¿Qué sentido tiene REPETIR curso?

REPETIR: VOLVER A LA CASILLA DE SALIDA

“No repetir” era una de las propuestas fundamentales de la Carta a una Maestra (Alumnos de la Escuela de Barbiana). La reflexión sobre el tema, ahora que acaban los cursos y estamos devanándonos la cabeza en las Juntas de Evaluación y en las Valoraciones de los resultados académicos, merece la pena. Todos sabemos lo que es norma de la Administración Educativa pero eso no puede evitar nuestra reflexión. Lo cierto es que, como concluye esta artículo, demasiadas veces se desplaza el problema de forma unilateral a la única responsabilidad del alumno. ¿Se podría enfocar el tema de otra manera, de una manera en la evidentemente el alumno también fuera responsable?. Vamos a dialogar. 

«No promoción»

Es el eufemismo con el que las leyes educativas denominan al hecho de repetir curso

A pesar de considerar la evaluación del proceso de aprendizaje del alumnado de Educación Obligatoria como «continua, formativa e integradora», en realidad, la evaluación está basada en el modelo examen, donde la repetición es el castigo de los «malos estudiantes». Un modelo sancionador en lugar de un modelo de aprendizaje:

Encontrar los puntos deficitarios del proceso individual de cada alumno para poner en marcha las acciones necesarias para la mejora de las competencias del alumno y del proceso.

El eufemismo legislativo se pasa pronto, porque enseguida la normativa deja claro que lo contrario a promocionar es repetir: « …y repetirá curso cuando tenga evaluación negativa en tres o más materias».

Casilla de salida

También enseguida la normativa pone en entredicho la supuesta bondad de la medida cuando legisla que «se podrá repetir el mismo curso una sola vez, y dos veces como máximo dentro de la etapa»: si es una «buena medida», ¿por qué limitarla?

Así llega la realidad: aprender como juego de un extraño parchís donde al sacar tres veces un 4, vuelves a la casilla de salida.

El sentido de la evaluación

El primer error respecto a la repetición como medida de mejora es el sentido mismo de la evaluación.

La evaluación es una etapa más del proceso educativo. Sin embargo, este elemento que tienen una base fundamentalmente educativa y una dinámica procesual, se transforma una meta del mismo.

Una evaluación planteada como un elemento de mejora para los docentes y alumnos no podría ser tomada como un juicio que dictara sentencia. Una sentencia final e inapelable, cuya ejecución es un número, y su justificación un examen que “no es imparcial”, pues sólo muestra una parte. Argumentos de muy poco peso para el objetivo que debería perseguir: conocer y refrendar el aprendizaje real del alumnado, los hechos que le han acompañado y el diseño de las posibilidades de mejora.

La repetición de curso no es una oportunidad es un castigo

La repetición de curso es un error: Elijo, y resumo, cinco motivos que aduce Mariano Fernández-Enguita:

  • La repetición no mejora los resultados académicos de los estudiantes… ni les ayuda a nivelarse con el resto.
  • Los alumnos que repiten tienen una mayor probabilidad de dejar la escuela que aquellos que no lo hacen.
  • Repetir perjudica el desarrollo socioemocional del alumno… dado que retiras al niño de su entorno social y lo pones en uno extraño.
  • Repetir es costoso para el alumno y para el sistema.
  • La política de repetición es altamente regresiva en igualdad de oportunidades.

Visto así, las evaluaciones y las repeticiones se parecen muy poco a lo que deberían ser.

Y es que, quizás, las evaluaciones finales, esas largas sesiones de evaluación final, solo deberían servir para dejar previsto cómo comenzar el curso siguiente… para «no repetir curso». Se trataría de debatir y descubrir cuáles fueron los errores del curso actual, para no volver a reproducirlos y para proponer nuevas ideas. Una memoria del curso viva y alejada de lo administrativo «rellena papeles».

Repite curso

«La repetición de curso es una práctica pedagógica ineficaz en términos de alcanzar los objetivos que se propone. Es más la evidencia sugiere que en el corto plazo podría tener efectos negativos en el rendimiento académico, afectando de manera heterogénea a los alumnos».

Concluye uno de los estudios1 sobre la efectividad de la repetición en la mejora del rendimiento educativo financiado por la Fundación Ramón Areces.

El segundo error es enfocar el tema desde el paradigma de «el fracaso del alumno»

Repetir significa «volver a hacer una cosa que ya se había hecho o a decir algo que ya se había dicho». La propia expresión «repetir» refleja la inutilidad como proceso de mejora.

Leía hace unos días un artículo en el País con muchos «me gusta», pero un tanto contradictorio en sí mismo, pues mientras ponían énfasis en elemento críticos: «Que los estudiantes repitan es un fallo del sistema, no de los estudiantes» (Andreas Schleicher, director de Educación de la OCDE y principal impulsor del informe PISA)… enseguida afloraban otros «valores» y «opiniones» un poco incongruentes con lo anterior y el relato se desviaba hacia soluciones que no son más que la reedición de fracasos anteriores: dedicar ese presupuesto (que se ahorra con la no repetición) en «ayudas para los alumnos más rezagados»; «volver a diseñar planes como el PROA»…

Y es que los planes específicos para repetidores o suspensos señalan al alumnado como único culpable.

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