“ El secreto de la eterna juventud” HELDER CÁMARA

El  secreto para ser siempre joven y seguirlo siendo por mucho que los años transcurridos vayan haciendo mella en el cuerpo, el secreto de la eterna juventud del alma está en tener una causa a la que consagrar la propia vida.

A los veinte años, sin sombra de arruga ni cana alguna, ¡ya se puede ser un derrotado en la vida, un pesimista, un viejo! Todo aquel que no se decida de una vez a comprender lo que es la vida ni dar con las razones que se puede tener para aceptar su reto, ya ha comprometido irremediablemente su juventud…

Consagrar su vida a una causa es de gran importancia. Pero hay que ir con cuidado para no equivocarse de causa.

La historia nos ofrece ejemplos de causas grandes.

– cuando en los países que, como Brasil, conocieron durante siglos la vergüenza de la esclavitud africana, estalló el movimiento abolicionista, no pudo menos de subirse a su carro el entusiasmo de los jóvenes que gozosamente corrieron infinidad de riesgos para ayudar a los esclavos a liberarse y poner en marcha una gran corriente de opinión pública de lo más hermoso, para hacer añicos de una vez por todas las estructuras esclavistas. Poetas, periodistas, tribunos, sacerdotes, hombres y mujeres de toda clase y condición fraternizaron emulándose en la lucha sagrada cuya meta estaba en la libertad de todos los hijos de Dios;

– cuando en el siglo XIX en América latina y en el XX en África y Asia, surgió el movimiento anticolonial para sostener a los pueblos en su voluntad de acceder a la independencia política, el mundo no pudo menos de caer en la cuenta de lo vergonzoso e inútil que sería empeñarse en mantener las estructuras coloniales. Y hoy cada país liberado cuenta con sus héroes, sus poetas, sus polemistas, sus mártires y sus santos.

Sin menospreciar todas las otras causas merecedoras de una dedicación total y dignas de cualquier sacrificio, nos atrevemos a afirmar rotundamente, sin miedo alguno a equivocarnos, que hoy también contamos con una causa del siglo: completar la liberación de dos hombres de cada tres, que siguen siendo todavía esclavos aun cuando ya no se les aplique más tal adjetivo; acabar de una vez la liberación de tantos países que si de hecho ya han conseguido que se les reconozca oficialmente independientes, todavía no han conquistado su independencia económica, y sin ésta su ingreso en la ONU carece de valor alguno.

Lo más apasionante de todo ello es que esta vez el esfuerzo tenemos que hacerlo todos y para todos.

HELDER CÁMARA

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