Experiencia educativa: El Centro de Viñagrande (Galicia)

 

Francesco Tonucci soñó un día La ciudad de los niños. Una ciudad amable en la que los rapaces puedan jugar en las calles, correr, trepar. Un espacio por el que puedan moverse, tan seguros como libres. Sus ideas han servido de inspiración a políticos -los que dirigen la ciudad de Pontevedra llevan años bebiendo de ellas- y, también, a muchos maestros que han encontrado entre las líneas escritas por el psicopedagogo y pensador italiano una nueva forma de relacionarse con sus alumnos. 

El colegio de Viñagrande, en San Miguel de Deiro (Vilanova) es uno de los centros en los que los profesores han querido poner en práctica algunas de las propuestas de Tonucci. Y ayer tuvieron la oportunidad de contrastar con el maestro su revolucionario programa educativo.

Javier García es el capitán de este barco escolar. El director del colegio explicó que en Viñagrande se han intentado plasmar tres de los principios Tonucci. El primero, dejar que los niños se expresen y dar un papel protagonista a la actividad psicomotriz y al aprendizaje lúdico, permitiendo la mezcla de edades en los grupos de trabajo. Y decimos grupos porque en Viñagrande no hay aulas, sino «contextos de aprendizaje» por los que los niños transitan. Darle salida y proyección al trabajo de los alumnos (programas de radio, revistas escolares) es la tercera línea maestra que ayer se sometió al escrutinio del maestro italiano.

Tonucci escuchó con atención el resumen inicial del director. Que la actividad física juegue un papel fundamental en la jornada escolar de Viñagrande «es un primer punto a favor de vuestra escuela», ya que el movimiento y la actividad a primera hora hace que los niños se activen y que mejore su concentración sin necesidad de «bombardearlos con psicofármacos».

Que los niños de edades distintas se mezclen es otra de las «revoluciones» de Viñagrande. Esa heterogeneidad funciona, «porque el niño de tercero que está al lado del de cuarto intenta hacer las cosas como él, se motiva y el aprendizaje se produce», según relataba Javier García. Tonucci animó a los maestros a «mezclar aún más» las edades, ya que ese camino es el que acabará por romper esa noción anticuada de educación igualitaria en la que los diferentes no tienen cabida.

El pensador italiano también celebró que en Viñagrande hayan desenterrado el concepto de «aula». «Las aulas son espacios antinaturales. Son lugares que se repiten, siguiendo el modelo de las cárceles o los monasterios. Y tienen un efecto raro porque los niños, sin moverse de ese sitio, cuando suena una campanilla tienen que cambiar de chip en el tiempo en el que guardan un libro y sacan otro», explicó. También mostró sus reservas con los deberes. «Espero que en esta escuela no haya deberes», dijo dirigiéndose al director, que descartó la idea agitando la cabeza.

¿Acostumbrarse al sufrimiento?

Ayer, los que se movieron por Viñagrande fueron los integrantes del séquito que acompañaba a Tonucci. Primero vieron a los niños de Infantil reptando por el suelo de su aula, ayudando sin saberlo a que sus conexiones neuronales se conecten. Luego asistieron a una clase de música en la que tocaba bailar. Y en medio de un espacio reservado para el juego, Tonucci habló de la importancia de la felicidad en la infancia. «Queremos acostumbrar a los niños a sufrir de pequeños porque van a sufrir de mayores», reflexionó el italiano. En Viñagrande no quieren cometer ese error. Este es el colegio de los niños felices.

«Con los dibujos intento hacer visible lo que posiblemente piensan los niños»

El pedagogo italiano ha encontrado en Pontevedra fieles admiradores de su forma de ver la vida, y el viernes se inaugurará en la capital de la provincia una muestra de dibujos de su autoría. Frato, que así es conocido también Tonucci, fue ayer muy claro: «Mi esfuerzo ha sido hacer visible lo que posiblemente los niños piensan», porque, en realidad, no hay muchas formas de averiguarlo. Por eso lleva 50 años aprovechándose, según sus propias palabras de las ambigüedades que generan los padres y maestros con sus hijos y alumnos. «Las viñetas -resume Tonucci- salen de los errores de los adultos», y detrás de ellas «está la idea de que la relación entre mayores y pequeños debería ser otra, y no así, ambigua». De hecho, muchas de ellas están inspiradas en casos reales, en anécdotas que los propios niños o sus tutores le cuentan.

Y, error a error, el investigador que dibujaba se convirtió en un dibujante que investigaba. El estudioso tenía miedo de que dedicarse a hacer viñetas fuese poco digno. Y un día, un psicólogo que le mostró un test sobre agresividad en adultos, le pidió que hiciera algo similar pero para niños. Y llegó la Revolución del 68 y, aunque en España tocó de una forma más tangencial, Europa sí se vio invadida por una revolución que permitió a los estudiantes tomar las escuelas junto a los obreros, y en la que los intelectuales se vieron obligados a buscar una forma de comunicación más directa con la gente.

Y fue entonces cuando sus viñetas, que nunca terminaron de llegar a sus verdaderos destinatarios, los maestros, lo hicieron. Y Frato comenzó a ser conocido y a adquirir cierta fama, mientras Tonucci seguía oculto tras sus investigaciones. «Mucha gente no sabía que eran la misma persona, y a mí me gustaba ese juego, ese disfraz», reconocía el italiano.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s