Gregorio Luri:”La paternidad contemporánea está muy neurotizada”

Gregorio Luri (Navarra, 1955). Mejor educados(Ed. Ariel).
El libro, que recoge algunas de las ideas que Luri ha defendido en las numerosas conferencias que ha impartido a padres, pretende servir de guía para aquellos que se encuentran perdidos en el apasionante mundo de la educación. El docente y filósofo defiende la tranquilidad, la sensatez y el amor como valores fundamentales para afrontar el reto de la paternidad (y maternidad). Y sobre todo no agobiarse.
– ¿Hoy los niños están mejor o peor educados? 
Eso depende de la capacidad para desenvolverte de manera satisfactoria en el tiempo que te ha tocado vivir. Y de lo que se trata es que los niños tengan recursos para desarrollarse no en el mundo ideal que a veces querríamos sino en el real. Lo que caracteriza a la paternidad moderna es un hipersentido de la responsabilidad y los padres quieren hacerlo todo tan bien que esa tensión les impide hacerlo bien.
– ¿Qué es imprescindible para ser un buen padre o madre? 
No pretender ser un padre perfecto. Pero hay esa tensión de querer hacerlo todo bien.
– ¿Por qué? 
En primer lugar porque los hijos son el resultado de una programación. Ya no viene la cigüeña sino que las parejas cogen el calendario y deciden cuando les va bien ser padres. Y eso hace que vean incrementado su sentido de la responsabilidad. Y hay otro elemento: las posibilidades para un niño de vivir autónomamente su infancia son cada vez más reducidas. Los padres se han convertido en programadores culturales de sus hijos, buscando actividades para hacer. Y eso lleva a veces a ese sentimiento de angustia.

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Lo característico de la paternidad contemporánea es que está muy neurotizada porque está empeñada en una aventura que es absurda: hacer de la realidad un capítulo de la teoría. Creen que saben lo que hay que hacer y les gustaría encajar la realidad práctica en esa teoría. Y las cosas no funcionan así nunca. Y el sentido común es la capacidad para aprender de la práctica. Hay que tener un cierto olfato para saber por dónde van las cosas y saber aprender de tus errores con ironía.
– Hoy los padres no quieren parecerse a sus progenitores ¿Es un error? 
Sí. Nos consideramos tan listos, tan inteligentes y tan de todo que nos hemos quedado sin modelos. Y hay mucho que aprender de nuestros padres.
– ¿Por ejemplo? 
Ellos no estaban continuamente problematizando lo que habían hecho. Si habían castigado a su hijo lo habían hecho y tocaba cumplir el castigo. Los padres actuales están todo el rato dudando. Y ahora resulta que nosotros que, supuestamente, sabemos mucho más que nuestros padres, necesitamos psicólogos para que nos ayuden, terapeutas familiares… Esta apareciendo la paternidad terapéutica: necesitar un soporte externo para poder sobrellevar la neurosis de ser padre.
– ¿Qué cosas que se hacían antes estaría bien preservar? 
El mundo es distinto y, por lo tanto, los padres podían ser buenos para su tiempo pero ahora hay que buscar las formas para éste. También hay que pensar que nuestros hijos no van a aprender nada de nuestros consejos, van a aprender de nuestros ejemplos. Porque el órgano de aprendizaje de un niño no es el oído, es la vista. Y si les damos un ejemplo de neurosis, ese es el que les va a quedar.
– ¿Qué consejos puede dar a los padres? 
Que piensen que si los niños se aburren, es su problema. No puedes estar sobrecargándote porque entonces al mismo tiempo que queremos crear hijos autónomos, nos cargamos con su vida.
– ¿Cuáles son los problemas a los que se enfrenta hoy un padre a la hora de abordar la educación de sus hijos? 
Básicamente la inseguridad. Cuando aparece un problema hay que ver por qué aparece porque seguro que tiene un componente real. Y a medida que nos vamos adentrando en la sociedad del conocimiento, la cantidad de cosas que hay que saber a lo largo de la infancia y la juventud es cada vez mayor. Antes con 14 años te podías ganar la vida. Ahora ni tan siquiera con una carrera tienes garantizado nada. La incertidumbre con respecto al futuro también crea tensión en los padres.
– Hoy los padres tienen obsesión por que sus hijos tengan éxito. 
Quieren que triunfe, pero hay muchas posibilidades de fracaso. Y ese también es un componente que crea incertidumbre.
– Hace 30 años la educación de los hijos era cosa de las madres, ahora está más repartido ¿Hay diferencias entre cómo lo hace una madre y un padre? 
No creo que sea así. Los padres y las madres hacían lo que creían que debían hacer para el tiempo que vivían. Y creo que lo hicieron muy bien. Ahora las madres han salido de casa y los padres no han entrado y eso crea una situación muy curiosa. Y precisamente porque se da esto, la responsabilidad educativa cada vez recae más en la escuela. Los padres no han dimitido, no me gusta esa expresión y además me parece muy injusta, pero no llegan. Y esto ha dado lugar a una cultura nueva: la cultura adolescente.
– ¿Qué es eso? 
Un fenómeno comercial porque tiene su propia música, su propia moda, sus propios gustos… Esa cultura tiene sus valores propios y con mucha frecuencia para un adolescente es más importante el modelo de referencia de uno de su generación que sus padres. Al mismo tiempo, lo que antes eran las figuras de autoridad, los abuelos, hoy ya no tienen nada que decirles. Puede ser una figura entrañable, pero el niño ya no ordena su vida en función de sus consejos. Y a medida que las madres han salido y los padres no han entrado, ves crecer la cultura adolescente.
– Los padres delegan la educación en la escuela… 
No es que deleguen, lo que pasa es que la figura paterna está desapareciendo.
 
– Las familias hoy desautorizan a la escuela. 
Sí. Hay una permanente puesta en cuestión. Aquello que no haces tú lo tiene que hacer otro. Y pretendes que lo asuma como a ti te gustaría asumirlo. Es absurdo. Y cuando las cosas van bien en clase, los padres se sienten orgullosos de su genialidad reproductiva, pero cuando no van bien, la culpa es del maestro.
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Y hay que tener claro que la visión de tu hijo es una y la del maestro es otra. El maestro en clase tiene alumnos. Los padres son extraordinariamente buenos captando el estado emocional de sus hijos y está muy bien que sea así. Y los profesores tienen una distancia emocional con respecto a ellos y son extraordinariamente buenos evaluando el comportamiento de los chicos. La idea que se vende es que padres, maestros, etc. tenemos que ir en la misma línea. Y resulta que esto no puede ser porque la visión es distinta. La familia es un chollo psicológico extraordinario, es el único lugar en el mundo en el que nos quieren incondicionalmente por ser quienes somos. Pero el maestro no está para quererte por lo que eres, quiere lo que puedes llegar a ser.
Un dilema de la paternidad moderna es “móvil sí o no”. 
Ya no nos podemos plantear el dilema porque si nuestro hijo no tiene su móvil tendrá el del amigo. El que debe preocuparnos es el niño que no tiene amigos y cuyas relaciones con el mundo son a través de un módem o de un móvil, el que está recluido en su habitación sin relaciones cara a cara. Es lo realmente patológico y preocupante. Pero los niños y niñas que tienen un grupo de amigos amplio y que son capaces de contarse entre ellos las cosas que hacen con el móvil o con internet, no me parece tan problemático porque el mero hecho de contar lo que haces te crea una distancia reflexiva. El mejor tratamiento de los peligros de Internet es un tratamiento indirecto: garantizar que nuestros hijos tengan amigos. Y hay otra cuestión básica: los niños no harán con el móvil cosas muy diferentes a las que hacen los adultos. Pero es cierto que los adolescentes modernos en Europa están empezando a pasar más de seis horas diarias de relación en la pantalla (televisión, móvil, ordenador, consola…) y eso, si va en detrimento de sus relaciones cara a cara, me parece muy peligroso. Hay cosas que como padre no puedes entrar a negociar porque son sagradas.
– ¿Cuáles? 
Los principales deberes de unos padres con respecto a su hijo es que cuando salgan de casa por la mañana lo haga bien dormido y alimentado. La falta de sueño es muy tóxica. Así que unos hábitos saludables no son negociables.
– De un consejo final a los padres. 
La ironía, por favor. Que no pierdan la capacidad de reírse, que no se tomen tan en serio todo. Y que vean a Los Simpson de vez en cuando.Homer será un bestia, pero cuando está en juego el amor de sus hijos, sabe que eso es valiosísimo. Y la principal obligación de una familia es preservar su amor mutuo. Y hay que olvidarse de los reproches.
Extractado de La Vanguardia

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