido la oportunidad de conocer, y con el que hemos podido dialogar- : ¡Felices los que prestan atención!

Manuel Araus
