JEROME BRUNER: “La educación, puerta de la cultura”

 Jerome Bruner, psicólogo estadounidense, nació en Nueva York en 1915. Se graduó en la universidad de Duke en 1937. Después marchó a la universidad de Harvard, donde en 1941 consiguió su título de doctor en psicología. En 1960 fundó el Centro de Estudios Cognitivos de la Universidad de Harvard y, aunque no inventó la psicología cognitiva, le dio un fuerte impulso. Tiene una impresionante producción de libros y artículos científicos. Podemos señalar: Hacia una teoría de la instrucción, Ed. Uteha: México, 1972; Acción, pensamiento y lenguaje, Editorial Alianza: Madrid, 1984; El habla del niño, Paidós: Barcelona, 1986; La importancia de la educación, Paidós: Barcelona, 1987; Actos de significado, Alianza Editorial: Madrid, 1991.

Bruner publicó La educación, puerta de la cultura en 1997. Cuando le propusieron escribir este libro se resistió, porque “mis ideas estaban en metamorfosis”, confiesa el autor, “preocupado en elaborar una nueva psicología cultural” (p.12). Finalmente aceptó porque “no hay nada más apropiado que la práctica educativa para probar una psicología cultural.” (p.13) “Su tesis central es que la cultura da forma a la mente, que nos aporta la caja de herramientas a través de la cual construimos no solo nuestros mundos sino nuestras propias concepciones de nosotros mismos y nuestros poderes” (p. 12)

En el primer capítulo, “Cultura, mente y educación” , escrito después de los otros ocho capítulos, J. Bruner reflexiona “sobre las implicaciones que subyacen a los debates de la década”. (p.12) A su vez avanza “algunos de los principales objetivos de la aproximación cultural” y explora “cómo estos se relacionan con la educación”. (p. 22) Esta perspectiva psico-cultural de la educación, la formula en los siguientes nueve postulados: 1. El postulado perspectivista; 2. El postulado de los límites; 3. El postulado del constructivismo; 4. El postulado interaccional; 5. El postulado de la externalización; 6. El postulado del instrumentalismo; 7. El postulado institucional; 8. El postulado de la identidad y la auto-estima; 9. El postulado narrativo.(pp.32-62)
Desde esta perspectiva psico-cultural el autor asume como primera premisa que “la educación no es una isla, sino parte del continente de la cultura”. Y luego se hace preguntas tales como: “qué función tiene la ‘educación’ en la cultura”, y “qué papel juega en las vidas de aquellos que operan dentro de ella.”; “por qué la educación está situada en la cultura como lo está, y cómo este emplazamiento refleja la distribución de poder, estatus y otros beneficios”. (p.29)
J.Bruner nos ofrece una síntesis de su visión de la educación en los siguientes términos: “la educación no es sólo una tarea técnica de procesamiento de la información bien organizado, ni siquiera sencillamente una cuestión de aplicar ‘teorías del aprendizaje’ al aula ni de usar los resultados de ‘pruebas de rendimiento’ centradas en el sujeto. Es una empresa compleja de adaptar una cultura a las necesidades de sus miembros, y de adaptar s sus miembros y sus formas de conocer a las necesidades de la cultura.” (p. 62)
En el capítulo dos J.Bruner usa la expresión “Pedagogía popular”, que según él se ha vuelto profesionalmente usual para referirse a “nuestras teorías intuitivas cotidianas sobre cómo funcionan otras mentes”, y .que afectan nuestras interacciones con otros. (p.64). Este capítulo trata sobre el modo como los seres humanos conseguimos encontrarnos a través de nuestras mentes. Normalmente esta problemática se expresa también en el aula, las maestras preguntándose, “¿cómo llego a los niños?”, y los niños diciéndose ,”‘¿qué es lo que la maestra nos intenta decir?” (p.64)
Para investigar esta problemática, sostiene el autor, no es lo más indicado, lo que suelen hacer muchos psicólogos: experimentar con ratas en un laberinto, o, probar con alumnos en el laboratorio el aprendizaje absurdo de sílabas, o simular en el ordenador programas de inteligencia artificial. Bastaría con colocarnos en un aula repleta de niños de nueve años y preguntarnos “qué tipo de conocimiento teórico les ayudaría”, a niños y maestra. (p.63)
J.Bruner observa que los niños empiezan asumiendo que la maestra tiene el conocimiento y se lo pasa a la clase. Aprenden enseguida que otros niños de la clase pueden también tener conocimiento y que lo pueden compartir. Finalmente, aprenden que si nadie del grupo “conoce” la respuesta, puedes ir siempre a algún lugar donde encontrarla. Esto último “es el salto a la cultura como almacenamiento de conocimiento, caja de herramientas o lo que sea” (70-71) Es así que cuatro modelos principales han dominado en nuestros tiempos: 1. ver a los niños como imitadores, la adquisición del “saber-como-hacer”. 2. verlos como aprendiendo de la exposición didáctica: la adquisición de conocimiento proposicional; 3. verlos como pensadores: el desarrollo de un intercambio intersubjetivo, y finalmente,. ver a los niños como conocedores: la gestión del conocimiento “objetivo”. (p.72-81) Es importante, según el autor, arrancar de su exclusivismo a las cuatro perspectivas, verlas como partes de un continente más amplio. Es necesario fundirlas en alguna unidad congruente, reconocerlas como partes de un continente común. (p.82)
En el capítulo 3, La complejidad de los objetivos educativos, J.Bruner trata las tres antinomias que suelen plantearse en la educación:. “la antinomia de la realización individual frente a la preservación de la cultura; la antinomia de centrarse en el talento frente a centrarse en la herramienta; y la antinomia del particularismo frente al universalismo”. (p. 88)
J.Bruner concibe la escuela y la cultura como una comunidad de intercambios y apoyos mutuos. Esto serviría de garantía para el hecho, por ejemplo, “de que enriquecer el país trabajando duro en la escuela no serviría sólo para hacer más ricos a los ricos y más pobres a los pobres, sino que resultaría en un nuevo patrón de distribución más equitativa de la riqueza nacional. En una palabra, no estaríamos intentando reproducir la cultura como ha existido sin más.” (p. 101)
En el capítulo 4, Enseñar el presente, el pasado y lo posible, J. Bruner, manifiesta su visión crítica de los debates sobre educación que se han dado a lo largo de la última década. “Estos debates han estado tan centrados en los resultados y los niveles adecuados que en buena medida han pasado de largo los medios a través de los cuales tanto maestras como alumnos realizan su tarea en las aulas en la vida real: cómo enseñan las maestras y cómo aprenden los alumnos.” (p. 105) Frente a este estado de cosas plantea cuatro ideas que considera cruciales en la educación: “La primera de ellas es la idea de agencia: tomar más control sobre la propia actividad mental. La segunda es la reflexión: no ‘aprender en crudo’ sin más, sino hacer que lo que se aprende tenga sentido, entenderlo. La tercera es la colaboración: compartir los recursos de la mezcla de seres humanos implicados en la enseñanza y el aprendizaje. La mente está dentro de la cabeza, pero también está con otros. Y la cuarta es la cultura, la forma de vida y pensamiento que construimos, negociamos, institucionalizamos y, finalmente (después de que todo se ha hecho), terminamos llamando ‘realidad’ para reconfortarnos.” (p. 105)
Su crítica se centra en el hecho de que tantas cuestiones importantes que plantea la cultura han sido dejadas de lado en la escuela. “Por ejemplo, en nuestra propia sociedad profesadamente igualitarista, tenemos una distribución de la riqueza y los ahorros que es tambaleantemente desequilibrada” . Consecuentemente “la escuela empieza a presentar una visión del mundo tan ajena o tan remota que muchos educandos no pueden encontrar en ella un lugar para ellos o para sus amigos. (p. 115) Un poco más adelante dirá: “Lo que necesitamos es un movimiento de reforma escolar con una idea más clara de hacia dónde vamos, con convicciones más profundas sobre el tipo de gente que queremos ser.” (p. 137)
En los cuatro capítulos siguientes, Entender y explicar otras mentes (cap.5), Narraciones de la ciencia (cap. 6); La construcción narrativa de la realidad (cap.7); El conocimiento como acción (cap. 8), J.Bruner trata algunas cuestiones muy importantes para la psicología cultural que está elaborando. Mientras que en el último y noveno, El próximo capítulo de la psicología, aborda cuestiones más globales de la psicología. “Este próximo capítulo”, dice J.Brunner, trata de la “intersubjetividad”, es decir, “cómo las personas llegan a conocer lo que otros tienen en mente y cómo se ajustan a ello” (p. 179-180).
Desde esta perspectiva es muy importante conocer “las teorías populares de una cultura sobre la naturaleza de la naturaleza humana”, porque estas “dan inevitablemente forma a cómo esa cultura administra la justicia, educa a sus niños, ayuda a los necesitados e incluso conduce sus relaciones interpersonales; todas ellas cuestiones con profundas consecuencias” (p. 180-181) Sin embargo, la psicología “moderna”, que escogió modelarse en los métodos de la física no dejaba espacio para esa “psicología popular”. (p. 180)
Por esto, opina J.Bruner, “la psicología no sólo debe considerar los límites impuestos por la evolución biológica del hombre sobre la actividad mental, sino que también debe tener en cuenta constantemente una discontinuidad omnipresente en esa evolución: la emergencia de la cultura humana a través de la cual el hombre crea una representación simbólica de sus relaciones con el mundo”. Por esto también, “le mente no puede considerarse en ningún sentido como ‘natural’ o desnuda, pensando en la cultura como una añadidura. (p. 191)
Esta psicología cultural se propone entonces “explorar la emergencia de la intersubjetividad en nuestra especie humana”, y responder a preguntas tales como: “¿Cómo ‘conocemos’ otras mentes, qué tipos de teorías desarrollamos o adquirimos para coanocer los estados mentales de otros, cómo se desarrolla y madura esta supuesta capacidad, cuáles son sus orígenes evolutivos, y cómo las ha conformado la historia cultural?” (p. 192) A lo largo de una década hubo una explosión de trabajo. El autor sospecha que “la llamada revolución cognitiva puede haber animado este proceso al hacer de nuevo respetable hablar de ‘la mente’ para los psicólogos” . Lo que sucedió fue la convergencia de resultados de investigaciones realizadas en diversos campos. “una convergencia de trabajo sobre la mente del bebé, sobre el autismo, sobre las teorías infantiles en desarrollo de cómo funcionan otras mentes y sobre la enculturación en los chimpancés” (o, 192)
Esta psicología cultural, opina J.Bruner, “puede ilustrar la interacción entre observaciones biológicas, filogenéticas, psicológicas individuales y culturales mientras nos ayuda a captar la naturaleza del funcionamiento mental humano” (p. 179) Esta es una convicción central de J.Bruner, que lo lleva a decir: “Si la psicología quiere avanzar en la comprensión de la naturaleza humana y la condición humana, tiene que aprender a comprender la sutil acción recíproca de la biología y la cultura”. (p. 202)
Entre las temáticas específicas merecería una atención especial la que el autor trata en el cap.7, la construcción narrativa de la realidad. Este interés por la narrativa, hace que J. Bruner, se pregunte, “por qué, de forma bastante inesperada, tantos psicólogos nos hemos vuelto tan interesados por la construcción narrativa de la realidad” (p.150). Describe luego las “nueve maneras en las que las construcciones narrativas dan forma a las realidades que crean”. Ellas son: 1. una estructura de tiempo; 2. particularidad genérica; 3. las acciones tienen razones; 4 .comprensión hermenéutica; 5. canonicidad implícita; 6. ambigüedad de la referencia; 7. la centralidad de la problemática; 8. negociabilidad inherente, 9. la extensibilidad histórica de la narración. (p. 152-166)
Según J.Bruner, vivimos en un mar de relatos y como el pez que según el proverbio será el último en descubrir el agua, tenemos nuestras propias dificultades para entender en qué consiste nadar entre relatos. No es que carezcamos de competencia para crear nuestras explicaciones narrativas de la realidad; ni mucho menos. Si algo somos, es demasiado expertos. Nuestros problema, más bien, es obtener conciencia de lo que hacemos tan fácilmente”. (166)
Por último quisiera llamar la atención que el título original de este libro es “The Culture of Education”. El que haya leído con atención esta recensión se preguntará por el sentido del titulo en castellano. La educación, considerada como puerta de la cultura, más que expresar el pensamiento del autor parecería que lo tergiversa. J.Bruner deja muy en claro que desde siempre vivimos en la cultura, la cultura da forma a la mente, la educación no es una isla, sino parte del continente de la cultura. Dirá también que la escuela es una cultura en sí, no sólo una “preparación”·. Nada hay en el libro que pueda llevar a pensar la educación como puerta de la cultura. La traducción tiene también sus sorpresas, p.ej. hablar de “estudio infamado” en lugar de “estudio informado” (p. 49), “composición hermenéutica” en lugar de “comprensión hermenéutica” (p. 156) , o hablar de “tiempo cometido” (p. 152) haciendo una traslación literal de la palabra inglesa, pero sin sentido alguno en castellano. Y algo más: con mucha frecuencia sentí la tentación –y tal vez la sienta también Ud. lector- de mejorar su versión castellana, que según mi sentir, deja mucho que desear. Sentí la nostalgia de leer la obra en su lengua original.
Lic. Miguel A. Cabrera
Recensión publicada en Conversación,
Revista Interdisciplinaria de Reflexión y Experiencia Educativa, Nº 8, Setiembre 2004

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