Volver a estudiar en tiempos de crisis

El abandono escolar se ha revelado durante la última década como la mayor preocupación educativa y social de nuestro país y se ha convertido en indicador de la calidad del sistema educativo. Detrás de cada caso de abandono hay una historia personal que, al margen de estadísticas y análisis de expertos, nos ayuda a entender con mayor profundidad qué se esconde tras esta realidad. Las vivencias de Jorge, Carmen, Lander, Daniel, Pilar y Jordi ponen al descubierto la complejidad del abandono escolar. En unos casos aparece como consecuencia de una época de engañosa bonanza económica, en otros es el fruto de un sistema educativo al que le cuesta responder a la diversidad. A todos, la actual crisis los ha convertido en víctimas de un mercado laboral mucho más competitivo y exigente que los ha devuelto a la enseñanza reglada y les ha hecho entender el verdadero valor de la educación.

 

Jorge Matute

34 años. Dos Hermanas (Sevilla)

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Utilizando un símil, si mis estudios hubiesen sido un coche, yo llevaría pegando volantazos toda mi vida. Estudié hasta EGB en el Colegio Claret de Sevilla, luego cursé primero y segundo de BUP en el IES Bellavista, pero aquello del Bachillerato no era lo mío y abandoné los estudios. A pesar de que era un alumno de los que se suelen calificar como flojo y poco constante, siempre eché en falta más apoyo del profesorado y también de mi familia. Mi madre se quedó viuda con dos niños pequeños y siempre estaba trabajando.

Cuando abandoné el Bachillerato comencé FPI de Química como operador de laboratorio, pero al poco lo dejé porque me interesaba más el análisis clínico y aproveché que se implantaron por primera vez los estudios de auxiliar de laboratorio y técnico de farmacia para matricularme. Terminé bien e hice las prácticas en la clínica USP Sagrado Corazón de Sevilla; al finalizarlas me ofrecieron un contrato y lo acepté. Trabajé dos años allí como técnico de farmacia pero el sueldo era muy bajo y yo tenía prisa por reunir algún dinero para casarme.

En aquellos años se ganaba mucho con la construcción y era fácil conseguir trabajo sin que nadie te pidiera un currículum o formación. Tenía conocidos que me animaron a sacarme el carnet de conducir y comencé a trabajar con un camión transportando material de construcción a las obras, que en aquellos años proliferaban por todas partes. En el camión le di muchas vueltas a la idea de retomar los estudios, pero era un trabajo muy absorbente y no era compatible con casi ningún plan de estudios.

Cuando me quedé en el paro, comencé a buscar cosas más concretas con las que pensaba que me sería más fácil volver a tener trabajo. Hice cursos de enseñanza on line y algunos de la Unión Europea, pero no eran enseñanza reglada y me servían para poco.

La crisis ha sido decisiva para que vuelva a los estudios. Cada vez en más ofertas de trabajo me pedían Bachillerato y la situación es más complicada. Estoy casado, tengo tres hijos y llevo en situación de desempleo desde julio del 2009. Con el paro sufrí un bajonazo de autoestima que se vio incrementado con el desorden de vida en el que estaba instalado. Todo el mundo tira de ti si necesita algo porque creen que como estás parado no tienes nada que hacer y no tienes obligaciones.

La vuelta a la enseñanza reglada no está resultando nada fácil, aunque sí gratificante. Lo que más me costó fue crearme una disciplina. Volví con tanta ilusión que me comía los apuntes y el primer curso lo aprobé todo, pero cuando vi que podía e incluso me resultaba fácil, me relajé. El segundo año estuve con una media depresión, se me acabó el paro y lo pasé muy mal. Eso repercutió en los estudios y me quedaron todas. Y otra vez surgió la tentación de tirarlo todo por la borda y abandonar, pero esta vez sí que conté con el apoyo del profesorado, que me ha ayudado a planificar lo que me queda para que no me frustre y abandone.

Mi objetivo es terminar Bachillerato: me he matriculado de cuatro asignaturas este curso y me quedan otras cuatro para el próximo. Me gustaría seguir en la Universidad estudiando Periodismo, aunque también me interesa mucho la Historia, especialmente la Arqueología. Pero ahora mi gran objetivo es conseguir trabajo y soy consciente de que, si lo consigo, va a ser muy complicado continuar, más aún con una familia numerosa detrás.

Carmen Cantalejo
45 años. Fuengirola (Málaga)
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Me lo he tomado tan en serio que las horas de estudio son sagradas. Mis amigos bromean comentando que parece que estoy estudiando unas oposiciones para notaría. No entienden mi interés, pero es fundamental organizarse bien y marcarse un horario de trabajo. Estoy encantada de haber vuelto a estudiar, pero hay que tener ganas…

Estoy haciendo segundo ciclo de la Enseñanza Secundaria de Adultos (ESA) en el Instituto de Enseñanzas a Distancia de Andalucía (IEDA). Mi idea es poder estudiar Auxiliar de Enfermería. Hace unos años si con mi edad me hubiera puesto a estudiar me hubieran tomado por tonta porque era fácil ganar mucho dinero en la construcción o en el turismo sin necesidad de tener ningún título. De dependienta o camarera no te exigían nada, incluso en marketing era suficiente con saber algo de inglés. Sin embargo, ahora te piden estudios para trabajar en cualquier cosa y eso ha hecho que la gente esté volviendo a estudiar. Lo he notado incluso en la Escuela Oficial de Idiomas. Yo estudio cuarto de inglés. Cuando comencé no había problemas para matricularte, ahora está saturada.

Crecí en el seno de una familia bastante humilde de Ardales, un pequeño pueblo del interior de Málaga. Mi padre era fontanero y repartidor de butano. Mi madre, ama de casa. Nunca fui una estudiante brillante, pero me gustaba estudiar. Con 14 años terminé EGB y en casa me dijeron que no había dinero para que yo estudiase. El esfuerzo lo hicieron con mi hermano, cinco años mayor que yo, que al final no lo aprovechó. Lloré, imploré que quería estudiar, pero no sirvió de nada. Mis amigos, sin embargo, habían salido fuera a estudiar y regresaban los fines de semana.

Estaba deprimida, triste y ante mi insistencia mis padres me dejaron que me fuera a vivir a Fuengirola con una madrina soltera. Allí tenía que trabajar para mantenerme. Comencé como cajera en un supermercado de lunes a domingo y por las noches asistía a clases de inglés en una academia. Encadené cursos de inglés, informática y administrativa. Hice también varios cursos gratuitos y me matriculé en primero de BUP con 27 años en el nocturno, al mismo tiempo que trabajaba en una tienda de surf. En verano lo dejé todo y me fui a Inglaterra de au pair. Al volver me quedé parada y dejé los estudios. También intenté el acceso a la Universidad para mayores de 25 años, pero no lo conseguí.

Mi pareja de aquella época trabajaba en la realización de vídeos musicales, películas y spots publicitarios. En el equipo necesitaban a alguien que supiera coser y me lo ofrecieron a mí. Ese trabajo me vino bien, ganaba mucho en pocos días y me permitía hacer otras cosas. Ahora soy autónoma y vivo de ello. Es un trabajo muy inestable: puedo estar un mes sin trabajar y al siguiente tener tres o cuatros encargos seguidos. Mis circunstancias personales han cambiado ahora y busco más estabilidad. Estoy casada y tengo un hijo de 7 años. No tengo la Educación Secundaria Obligatoria y eso me hace más difícil trabajar en lo que quiero.

Daniel Mesa

28 años. Sevilla

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El tercer día de clase la profesora de Geografía e Historia nos entregó unas fotocopias con los planetas del sistema solar y nos mandó recortarlos y pegarlos en el cuaderno. Recuerdo perfectamente que cuando estaba haciendo esa tarea en mi casa, me sentía un poco estúpido al estar con 27 años recortando y pegando. Al día siguiente lo comenté al resto de los compañeros y comprobé que no era el único que se había sentido así. Al menos eso nos valió para echarnos unas risas y rememorar otros tiempos escolares.

Desde que recuerdo, siempre he tenido problemas en el colegio. La escuela era un territorio hostil. No repetí curso nunca hasta que llegué al instituto. Allí me dediqué más a hacer el tonto que a estudiar. En el segundo año en el instituto y tras repetir, parece que me centré y logré aprobar segundo de la ESO. Pero mi falta de constancia hizo que en tercero solo me dedicara a pasear la mochila. Un año después, y tras repetir, dejé de ir a clase.

Estuve bastante tiempo en casa sin hacer nada, viviendo la vida contemplativa. Como era fácil dedicarse a la construcción, me fui con un primo de mi madre a trabajar de escayolista. Nunca me gustó ese trabajo, pero era lo más fácil. El tiempo fue pasando y encadené varios trabajos donde no duraba más de tres meses. Con 19 años tuve una enfermedad y eso me afectó para poder trabajar y volví a pasar una buena temporada en casa sin hacer nada.

En el 2008, un amigo me propuso que lo acompañara en un viaje a Japón. Me quedé enamorado de ese país y a la vuelta comencé a estudiar japonés en el instituto de idiomas. Allí conocí a un profesor de Arquitectura que también estudiaba japonés. Siempre me decía que hay que ponerse metas más altas de las que uno normalmente se propone. Puede parecer una tontería, pero pensé mucho en esas palabras y al curso siguiente comencé a estudiar ESA en el IES Bécquer y a seguir con mi curso de japonés. Actualmente, estoy de nuevo en punto muerto, ya que he vuelto a tener problemas con mi enfermedad. Ahora estoy recuperándome y esperando poder retomar los estudios.

Hasta que no eres adulto, no te das cuenta realmente de lo importante que son tanto la escuela como el instituto. Abandoné los estudios por desidia, pereza y vaguedad. No estaba motivado porque nunca he sabido qué quería hacer en mi vida. Ahora tengo la certeza de que mi vida laboral hubiera sido muy diferente si hubiera tenido estudios. En estos momentos no tengo trabajo, pero espero recuperar el tiempo que perdí en el pasado para encontrar un camino más provechoso.

Lander Gómez
20 años. Bilbao
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La verdad es que antes no tenía ningún interés por estudiar. Reconozco que la culpa solo ha sido mía, que he tenido apoyos; los profesores me han tratado bien, pero no he hecho caso. Desde que repetí dos veces en Primaria, todo se torció. En el instituto no me interesaba nada de lo que hacíamos, no recuerdo ninguna asignatura que me motivara; mi tutora me insistía y me decía que a ver qué pensaba hacer con mi vida, pero a pesar de todo ese apoyo no conseguí pasar de segundo de ESO.

Mi padre es pintor y mi madre masajista e hizo Magisterio. Ella ha estado siempre encima repitiéndome una y otra vez lo mismo: “Sácate por lo menos el graduado”. Mis padres se lo tomaban muy mal por cómo iba en los estudios y todo el día estábamos con broncas, pero la verdad es que cuando no quieres escuchar te quedas sordo. Yo no quería oír lo que me decían.

Con 15 años fui a un centro de educación complementaria y allí estuve un año. Era un centro para menores de 16 años, donde me encontré con gente tremenda, bastante broncas y algunos incluso violentos. Yo pasaba de todo, solo intentaba no meterme en líos y hacerme respetar. Era un ambiente imposible y muchas veces me preguntaba qué había hecho para caer allí. Lo único positivo que saqué de aquel sitio es que, en la parte práctica, hice cocina y carpintería, y esto me sirvió posteriormente.

Al final dejé también el centro de complementaria y me fui a Llodio a un Centro de Iniciación Profesional a hacer Soldadura, porque creí que me gustaba. Allí estuve dos años. La verdad es que no sé cómo resistí tanto tiempo porque me di cuenta de que ese mundo no me gustaba, era demasiado sucio y gris, todo el día estabas pringado. Lo dejé en el segundo año, también sin acabar. A través de Internet me enteré de que en el Centro Peñascal, en el barrio de Bolueta, en Bilbao, se podía hacer Iniciación Profesional de Carpintería, que era lo que más me había gustado de todo lo que había probado hasta entonces.

En este centro he encontrado otro ambiente, otro trato y otra forma de entender los estudios. La verdad es que al principio fue un poco flipante por la cantidad de colores, lenguas y tipos de gente que nos juntamos en este centro, pero tengo que reconocer que no he tenido ningún problema con nadie. Creo que el cambio ha venido por la edad. Tras terminar el Ciclo Inicial de Madera, saqué el graduado de Secundaria. La verdad es que no me resultó difícil, mi problema era de actitud y de falta de interés, y eso había cambiado totalmente. Ahora estoy cursando el Ciclo Medio de Carpintería y estoy muy contento. Me gusta hacer muebles, tarimas, armarios…

Entre la gente que me rodea son habituales quienes pasan de los estudios. Tengo amigos que no hacen nada y cuando los veo me dan pena. Les repito lo que a mí me decían: que no hagan el tonto, que los años que pierdes no se recuperan y que hay que tener algo, porque, si no, eres la última mierda. Me contestan que es una chorrada estudiar, que no sirve para nada. He tenido experiencia profesional en las prácticas de los ciclos, pero no he querido nunca ir a trabajar; no me gustaba lo que me ofrecían y prefería seguir aquí. Ahora tengo claro que hay que estudiar, que por fin he encontrado un camino. Por eso me he propuesto sacar el Grado Superior de Madera, aunque no sé cómo lo haré porque tendría que irme a Vitoria. Ya veremos.

Abandono escolarEn el 2009, más de seis millones de jóvenes europeos, el 14,4% de quienes tenían entre 18 y 24 años, abandonaron la educación y la formación habiendo concluido solamente el primer ciclo de Enseñanza Secundaria o un nivel inferior. Y lo que es aún más preocupante: el 17,4% de ellos había concluido solo la Enseñanza Primaria (datos extraídos de la comunicación Abordar el abandono escolar prematuro: una contribución clave a la agenda Europa 2020, de la Comisión al Parlamento europeo, al Consejo, al Comité Económico y Social Europeo y al Comité de las Regiones).


En España, siguiendo los datos arrojados por las encuestas de población activa (EPA), desde el 2001 hasta el 2009, centrando su análisis en los nacidos en 1985, se encuentra que un 12,5% de los jóvenes de 19 años han abandonado los estudios sin obtener el título de graduado en ESO, mientras un 20% ha dejado el sistema educativo tras conseguirlo. Ello supone un 32% de tasa de abandono, la tercera más alta dentro de la órbita de países europeos. La cifra se torna grave si se observa que dicha tasa apenas ha variado en los últimos diez años.¿Por qué se produce?Las razones del abandono de la enseñanza y la formación prematuramente son muy personales, aunque es posible identificar algunas características recurrentes.


1. El abandono escolar está estrechamente relacionado con unos entornos socialmente desfavorecidos y con bajo nivel educativo.2. El abandono no es algo aislado sino que obedece a un proceso. Suele comenzar en la Enseñanza Primaria. La transición de un centro de enseñanza a otro o de un nivel educativo a otro es particularmente difícil para el alumnado que presenta riesgo de abandono.3. El desajuste entre la enseñanza que reciben y las necesidades del mercado laboral puede aumentar el riesgo de fracaso escolar, ya que los alumnos carecen de perspectivas dentro del itinerario educativo que han elegido.4. La falta de planes de aprendizaje personalizados y flexibles.5. El abandono escolar prematuro tiene también una dimensión de género. En la Unión Europea, el 16,3% de los chicos abandonan prematuramente los estudios, frente a un 12,5% de las chicas.6. En algunos casos, se trata de un fenómeno predominantemente rural, con una alta incidencia en zonas apartadas. En otros afecta principalmente a las zonas desfavorecidas de las grandes ciudades.7. Algunos mercados laborales regionales y estacionales (por ejemplo, turismo o construcción) apartan a los jóvenes de la escuela y los atraen hacia trabajos no cualificados con pocas perspectivas de futuro por la disponibilidad de tales trabajos y la perspectiva de ganar dinero pronto para mejorar la situación económica de la familia o para permitir que el joven sea más independiente.


¿Por qué se vuelve a estudiar?
1. Durante el auge de la llamada burbuja inmobiliaria, fueron muchos los jóvenes que abandonaron sus estudios atraídos por un mercado laboral en el que predominaban los empleos poco o nada cualificados. Con la crisis, muchos de estos jóvenes han pasado a engrosar las listas del paro en un mercado en el que se exige cada vez un mayor nivel de cualificación académica.2. En general, los trabajos están peor remunerados y son más precarios. La mayor exigencia laboral ha hecho regresar a las aulas a miles de jóvenes que ven peligrar su puesto o encontrar otro nuevo si no mejoran su formación.3. La existencia de centros de segunda oportunidad, como la Educación de Personas Adultas, que difieren notablemente de los de la enseñanza general, al abordar las dificultades que los alumnos tuvieron en la enseñanza general.4. La existencia de fórmulas de enseñanza en un entorno de aprendizaje individualizado y de apoyo, así como un enfoque flexible adaptado a las necesidades de cada joven.

Pilar Coll
47 años. Estepona (Málaga)
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Yo no abandoné los estudios de forma voluntaria; mi madre no estaba por la labor de apoyarme en mis intenciones de estudiar. Cuando yo tenía un año se establecieron en San Pedro de Alcántara. Mi padre era camionero y mi madre trabajaba en un hotel. Soy la mayor de cuatro hermanos, por eso cuando terminé EGB me cargaron con la responsabilidad de cuidar a mis hermanos y de las labores de la casa.

Después me pusieron a trabajar de limpiadora porque la familia necesitaba mi sueldo. Encontrar trabajo sin que me requirieran formación o estudios influyó mucho en que no volviera a pensar en estudiar. Tuve la suerte de conseguir un empleo estable y duradero durante diecisiete años en una lavandería-tintorería donde hice de todo: faenas de secretaria, clasificación de prendas, reparto y todo lo que hiciera falta. Terminé como jefa de personal y encargada. Tenía un buen trabajo, que además me gustaba; un sueldo aceptable, un coche, una casa y una vida más o menos cómoda.

Pero un día todo mi mundo perfecto se derrumbó. Caí enferma, me diagnosticaron cáncer y tuve una baja muy larga, casi dos años; mi jefe me dio todo el apoyo que podía darme y me ayudó muchísimo. Sin embargo, el tribunal médico diagnosticó incapacidad permanente total para ese trabajo y similares. A partir de ahí, ya todo fue un caos. Me encontré sin empleo, sin dinero, sin casa, sin coche, y con una incapacidad que me impedía realizar trabajos de esfuerzo o que requirieran contacto con productos tóxicos o abrasivos.

Me sentía tan inútil… Pero pensé: ¿qué puedo hacer para solucionar mi situación? Me puse a hacer cursos de formación del INEM y me saqué el título de auxiliar administrativa. Ya podía dedicarme a buscar trabajo, pero me encontré con otro inconveniente: todos los empleos que encontraba de auxiliar pedían un requisito imprescindible: el graduado en ESO, FPI o superiores. Ya tenía el FPI, pero no la ESO. Y el graduado escolar no era suficiente acreditación. Tenía que sacarme la ESO. En estos momentos llevo un mes trabajando de auxiliar administrativa para una fundación benéfica, pero con condiciones: si consigo la ESO, mi contrato se puede convertir en indefinido por mucho tiempo; en caso contrario, prescindirán de mis servicios. Y por eso he vuelto a los estudios que no pude hacer en su momento. Cada vez es más difícil, se precisan más estudios y existe más competencia.

Jordi Astilleros
28 años. Bilbao
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Llevo ocho meses sin cobrar de la empresa, estamos en un proceso de regulación de empleo y con un riesgo claro de que cierren y nos despidan a todos. Vivo en casa de mis padres porque con mi sueldo no puedo permitirme tener una casa propia y menos ahora. Lo único positivo, por decir algo, es que tengo mucho más tiempo para estudiar; ahora hay días que meto hasta cinco horas para sacarme a distancia el graduado en Secundaria.

Nunca he sido un broncas en clase ni he bebido ni he fumado porros como otros. Mi problema es que todo lo dejaba para después. “Mañana lo hago”, decía; siempre pensaba que tendría tiempo y los exámenes me cogían sin haber hecho nada. Sin embargo, mi relación con los profesores en general ha sido buena, incluso con alguno me he ido de cañas; tenían buen rollo. Pero no estudiaba y se me iban acumulando suspensos. Repetí tercero y cuarto de ESO y no conseguí sacarme el título de graduado, a pesar de los esfuerzos de algunos profesores; incluso, he de reconocerlo, poniéndomelo más fácil.

Tengo tres hermanos que han estudiado, mi hermana incluso es profesora de Infantil y mis hermanos han conseguido el graduado y han terminado el Bachillerato. Mis padres nos han animado a todos, pero cuando vieron que yo no hacía nada y que no quería estudiar, me pusieron a trabajar. La verdad es que ha habido broncas con mis padres, pero no han sido muy fuertes, porque no era un chaval conflictivo. Estuve en Barcelona unos meses en una empresa de metal, luego me salió otra empresa en Bilbao, más cerca de casa, hasta que finalmente me coloqué en la empresa de plásticos en la que actualmente estoy trabajando, aunque sea a medias. Sin duda, es en la empresa donde realmente he aprendido todo lo que sé, porque he tenido que hacer cursos específicos de Autocad, Excel y otra serie de programas informáticos imprescindibles para desarrollar mi trabajo.

Estoy pensando que igual hago un Ciclo Formativo de Grado Medio de Artes Gráficas, pero primero tengo que sacarme el graduado, porque me faltan tres asignaturas. Ahora estoy seguro de que lo voy a conseguir porque me he metido a fondo. Hace unos años estuve también apuntado para sacarme el graduado, pero tenía que compatibilizarlo con el trabajo y no tenía tiempo para estudiar. En un cuatrimestre pude recuperar las asignaturas de tercero, pero con las asignaturas de cuarto me fue imposible.

Cuando lo pienso, tengo claro que he hecho el tonto, que ha sido pura dejadez, que es imprescindible tener algo que te dé una cierta estabilidad, por eso también quiero preparar alguna oposición para policía o bombero porque todo está muy mal y, en estos momentos, lo más a mano que tenemos es la cola del paro.

Manuel Martín González

Periodista y profesor de Secundaria

Francisco Luna

Instituto Vasco de Evaluación e Investigación Educativa (ISEI-IVEI)

Cuadernos de Pedagogía, Nº 426, Sección Reportaje, Septiembre 2012, Editorial Wolters Kluwer España

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