PENSAR CON EL CORAZÓN, SENTIR CON LA MENTE. Una experiencia de pedagogía sistémica en Secundaria

Presentamos un ejemplo de aplicación de la pedagogía sistémica en un centro educativo. Nos puede servir de presentación de este modelo pedagógico que nos viene bien conocer. Este modelo de educación emocional sistémico, es fruto de las aportaciones de diversos autores de la neurociencia como A. Damasio, autores pioneros del nuevo paradigma de la complejidad y de la teoria de sistemas como Edgar Morin, Humberto Maturana y especialmente Bert Hellinger con su descubrimiento de los órdenes que operan en los sistemas humanos y la aplicación de los mismos a la Pedagogía con la creatividad y el esfuerzo de Angélica Olivera pionera en Méjico en el centro Cudec de dicha  aplicación. 

A través de estas líneas presentaré un breve resumen de diversas intervenciones que como psicopedagoga he efectuado en un instituto de secundaria, en atenciones individuales con alumnos y sus familias, así como la creación de un currículum de educación emocional, que se realiza en forma de crédito variable, dirigido a todos los alumnos de  segundo  y tercero de ESO. Forma parte del Proyecto Educativo del IES Viladecavalls, que valora que es fundamental vehicular la educación emocional de forma transversal y sistémica en todos los ámbitos educativos.

Educación emocional desde un enfoque sistémico

Las emociones están  tejidas en toda la red de interacciones que el sujeto establece, ello supone observar la gran complejidad  de vínculos. Una persona es un nudo en una red de relaciones. Desde este enfoque   la educación emocional significa ampliar  nuestra mirada a todos aquellos fenómenos que  están incidiendo en nuestra vida: la mirada transgeneracional (antepasados, las raíces), la mirada intergeneracional (padres e hijos) (maestros- alumnos), la mirada intrageneracional ( lealtad a la propia generación y al contexto histórico), la mirada intrapsíquica (el individuo como sistema físico, emocional , mental, espiritual, etapa evolutiva). Ámbitos todos ellos que construyen y configuran nuestro mundo interno. La educación emocional no puede ser por tanto sólo el aprendizaje de unos recursos y habilidades para identificar y regular las emociones.

La mirada transgeneracional

Incluir este elemento dentro del currículum  quiere decir, ayudar a nuestros alumnos a reconciliarse con sus raíces sean cuales sean. Asimismo les permite apreciar la vida tal y como les ha llegado y supone restablecer la cadena de admiración que como un hilo invisible ata las generaciones vivas con las generaciones perdidas. Supone también transmitir una poliidentidad, porque como dice Edgar Morin “somos los hijos de una família, de un país y de

un planeta “.

Mirada intergeneracional

Aquí nos centraremos en la relación padres- hijos, maestros- alumnos o sea la posición que ocupan dentro de su sistema,  para clarificar cuál es su lugar. Esta mirada nos habla del  orden y la jerarquía dentro del sistema, por tanto de la autoridad y los límites, el saber estar en el lugar que les corresponde y no llevando situaciones que no les pertenecen.

Mirada intrageneracional

Nos centraremos en las relaciones entre iguales y sus lealtades. Los que pertenecen a la misma generación  o están en la misma linea jerárquica en el sistema familiar y educativo : hermanos, alumnos, padres- maestros, maestros – maestros.

Mirada intrapsíquica

Pondremos la mirada en la estructuración interna y maduración que han conseguido nuestros alumnos, su integración de esta gran complejidad de vínculos, grado de maduración y desarrollo. Etapa evolutiva en la que se encuentran y necesidades propias de su edad.

Ejemplificación de intervenciones en diferentes problemáticas con alumnos  y sus familias.

Estos órdenes y amplitud de mirada constituyen la base de cualquier  actuación que realizamos sea de forma preventiva en el el crédito, tutorías etc., o en intervenciones individuales con una finalidad más terapéutica o de resolución de conflictos.

La actuación del departamento de psicopedagogía es a petición de las familias, del equipo Directivo, de los tutores y a veces solicitan la ayuda los mismos alumnos. En ningún caso se interviene sin previo consentimiento y colaboración de los padres.

Un caso de bullyng  “No nos gustan las lentejas”

El caso me fue derivado por la directora, que recibió a la madre de una alumna de tercero de ESO y le explicó que su hija desde hacia varias semanas, estaba siendo objeto de insultos por parte de unas chicas que antes eran sus amigas. La insultaban por la calle, por el Messenger y en el instituto. Le decían “ no nos gustan las lentejas” es muy pecosa.  Ella quería denunciarlas si no cambiaban de actitud, porque su hija ya no se atrevía a salir a la calle y no quería ir al instituto. Se le ofreció la posibilidad de una intervención desde el centro y aceptaron la propuesta la madre y la hija.

La alumna acudió a mi despacho acompañada de una amiga. Me explicó los hechos, estaba muy enfadada. Le pregunté si ella atribuía lo que ocurría a alguna situación y cuál era su relación con las supuestas agresoras.  Me explicó que ella desde hacía unas semanas salía con un chico que era de otro pueblo,( el instituto acoge alumnos de diferentes pueblos y culturas diversas) y que las que la insultaban eran sus antiguas amigas, se metían con ella, porque iba con los del otro pueblo y la llamaban traidora, explicó que ella iba con quien quería y que no le gustaba nada su barrio y que si  pudiera se iria de allí.(La amiga que la acompañaba era la hermana del “novio” que ahora era su íntima amiga).

Le señalé que si yo fuera sus padres, me sentiría muy mal de oirla hablar con tanto desprecio del barrio donde vivía, donde tenía su casa, le dije que su barrio formaba parte de su historia, y que era el lugar que habían escogido sus padres para vivir y  eso debía respetarlo. Le comenté que ese desprecio a ella no la hacía bien y que la debilitaba.

Con esta intervención  traté de poner la mirada en su propia història y en sus raices más que en el problema  concreto que ella traía. Con ello pretendía que se pusiera en contacto con sentimientos primarios y profundos.

Le pregunté si tenía algún recuerdo agradable de su vida  en ese barrio, en la escuela y con sus compañeras de la infancia. Le pedí que cerrará un momento los ojos y visualizara alguna situación. Al poco rato me dijo que si, que había visto la escuela de primaria y que recordaba las salidas, excursiones, colonias y que lo pasaba muy bien. Continué diciéndole que visualizara la cara de las amigas que la acompañaban. Le pregunté, quienes eran, y si alguna de ellas coincidía con las que ahora le agredían. Me contestó que eran las mismas y que por eso le dolía tanto que ahora no  respetaran sus decisiones. Le dije que a ellas posiblemente también les dolía que las despreciara y que se avergonzara de su  barrio y que hablara así. Eso también era una agresión a su familia y a las personas que habían formado parte de su vida.

Aquí  traté de hacerle ver que ella no era sólo la pobre víctima, sino que con sus actitudes estaba siendo bastante hostil con su entorno y con su pasado.

Le aclaré que de ninguna manera era correcta ni justificable la actuación de sus antiguas amigas, pero que si queríamos resolver el conflicto, teníamos que bucear hacia el fondo que lo estaba provocando. Le expliqué la estrategia que iba  a seguir, que llamaría a sus antiguas amigas, escucharía su versión a solas, al  igual que ella había tenido su espacio. Posteriormente las reuniría a todas  y  realizaríamos una mediación. Me dijo que estaba de acuerdo.

Llamé a las supuestas agresoras, eran cuatro, estaban muy enfadadas, decían es una “ chula” “pasa de nosotras”, me confirmaron  que estaban muy dolidas con ella. Les dije que su dolor era legítimo pero que su forma de actuar  era inadmisible y que el instituto no lo iba a permitir.

Aquí les hablé del orden y la ley  y les propuse la vía del dialogo para resolverlo de forma positiva y que necesitaba de su colaboración.

Primero no querían hablar con ella para nada. Pero a medida que les expliqué que entendía su dolor, su rabia y que ellas  también se habían sentido agredidas por la actitud de su antigua amiga, se fueron calmando, ya no sólo eran las agresoras, sino también  las víctimas .

La estrategia tanto con  la víctima como con las agresoras, fue romper la disociación de “buenos y malos” y conectar con los sentimientos propios  más primarios.

Tras esta entrevista, no reunimos ambas partes, que entraron sin hablarse ni mirarse, se sentaron    y se hizo un silencio. Comencé explicando a cada parte lo que habíamos hablado y ellas confirmaron que era cierto. Les propuse avanzar un paso más y que cada parte expresara sus necesidades:

La víctima: “que me dejen en paz y respeten mis decisiones, porque yo voy con la gente que quiero” Las agresoras: “que no nos mire tan mal, que no se haga la chula, que no somos apestadas”

Les expresé que iba a verbalizar las necesidades que percibía en el fondo y que le iba a poner palabras: A la víctima: Ellas necesitan ser reconocidas, que les des un lugar, forman parte de tu historia de vida.

A las agresoras: Ella necesita que respetéis su libertad de movimientos y sus decisiones.

Con este mensaje, les pedí que se miraran a los ojos, y observaran  qué pasaba. Se quedaron en silencio, estaban emocionadas, especialmente una de las agresoras. Les pregunté a todas  si sentían que estaba bien así y si podíamos dar por concluida esta situación, todas asintieron y se marcharon.

Desde entonces, no hubo más  insultos,  incluso alguna de ellas le saludaba por el pasillo, pero no volvieron a ser amigas.

Un caso de déficit de atención:” Mi niño es mis manos y mis pies”

Este alumno de segundo de ESO presentaba unos síntomas de hiperactividad, despiste, y como consecuencia apenas aprobaba alguna asignatura. Me fue derivado por la tutora y cuando le pregunté porqué estaba tan nervioso, se quedó en silencio, quieto, se le humedecieron los ojos y me contestó: “cuando estoy aquí, siempre tengo miedo que le pase algo a mi madre “. Me contó que su madre tenía una enfermedad, una fibromialgia y que casi no podía andar.

Con unos muñecos le pedí que me colocara a los miembros de su familia, su padre, madre, hermano mayor y él. Con este juego trataba de ver dónde se situaba. Mientras lo hacía dijo:” yo siempre con mi madre, por ella daría la vida”, se  situó a su lado como si la rodeara con el brazo.

Le dije: “entiendo porque no puedes estudiar, esto te pesa más”.

Hablé por teléfono con la madre a continuación, le costaba mucho desplazarse al centro dada su enfermedad, pero le dije que era importante que habláramos de su hijo, enseguida me pidió que le diera una hora y que vendría, su marido no podía porque trabajaba hasta muy tarde.

En la entrevista con la madre vi a una señora enferma, casi no podía moverse, pero una mujer con mucha fuerza en la mirada, se lo expresé. Le pregunté qué opinaba de los problemas de su hijo con el aprendizaje, dijo estar muy preocupada, sabía que su niño era muy listo pero no se concentraba, siempre estaba muy nervioso.

Le saqué los muñequitos y le mostré donde se colocaba su hijo y dijo: “mi niño es muy bueno, es mis manos y mis pies”. Le dije que eso para un niño era una carga demasiado pesada y que así él no podía estudiar y que el niño necesitaba ser sostenido.

Se emocionó….se quedó en silencio y me dijo nadie me había dicho esto, gracias, yo quiero lo mejor para mi hijo y haré lo que haga falta para que él no lleve esta carga. Le pregunté que quien la ayudaba, tenía bastante ayuda a nivel material.. Su marido y su hijo mayor hacían lo que podían, también iba al psicólogo.

Yo sentí que no tenia que decirle  nada más, ella había entendido perfectamente de qué carga le estaba  hablando y que se iban a organizar. Llamé al alumno, entró, su madre le dio un abrazo, nos miramos todos y le dije “tu madre y yo hemos hablado de ti y he visto que sí tu madre está enferma, pero tiene una fuerza increíble, ella y tu padre te sostienen, deja que ellos  resuelvan esto, ellos lo llevan “. Él se sonrió, suspiró mirando a su madre.

A raíz de esta intervención, este alumno mejoró bastante en los estudios. En la actualidad cursa cuarto de ESO en un grupo de refuerzo y aunque lleva un cierto retraso, se esfuerza y trabaja.

Con la madre hablo periódicamente  por teléfono de la evolución de su hijo, está muy contenta.

 Autora: Mercè Traveset i Vilaginés

Psicopedagoga y terapeuta en Constelaciones familiares

Mail : mtravese@xtec.cat

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