EXTRACTOS DEL LIBRO “PEDAGOGÍA DE LAS ALTURAS” (II)

CAPÍTULO 5:

AUTOTRANSCENDENCIA Y AUTOREALIZACIÓN

“Victor Frankl se refiere a Carl R. Rogers, uno de los sicólogos más influyentes del siglo pasado, y a su aproximación “centrada en la persona”, recordando como fue el primero en haber tomado un camino de desideologización del psicoanálisis cuando hizo profesión de fe en la libertad de la voluntad humana.

La crítica de la concepción homeostática del comportamiento y la idea de que la personalidad sana esté fundamentalmente orientada hacia una meta y a una tarea futura tienen repercusiones inmediatas en el plano de la terapia, y sobre todo, de la educación. Más que limitarse a la satisfacción de las necesidades  y a promover simplemente la autoexpresión de las propias potencialidades, la intervención pedagógica deberá poner retos, señalar tareas y modelos, solicitar la decisión y la responsabilidad y- no por último- desarrollar la tolerancia a la frustración: “Parecería que la educación actual, preocupada sobretodo de minimizar la tensión, educa hacia una intolerancia a la frustración, una especie de inmunodeficiencia psíquica, por así decirlo. Consiste en que los jóvenes sean incapaces de asimilar las frustraciones, incapaces de diferir las realizaciones de sus deseos, incapaces de prescindir de lo que no tienen, o de sacrificar algo que ya poseen”

El análisis existencial frankliano desarrolló una consideración crítica del concepto de “autorrealización” que para muchos psicólogos humanistas se convirtió en el motivo último de la vida humana. La esencia de la existencia según Frankl es precisamente la autotranscendencia.

A.H Maslow es  conocido sobre todo por haber elaborado una teoría piramidal de las necesidades según la cual las necesidades fisiológicas de base y las psicológicas determinantes de un estado deficitario (necesidad de seguridad, de pertenencia y es tima) están ordenadas jerárquicamente de manera que la satisfacción de las necesidades inferiores permita la aparición de aquellas que están en el nivel superior y, viceversa, que las necesidades superiores no puedan manifestarse si primero no han sido satisfechas adecuadamente las de nivel inferior. En la cúspide del recorrido del crecimiento psicológico se encuentra el plano de la autorrealización, caracterizada por necesidades de crecimiento (no ya deficitarias) que una vez gratificadas, a diferencia de las deficitarias, no desaparecen, sino que se orientan a metas superiores. Respecto a esto, Frankl observa una divergencia fundamental: “La distinción de Maslow entre necesidades más altas y necesidades más bajas no nos explica el hecho de que, cuando la más bajas no sean satisfechas, una necesidad más alta, como la voluntad de sentido, pueda convertirse en la más urgente de todas (…) Ya que aunque las necesidades más bajas estén o no satisfechas, el hombre puede experimentar la búsqueda de sentido, se entiende que la necesidad de sentido es independiente de las demás necesidades. De esto se deduce que esta no pueda ser reducida ni ser consecuencia de las otras.”

Solamente en la medida en que nos damos, nos entregamos, nos ponemos a disposición del mundo, de las tareas y exigencias que a partir de él nos interpelan en nuestra vida, en la medida en que lo importante para nosotros es el mundo exterior y sus objetos, y no nosotros mismos o nuestras necesidades; en la medida en que realizamos tareas y respondemos a las exigencias; en la medida en que actualizamos valores y realizamos sentidos; en esta medida nos realizamos a nosotros mismos (…) Solamente cuando se aleja de si y se libera del interés y de la atención centrada en sí mismo, el hombre logra un modo auténtico de existir.

La difícil definición de la relación entre las dos dimensiones de la autorrealización y de la autotranscendencia deriva probablemente del hecho que constituyen aspectos complementarios y recíprocos de un mismo fenómeno: el crecimiento humano y la madurez psicológica. En 1966, en un encuentro entre Maslow y Frankl, Maslow afirma: “estoy completamente de acuerdo con Frankl en que el interés principal  del hombre (diría incluso “el interés más alto”), la motivación primaria, es su voluntad de sentido (…) En segundo lugar, mi experiencia concuerda con la de Frankl sobre el hecho de que las personas que buscan directamente la autorrealización, de manera egocéntrica e individualista, como si estuviesen disociadas de una tarea por realizar en la vida, como una forma de salvación privada y subjetiva, en efecto no la alcanzan”

Según decía Goethe, citado por Frankl: “Si tomamos al hombre por lo que es lo volvemos peor de lo que es, si en cambio lo tomamos por lo que debería ser, lo hacemos que se convierta en lo que verdaderamente puede ser”. Frankl lo sintetiza en el siguiente axioma: “pretender el mejor absoluto si se quiere alcanzar el mejor relativo”.

CAPÍTULO 6: SOMOS UN PROYECTO, HACIA UNA PEDAGOGÍA FUNDAMENTADA ANTROPOLÓGICAMENTE

Vocación educativa de la logoterapia: “carácter exquisitamente preventivo y orientado al desarrollo de la responsabilidad personal como valor ético formal de una psicoterapia no autoritaria y abierta al sentido y a los valores”

Resulta evidente que la relación entre psicoterapia y pedagogía se coloca entonces más allá que en el ámbito circunscrito y en cierto sentido instrumental de la consulta psicopedagógica, de la pedagogía especial, o le la así llamada pedagogía curativa: el nexo entre las dos disciplinas se extiende hasta los temas teóricos fundamentales de la pedagogía general y atañe, radicalmente, la investigación de fundamentos de tipo antropológico sobre los cuales una buena filosofía de la educación pueda construir una adecuada praxis educativa.

En definitiva, ni los condicionamientos internos debidos a la herencia genética o a una particular estructura de carácter, ni los nexos causales externos derivados de las influencias ambientales de naturaleza económica o cultural, pueden privar a la persona de la libertad espiritual, que queda siempre en posibilidad de autodeterminarse y de decidir: “lo que un hombre resulta ser no depende ni de la predisposición ni del ambiente, ni de lo que ha recibido por vía hereditaria, ni de lo que se le ha impartido en forma de educación, sino que depende a fin de cuentas del hombre mismo, de su decisión y, en el margen que dejan sus condiciones y sus circunstancias, su decisión es libre” (…) Y precisamente esta capacidad intencional de “pro-yectarse” más allá de los límites de la situación en la que ha sido “arrojado”, de tender hacia un deber-ser todavía tan solo posible, para llevar a cabo el cumplimiento de un sentido o de un valor, depnde la completa realización de la propia humanidad.

El nexo crucial entre elección y autodeterminación lo explica Frankl de la siguiente manera: “no solo actúo conforme a los que soy, sino que me convierto en lo que actúo. El hombre “se” decide: como ser que decide lo que es, no se limita a decidir algo, sino que se decide a si mismo. Cada decisión es una autodecisión y la autodecisión es simpre una auto-configuración. (…) Una decisión repetida favorece el paso del “actus” al “hábitus”: estructura progresivamente las actitudes, los rasgos y las disposiciones habituales de la personalidad individual: “la decisión de hoy es el destino de mañana”.

La educación en sentido logoterapéutico  está dirigida, en su orientación preventiva y promocional, como antídoto  al “vacío existencial”; se basa en una “psicología de las alturas” capaz de superar las contradicciones y los reduccionismos de la psicología de lo profundo; extrae de la experiencia del educador el valor ejemplar de una existencia vivida en la búsqueda de sentido; se vuelve posible gracias al principio motivacional de la autotranscendencia; se convierte en sostén de la proyectualidad existencial aún en las “situaciones límite” de la vida; está antropológicamente fundada sobre el análisis existencial como comprensión del significado de la existencia personal; está centrada más sobre la “afinación de la conciencia” que sobre la transmisión del conocimiento; asume como fin específico el de desarrollar la responsabilidad y la capacidad de decidir; se traduce en el estilo metodológico del diálogo socrático; y finalmente está conformada por un amor educativo que se transforma en la capacidad de aceptar al otro por lo que es y de descubrirle al mismo tiempo sus posibilidades de crecimiento y de cambio.

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