¿QUÉ PODEMOS HACER ANTE EL FRACASO ESCOLAR? Dirigido sobre todo a las familias (Segunda parte)

Continuamos con la reflexión que habíamos comenzado en la entrada anterior sobre los datos y las causas que pueden conducir al fracaso escolar. Antes de entrar en algunas propuestas si que vamos a dejar constancia de las consecuencias que se derivan en este momento de un fracaso escolar. Aclaramos también que, como partíamos de un encuentro con familias, esta segunda parte va a hacer mucho más hincapié en lo que las familias podemos hacer para generar, en la medida de nuestras posibilidades un ambiente que haga menos probable el fracaso en la escuela.

  1. CONSECUENCIAS DEL FRACASO ESCOLAR

Podemos hablar de ellas desde la propia experiencia. Fracasar en la escuela no da igual. Todas las consecuencias que vamos a enumerar tienen gran trascendencia en la vida de muchas personas. Y todas las hemos conocido en los ya cientos de alumnos con los que hemos tenido ocasión de trabajar. Cuando advertíamos que ninguna circunstancia es determinante del fracaso, también lo decimos por experiencia. Esto quiere decir que las consecuencias aquí enumeradas no tienen por qué darse. Pero eso sería porque en algún momento, el fracaso se ha reconocido y se ha sabido encauzar. Esto nos hemos encontrado cuando se ha dado el fracaso escolar, de eso no tenemos duda:

  • Experiencia de fracaso personal, lo que influye en la toma de decisiones y, lógicamente, en nuestra personalidad: inseguridad, miedo al rechazo, agresividad ante la autoridad,… Todo fracaso nos puede poner en crisis y ser un motivo de «despertar» de nuestra conciencia. Pero para eso tienen que haberse desarrollado al mismo tiempo factores que llamamos de resiliencia, es decir, factores que nos dan la oportunidad de salir de una crisis o de un conflicto, herramientas o ayudas que nos permiten no sólo resistir sino salir airosos de un problema. Lo más grave de un fracaso personal temprano es que nos cierre al descubrimiento de NUESTRA VOCACIÓN, de aquellas aptitudes y capacidades que debo descubrir en mí mismo con las cuales puedo contribuir tanto a mi desarrollo personal como al servicio del desarrollo de una comunidad social y política.
  • El fracaso- abandono está asociado también a búsqueda de “alternativas” en la socialización, sobre todo en la adolescencia. “Comunidades virtuales” no siempre positivas (de juego, de música, de aficiones,…) o pandillas de barrio, … con el tipo de normas y comportamientos que éstas suponen. El problema de las adicciones y los delitos es importante. También el de la violencia (machista, a los padres, en la relación entre iguales, xenofobia,…)
  • El fracaso influye desde luego en la consecución de un empleo. Engrosa la lista de los empleos “basura”, más precarios, más inestables, más serviles y peor pagados.
  • El fracaso influye en la construcción de la familia (o la decisión de no familia). Tiende a mantener al sujeto en los “modelos” conocidos y con las expectativas igualmente reducidas.

2. ¿QUÉ PODEMOS HACER FRENTE AL FRACASO ESCOLAR? ¿QUÉ ACTUACIONES HABRÍA QUE TENER EN CUENTA?

Lógicamente, ante un problema complejo, dónde influyen tantas cosas, se requieren actuaciones en distintos niveles. Podemos citar algunas.  

a. POLÍTICAS DE EQUIDAD SOCIAL. LUCHAR CONTRA LAS INJUSTICIAS QUE GENERAN DESIGUALDAD. Podríamos decir que esto no está a nuestro alcance, y en cierta medida es verdad. Sobre todo porque estamos educados en la mentalidad de lo que «yo», «con mis propias fuerzas», mis medios, mis recursos, mi, mi, mi… puedo hacer. Pero no nos debe caber duda de que hay muchos ejemplos de actuaciones que han empujado en la dirección de acabar con las injusticias.

b. POLÍTICAS EDUCATIVAS COMPENSATORIAS reales. Una escuela “compensatoria” y mejor para los que están en peores circunstancias: MEJORES PROFESORES, MEJORES EQUIPOS DOCENTES, MENOS RATIOS, MÁS RECURSOS, … Muchos movimientos educativos son conscientes de esta necesidad y de la importancia que tiene una propuesta educativa de calidad en este sentido.

c. CAMBIO DE MENTALIDAD EN LAS DINÁMICAS DE LOS CENTROS, que tienen que trabajar más como COMUNIDADES dónde se integre de alguna manera a los padres y otras entidades sociales intermedias igualmente preocupadas por los niños y jóvenes. O dónde se trabaje con planes integrales más coordinados. A veces éste es el mayor handicap a salvar. Es relativamente fácil diseñar planes y programas sobre consideraciones muy justas y maravillosas. Lo difícil es que un grupo de personas lleguen a conseguir un visión conjunta, comunitaria, común (lo que no quiere decir no conflictiva) de cómo debe llevarse a cabo un proyecto educativo. Y mucho más si queremos implicar a las familias con él.

d. LOS PROFESORES, en su reflexión, en su trabajo como equipo, en su trabajo con el grupo del aula, tienen un papel muy importante. En esta línea caben muchos compromisos que ya no dependen tanto de los demás:

  • En sus expectativas hacia los niños con más dificultades
  • En sus grupos
  • En la relación con los niños
  • En la relación con las familias
  • En cómo abordar los procesos de enseñanza y aprendizaje

3. ¿QUÉ PODEMOS HACER LAS FAMILIAS?

Separamos este apartado del anterior aunque deberían ir juntos. La razón ya la hemos dado: esta reflexión tiene en las familias su principal destinatario. Aquí van algunas ideas o cosas sencillas que podemos hacer que pueden marcar la diferencia:

a. UNA PEQUEÑA PLANTILLA PARA REVISAR NUESTRO ESTILO EDUCATIVO

Podemos pensar en general en QUÉ CONSIDERAMOS QUE es bueno y qué no lo es en la educación de nuestros hijos. No sólo para que se lo exijamos a ellos, sino para HACERLO NOSOTROS. La familia sólo tiene una forma de educar: el ejemplo.  Tenerlo claro. Hacer cómo un listado de lo que creemos que HACEN CRECER, MADURAR, HACER BUENAS PERSONAS a nuestros hijos. Este ejercicio conviene que lo hagan el padre y la madre, cuanto antes mejor:

  • ¿Es bueno que dispongan de todo que tengan siempre todo lo que quieren, que les demos siempre o casi siempre (y cuanto antes) todo lo que piden, los que desean?
  • ¿Es bueno que no cuiden y no se responsabilicen de las cosas que tienen y de las que disponen, aunque no sean suyas? Descuidar, no recoger, romper sin consecuencias, destrozar sin tener cuidado, no limpiar, no ordenar, ¿…
  • ¿Es bueno que consintamos comportamientos irrespetuosos, aunque al principio nos puedan resultar hasta graciosos… como hablar con palabrotas, sin respeto a los demás, reírse de los defectos, insultar o degradar a los otros cuando habla de ellos…?
  • ¿Es bueno que no tengan ninguna o casi ninguna responsabilidad en casa… no para obtener un premio con ellas, sino simplemente porque no se puede convivir si cada uno no asume sus responsabilidades?
  • ¿Es bueno que les pongamos la tele para entretenerlos, que dé igual lo que vean en la tele…o que tengan un móvil para que se relajen mientras comen, o desde que son pequeños, que accedan a cualquier serie, a cualquier tipo de vídeos, a la pornografía…? ¿Es bueno que cuidemos tanto de su salud física y no nos preocupemos de su salud mental?
  • ¿Es bueno que puedan acceder al dinero que piden siempre?
  • ¿Es bueno que siempre los defendamos frente a los demás, que demos la cara por ellos… aún sin saber hasta qué punto han tenido mis hijos responsabilidad…?

Todas estas preguntas son muy importantes. En un estudio hecho por la policía de los barrios con más delincuencia y fracaso escolar de las ciudades de EEUU, llegaron a la conclusión de que si la respuesta real es que sí, lo más seguro es que tu hijo se convierta en un fracaso escolar y en un fracaso social.

b. Podemos hacer que crezcan en la familia los BIENES INTELECTUALES Y ESPIRITUALES.

Lo mismo que decidimos ampliar con bienes materiales y con actividades de ocio y entretenimiento evasivas nuestro patrimonio familiar también podemos decidir ampliar otras cosas que a lo mejor son tan importantes o más que lo que hacemos. Debemos decidir AMPLIAR nuestros bienes «culturales y espirituales». Ponemos algunos ejemplos:

  • Podemos pensar en tener ratos de lectura. Donde leemos a los chicos, dónde leemos nosotros, donde nos leemos los unos a los otros.

  • Podemos pensar en, que, si nuestra casa no es buen sitio, los acompañemos un rato a la biblioteca del barrio (lo mismo que nos parece importante acompañarlos al futbol, o a un cumpleaños.

  • Podemos convertir los ratos de “obligaciones” de los adultos después del trabajo (comprar, cocinar, limpiar, lavar…) en ratos de aprendizaje y responsabilidad compartida. Lo antes posible, con naturalidad, desde pequeños. No hay opción.

  • Podemos descubrir con los chicos muchas actividades culturales que hay fácilmente en nuestra ciudad, y acudir con ellos: al cine, al teatro, a un concierto, a una exposición, a una feria de artesanía, …

  • Podemos tener ratos de actividades deportivas y lúdicas con ellos. Esto lo hacemos más a menudo. Elegir cuándo ver la tele (a ser posible con ellos) y qué programas o películas merecen la pena.

  • Podemos enseñarles a descubrir las maravillas de la naturaleza en lugar de sólo elegir la playa, el ocio en los restaurantes y en los centros comerciales. Hay un mundo que descubrir en la naturaleza

  • Podemos hacer que haya ratos en común dónde nos juntemos sin tele y sin móviles. Ratos para hablar, contar, escuchar… y sobre todo interesarnos de verdad por lo que hacen en el cole, …

  • Podemos descubrir grupos de niños y jóvenes sanos, que vivan con alegría los valores que queremos que vivan nuestros hijos: grupos de catequesis, grupos juveniles, grupos de scouts, … grupos de algún movimiento de la Iglesia. Es importante que, cuando lleguen a la adolescencia, tengan más de un grupo de referencia, que no sea un grupo único.

  • Si nuestra familia está comprometida con un proyecto de vida religioso que para nosotros es valioso, no sería lógico que ese patrimonio estuviera fuera del alcance de nuestros hijos. No creemos en eso de que «ya decidirán». Lo mismo que no podemos pretender controlar todas la propuestas que «otros» (anónimos y con gran poder de influencia) quieren hacerles a nuestros hijos, no tenemos por qué renunciar a hacerles esta propuesta que es tan valiosa para vosotros. Y si, … ya decidirán si la aceptan y la asumen o no.

Para hacer esto debemos elegir muy BIEN CÓMO ORGANIZAMOS NUESTRO TIEMPO, a qué cosas les vamos a dedicar. Es importante que reflexionemos un poco cómo estamos organizando nuestro tiempo, el tiempo del que disponemos.

c. ASOCIACIONES DE FAMILIAS. ESCUELAS DE FAMILIAS

Las familias solas no podemos muchas veces ni hacernos cargo ni pensar adecuadamente. Y, sin embargo, tenemos muchos problemas en común. Si consideramos que son problemas importantes, no podemos esperar a que al final, por narices, tengamos que ir a un “grupo de apoyo” o a “una terapia” porque ya no queda más remedio si queremos ayudar a nuestros hijos. Será mejor integrarnos en procesos de aprendizaje y reflexión con otras familias: ESCUELAS DE FAMILIAS y participar activamente en el Centro y con los profesores. Muchos tienen ya experiencias que pueden compartir. Lo que creemos que no se puede hacer resulta que otros lo hacen. NO somos los únicos que tenemos problemas.

d. Podemos cambiar nuestro ESTILO EDUCATIVO.

El primer cuestionario que hicimos reflexionado en común, nos puede ayudar a cambiar nuestro estilo educativo. Si no cambiamos cosas es porque muchas veces no las pensamos. Es muy importante, de esto va todo lo que decimos, cambiar nuestra forma de relacionarnos con los hijos. Cambiar esta moda perniciosa y dañina de consentirlo y tolerarlo todo, de no tener ninguna responsabilidad ni compromiso, de estar siempre girando en torno a los caprichos y los gustos de los niños. NO somo sus siervos, sino sus padres. Sobreprotegerlos no es quererlos, es echarlos a perder.

d. Los propios INTERESADOS, nuestros hijos deben llegar a querer cambiar.

El proceso de cambio que tiene lugar en el entorno es el componente que nos permita, por la fuerza del ejemplo repetimos, a poder razonar, lo antes posible, lo que supone DEJAR LOS PROCESOS DE APRENDIZAJE, la diferencia que hay entre que nos proporcionemos un entorno educativo adecuado, sano, constructivo y no nos los proporcionemos. Cuanto antes.

Es manifiestamente obvio que hay algo que no podremos hacer nosotros nunca por ellos. Ellos tomarán sus propias decisiones.

e. OTROS ADULTOS DE REFERENCIA. ALIANZAS NECESARIAS

Por eso añadimos este apartado. Muchas veces la solución no está sólo en lo que podamos hacer nosotros. Es importante que no nos tengan sólo a nosotros como adultos de referencias únicos. Hay que procurar alianzas con otros adultos que en un momento dado nos van a servir de apoyo:

  • Qué importante puede ser aquí el papel de los hermanos mayores, los primos mayores, los tíos, algún vecino de confianza, los abuelos… ¡qué importante ha sido siempre la familia amplia! Para bien y para mal. Es imprescindible restaurar los lazos intergeneracionales. A veces abrirse a un abuelo es más fácil que abrirse a tu madre o a tu padre.
  • Es importante poder conocer a las familias de los amigos de nuestros hijos. En algunos casos ellos pueden ser un apoyo fundamental.
  • Otra gran alianza son los profesores, el colegio. No puede ser que se haya roto la complicidad de las familias con la escuela y que en lugar de apoyar a los profesores, demos por supuesto que nuestros hijos siempre son inocentes de todo. Un profesor o profesora puede marcar muchas posibilidades de llegar dónde nosotros no podemos.
  • Aunque cada vez hay menos, tenemos que conocer los servicios sociales y públicos que hay en nuestro barrio y que pueden apoyar a las familias. Los hay. Y conviene tener relaciones con ellos. Si lo hacemos a través del colegio o de una asociación de familias, tendremos más posibilidad de acceder a ellos.
  • Otro gran aliado, en el caso de las familias creyentes, que pertenecen a la Iglesia, pueden ser los encargados de la pastoral juvenil y los movimientos juveniles de la iglesia. Hay muchas personas dedicadas a los niños y a los jóvenes que merece la pena conocer. No podemos limitarnos, en este mundo, a nuestro “barrio”. Nuestros hijos van a salir de él en cuanto puedan y van a explora mucho más mundo del que tienen ahora.

Autores: Manuelaraus y Melinda Llarandi (educadores)

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