ÁNGEL PÉREZ GÓMEZ: “OFRECIENDO EL SERVICIO A LA COMUNIDAD, ENCUENTRAS EL SENTIDO DEL CONOCIMIENTO”

En el marco de la convocatoria que a comienzos del año 2014 se formulara en Venezuela, en aras de iniciar un debate nacional sobre la Calidad de la Educación, Luis Bonilla-Molina conversa con Ángel Pérez Gómez, catedrático de la Universidad de Málaga, España. 

 

Luis Bonilla: A partir de toda la experiencia española, de todo el proceso de transformación del sistema educativo español ¿cuáles son los principales retos que tiene la educación hoy en día?

Ángel Pérez Gómez: Yo creo que el reto del sistema educativo español hoy día es el reto de la calidad, el sistema educativo español ha conseguido llegar a todos los rincones más alejados de todas las poblaciones y a todos los niños y niñas. Pero el problema es el asunto de la calidad, que sea relevante el aprendizaje de los niños en la escuela.

Luis Bonilla: Ahora bien, el tema de la calidad no es un tema neutro, también es una expresión polisémica que además puede ser interpretada de acuerdo a la posición política e ideológica que se tenga, y hay incluso una desviación de considerar la calidad sólo como aprendizajes, ¿Cuál es tu perspectiva al respecto?

Ángel Pérez Gómez: mi perspectiva es que lo importante, lo realmente relevante en la actualidad es provocar en la escuela el desarrollo de los recursos de comprensión y de acción que van formando poco a poco la personalidad de cada niño y de cada niña. Y a mí me parece que la escuela por ahora, la convencional, la histórica, esta escuela que se consolidó en el siglo XIX en Europa, en España, es una escuela desbordada y es una escuela anacrónica; y no consigue hoy desarrollar esos recursos de comprensión y de acción.

El aprendizaje memorístico de datos, de hechos, de fechas, de formulas matemáticas, etc., no consigue que los niños aprendan a pensar a sentir y a actuar. Y el reto de la escuela es crear los escenarios, programas, actividades, formulas de intervención que impliquen a los niños y que desarrolle en ellos la capacidad de pensar, de comunicar, de sentir y de actuar. Me parece que el dispositivo escolar que conocemos de finales de siglo XIX hay que cambiarlo de manera radical porque estaba hecho para que las personas aprendieran a repetir y a reproducir de manera mecánica hechos, datos, conductas, porque era lo que exigía mas o menos la sociedad industrial en aquella época, pero la sociedad compleja en la que vivimos, la sociedad digital, la sociedad donde los niños y las niñas viven saturados de información y rodeados de incertidumbre requiere del desarrollo de capacidades intelectuales de orden superior; es decir, la capacidad de comprensión compleja, la capacidad de comparación, de evaluación, propuestas, creación e innovación. Nada de esto lo hace la escuela actual, al menos en España. Entonces se requiere cambiar radicalmente el currículo, el escenario, el espacio, el tiempo, las actividades, las formas de evaluación y la concepción del propio docente.

Luis Bonilla: Tú has estudiado por mucho tiempo el tema de las culturas escolares, tú tienes un texto que es referente en Venezuela: “La cultura escolar en la sociedad neoliberal”, en ese texto caracterizas muy bien a la escuela en el presente, ¿cómo es esa escuela?, ¿cuáles son los rasgos distintivos de la cultura escolar en la actualidad?

Ángel Pérez Gómez: Esta cultura es un poco lo que te mencionaba anteriormente, está diseñada al estilo y a las exigencias de la época industrial y no nos sirve para la actualidad. Es una escuela de talla única que intenta enseñar a todos los niños lo mismo, al mismo ritmo, con las mismas peculiaridades, con las mismas exigencias, con los mismos métodos, con los mismos libros de texto y los mismos exámenes, y por tanto provoca la uniformidad. Y la uniformidad va en contra, y no consigue la igualdad de oportunidades porque los niños llegan a la escuela con un baraje cultural muy distinto al de su origen social, de género, político, económico, ideológico, etc., y requieren un tratamiento personalizado y singular para que cada uno se desarrolle en función de donde cada uno ha iniciado su proceso de desarrollo.

Esa escuela de la sociedad neoliberal es una escuela que provoca el fracaso de los más desfavorecidos y por tanto sólo triunfan aquellos que en la familia encuentran una cultura similar académica a la que tiene la escuela, pero ¿cómo compensar las diferencias?, ¿cómo es posible que todavía las pruebas internacionales de evaluación, la variable que predice mejor el rendimiento académico de los niños y las niñas cuando llegan a los 15 años es el nivel sociocultural de la familia?. ¿Qué hace la escuela?, ¿es incapaz de compensar las diferencias de origen?, sí, porque trata a todos de la misma manera y no, porque en la escuela hay que tratar a cada uno en función de sus necesidades y permitirle que vaya creando su propio proyecto personal, académico, social, político, económico, etc. Y eso no lo hace la escuela.

Considero que a la sociedad neoliberal no le interesa que los niños y las niñas aprendan a desarrollar su propio proyecto singular, aprendan a pensar, aprendan a criticar, aprendan a cuestionar y aprendan a intervenir social, humanamente, moralmente y políticamente. Y por eso es una escuela tan estéril en la actualidad, lo que aprenden los niños en la escuela no les sirven para comprender la complejidad del mundo donde vivimos y menos para intervenir en ese mundo tan complejo en el que vivimos

Luis Bonilla: Cambiar la escuela implica un esfuerzo por transformar también la formación docente, en ese sentido, ¿cuáles son las áreas prioritarias que abordar en la formación de los profesores?

Ángel Pérez Gómez: Evidentemente, a mi me parece que la formación de los docentes es clave para precisamente lograr este cambio cualitativo en la escuela, el profesional docente debe ser un profesional que es capaz de exhibir las competencias que queremos desarrollar en los niños, las tiene que exhibir en sí mismo, y luego tiene que ser un profesional que debe cambiar el esquema básico del docente del siglo XIX, del siglo XX, estos eran docentes que transmitía muy bien la información y transmitía muy bien conocimiento, con independencia de si esa forma de transmitir el conocimiento provocaba aprendizaje en el niño o no. El docente del siglo XXI es un profesional del aprendizaje que tiene que provocar aprendizajes significativos y relevantes, es decir, que tiene que enseñar, que tiene que acompañar a que los niños y niñas aprendan a pensar, aprendan a sentir y aprendan a actuar; y por tanto su función es más una función tutorial, no es más una función de transmitir información, sino de organizar los recursos, diseñar los escenarios donde se van a mover los niños y las niñas para que ellos sean capaces de aprender individual, grupal, colectivamente, aprender a pensar, a sentir y a actuar.

Claro, es un profesional muy distinto, cómo lo formamos. A este profesional hay que formarlo también en una estrecha relación entre la teoría y la práctica o de la práctica y la teoría. España por ejemplo, se aplica mucho el academicismo, los docentes han aprendido muchas teorías del aprendizaje, diferentes autores del currículo, pero no sabían cómo aplicarlas. Por lo tanto lo importante es que desarrollen la capacidad de diseñar, de comprender, de actuar y de evaluar para ayudar a los niños y las niñas y acompañarlos, estimularlos y provocar la construcción de su personalidad. Y eso requiere que la formación de los docentes sea al mismo tiempo en la escuela con la práctica y en la universidad con la investigación. La practica sin la investigación es reproducción del pasado y no nos sirve, pero la investigación o el academicismo sin la práctica se convierte en mera retorica.

Es necesario por una vez ya decidirnos a integrar la investigación y la práctica, es decir, la investigación y la acción. Y los futuros docentes, según mi modelo, deberían estar por las mañanas en los centros escolares infantiles, primarios o secundarios, y por la tarde en la universidad, investigando, discutiendo debatiendo, discutiendo, promoviendo y planificando cómo intervenir en la escuela de una manera más eficaz.

Luis Bonilla: Los estudiantes hoy en día desde el nivel maternal hasta el nivel universitario, sobre todo los estudiantes de pregrado, son estudiantes que nacieron de la década de los 90 para acá, es decir, en el marco de la revolución tecnológica. Muchos de los jóvenes que están en la universidad creen que el Ipod o la música digital es eterna, o las redes sociales, o el internet, su imaginario está configurado en una realidad que es distinta a la del docente que hoy labora en nuestro sistema educativo nació entre los 50 y los 80. Ahí pareciera que hay un desfase generacional y hay temas que son necesarios abordar para generar ese encuentro generacional.

Ángel Pérez Gómez: Totalmente de acuerdo, decía Sergrevys que el currículum escolar es del siglo XIX, los docentes somos del siglo XX y los niños son del siglo XXI y por lo tanto hay un desajuste que provoca desequilibrios. Yo diría que en cierta manera es así, pero podemos intervenir para resolverlo de una manera muy clara. Los niños, las niñas y los jóvenes con los que nosotros trabajamos están integrados perfectamente en la era digital y por tanto tienen oportunidades clarísimas de tener toda la información a su disposición, de manera ubiicua, fácil, accesible y gratuita por tanto esa ya no es nuestra visión fundamental como docentes, no es transmitir información sino ayudarles a que sean capaces de seleccionar la información que merece la pena de la que no. Y por tanto ahí si tenemos una apuesta clarísima y un compromiso claro: ¿cómo ayudamos a las nuevas generaciones para que discriminen lo que merece la pena de lo que no, para que comprueben dónde están las fuentes de información valiosas y dónde están los engaños, las patrañas, las mentiras, las sofisticaciones que se transmiten a través de los medios de comunicación y que simplemente por aparecer en la televisión o en internet, ya parecen que son verdades absolutas? ¿Como ayudarles a crear recursos de pensamiento crítico, recursos de pensamiento que sean capaces de discriminar y diferenciar? A mí me parece que eso requiere que nosotros reinventemos la función docente, los niños y las niñas pueden perfectamente encontrar información en paquetes informáticos hechos, en videos perfectamente construido para transmitir cualquier ámbito del conocimiento humano. Ahora bien, cómo lo incorporan ellos a su esquema de pensamiento para que los conviertan en recursos útiles y activos para comprender la complejidad del mundo y luego intervenir activamente en ello. Esa es nuestra función como docentes.

Y ahí tenemos una tarea clarísima: y es indagar cómo se construye el conocimiento activo, el conocimiento crítico, y el conocimiento creativo; y tenemos que ayudar a nuevas generaciones a que construyan esos recursos potentes en sí mismos que les permita una cierta autonomía, libertad e independencia. Y que no se traguen cualquier cosa que se les llega por las pantallas con las que se ponen en comunicación.

Luis Bonilla: El Banco Interamericano de Desarrollo con su equipo de educación plantea la posibilidad de invertir la pirámide de aprendizaje, ellos señalan que una vez desarrollado y sea masificado a tal punto en muchos de los países, estaría planteado que los niños y jóvenes aprendan en casa y que la escuela sea simplemente un espacio para evaluar. ¿Cuál es tu criterio al respecto?

Ángel Pérez Gómez: Yo creo que esta inversión tal y como se plantea es perversa, pero hay otra inversión que si es muy positiva, es decir, que los niños pueden aprender información a través de su interacción con los medios digitales, pero convertir esa información en conocimiento requiere mucho más que sólo empaparse de información. Es verdad que los docentes podemos situar la transmisión de información en los videos, videos que nos los ponemos, que traemos por internet, o que bajamos de la nube, etc. Pero, después en las clases lo que tenemos que hacer es convertirlas en espacios de debate, espacios de discusión, espacios de resolución de problemas, espacios de elaboración cooperativas de proyectos, de propuestas, de análisis de investigación. Y así convertimos el espacio del aula e un espacio mucho más rico que la escuela convencional de antes, que era transmitir información. Y algo mucho más rico es lo que quiere hacer ahora el banco mundial que es convertirlo sólo en espacios de evaluación. Por lo contrario, tienen que ser espacio de creación, de construcción compartida de conocimiento, y la información situarla, evidentemente, en la nube, porque está muy bien o en los discos duros externos o en los videos.
Pero, ¿qué hace ese niño con esa información para convertirla en conocimiento?, tiene que practicarla, tiene que discutirla, tiene que contrastarla, y tiene que experimentarla.

Y luego el conocimiento tiene que convertirlo en sabiduría, y todo eso requiere la presencia activa del experto en educación que es el docente, lo que además es la manera de acomodarse a las diferencias de cada niño y de cada niña. Cada niño, cada niña tiene un ritmo, unos intereses, unas expectativas y un camino personal que cubrir. ¿Quién le ayuda a construir ese camino?: el docente. Toda la sociedad le va a ayudar pero bajo la orientación del docente, porque el docente es el único experto que le puede dar ese conocimiento. El padre, la madre, la familia, etc., lo harán con la mejor intención pero no están formados para ello, tampoco la sociedad, los medios de comunicación, los partidos políticos tampoco. Es el docente el que tiene el conocimiento para ayudar a que el niño transite de la información al conocimiento, y del conocimiento a la sabiduría.

Luis Bonilla: desde el punto de vista de la escuela con la comunidad en torno ahí también hay tema que tenemos que repensarlo: como involucramos mucho más a los padres sin perder la potencia del estado. ¿Cuál es la experiencia de ustedes en los últimos años al respecto?

Ángel Pérez Gómez: yo creo que la apertura de la escuela a la comunidad es una estrategia privilegiada de primer orden, porque el niño lo que tiene que aprender es que el conocimiento es un instrumento para entender la vida, entender la sociedad, para entender la economía, para entender la naturaleza; y eso esta es en la sociedad, no está en las bibliotecas, no está en un aula cerrada, hay que abrirse. ¿Y cómo se abre uno a la sociedad? de múltiples formas. Primero sacando a los niños de la escuela para que hagan también experiencias educativas, investigaciones o mini investigaciones en el contexto natural, en el contexto social, en el contexto ambiental; y que recojan lo que ocurre en la realidad. Y en segundo lugar trayendo también la sociedad a la escuela, los padres, madres, profesionales, etc., tienen que venir a ofrecer su perspectiva, su conocimiento profesional y su conocimiento social y político, a los niños, para que ellos vayan formando su propia mente a través del contraste y de la discriminación de lo que merece la pena y lo que no.

En España hay una iniciativa que a mí me parece muy interesante que es el aprendizaje servicial, es decir, provocar que los niños y las niñas y también los maestros y docentes, aprendan, se desarrollen y descubran, al mismo tiempo que hacen algo interesante para la sociedad, que ofrecen un servicio a la comunidad y ofreciendo el servicio a la comunidad encuentras el sentido del conocimiento: que es ayudar a la mejora de la vida, del buen vivir, del bienestar, a la igualdad de oportunidades para todos y sobre todo para los más desfavorecidos y para los que más lo necesitan. Entonces el conocimiento cumple una función técnica y una función ética y política.

Luis Bonilla: me atrevo a pedirte desde tu perspectiva, tres medidas urgentes para mejorar la calidad de la educación hoy.

Ángel Pérez Gómez: si me pidieras por dónde empezar, yo empezaría clarísimamente por la formación de docentes. Hay que formar docentes muy bien preparados y con pasión por el saber, por descubrir todos los ámbitos de la realidad y pasión por ayudar a aprender. Si saben mucho pero no tienen pasión por ayudar a aprender a las nuevas generaciones, no son docentes. Entonces hay que formar docentes que tengan conocimientos, habilidades, actitudes y disposiciones para acompañar, estimular, provocar y ayudar a todos y a cada uno de los niños a aprender, a desarrollarse, a construir su personalidad. Esa sería la primera medida.

La segunda medida sería fundamentalmente modificar el dispositivo escolar de tal manera que la escuela sea un espacio para el trabajo, no para recibir pasivamente, que la escuela sea entonces un espacio para la actividad, que el niño va a la escuela a actuar, va a jugar, va a investigar, va a trabajar; no sólo va a estudiar. Por eso para mí es mucho más importante definir a los nuevos ciudadanos en etapa de formación como aprendices que sólo como estudiantes, porque tienen que aprender estudiando, pero también tienen que aprender actuando, investigando, desarrollando programas, proyectos, actividades de todo tipo. Entonces cambiar el sentido de la escuela.

Y en tercer lugar, yo diría, por lo menos aquí en España me parece importantísimo, la participación de toda la comunidad para lograr un consenso educativo. Aquí en España cada cinco, cada diez, cada quince años cuando cambia el gobierno, se cambia la educación de arriba abajo. Se cambia, pero no se cambia la educación, simplemente se cambian las leyes que intentan gobernar la educación, pero la práctica educativa, el quehacer escolar no ha cambiado en los 35-38 años que llevamos de democracia. Es necesario un consenso social, político de la importancia enorme que tiene la educación, que es la inversión más productiva que tiene la sociedad. Hay que invertir en educación, y que toda la sociedad: los padres, las madres, los partidos políticos, los sindicatos, etc., sean conscientes de que lo más importante para el futuro de la sociedad es la educación. Por tanto que lleguen a un consenso político de que la educación es el bien prioritario y que tenemos que llegar a unos mínimos acuerdos para potenciar la educación.

Luis Bonilla: precisamente en esa orientación, y para ir cerrando este primer encuentro, nos gustaría que les dirigieras un mensaje a todos esos maestros, maestras, profesoras y profesores venezolanos que están debatiendo hoy en las aulas con sus alumnos, en las comunidades, precisamente para poder intentar recorrer el camino para un consenso para la educación de los próximos 12 años en el país.

Ángel Pérez Gómez: Primero un saludo muy cariñoso, y hacerlos consientes, supongo que ya lo son, yo también, de lo que yo he aprendido a lo largo de mi vida. Es una profesión difícil, complicada, con muchas insatisfacciones, pero yo considero que es la profesión más valiosa y es la profesión en la que uno se siente realizado de manera más completa. Cuando una niña o un niño que has tenido hace 15 o 20 años, lo encuentras ahora y se ha convertido en una persona ya mayor y reconoce que tú fuiste un puntal y un referente clave para su vida es una plena y enorme satisfacción. Que en los momentos difíciles se acuerden que aunque en la escuela parezca que su actividad no tiene influencia, tiene enorme influencia si lo hacen por amor y si llegan realmente a tener pasión por ayudar a cada niño a que construya su propio proyecto personal de vida.

Luis Bonilla: Gracias al Dr. Angel Perez Gomez, catedrático de la Universidad de Malaga por este contacto internacional referido a la Calidad Educativa

Entresacado del Blog: otras voces en educación

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