Hablemos de los Deberes (del cole)

 

Juanjo Fernández, consultor pedagógico nos regala esta reflexión bastante serena sobe los deberes escolares. El debate está servido desde hace tiempo. Y, como todos los debates, es difícil hacerlo bien descontextualizándole. Dejemos que Juanjo nos ponga en situación.

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Me atrevo a opinar sobre los deberes porque ya hace unos cuantos años que doy la charla“Cómo ayudar a los hijos a estudiar (¡y a hacer los deberes del cole!)”. Una conferencia extremadamente popular que siempre, siempre, siempre congrega a muchas familias en las escuelas que la programan.

Es un tema que interesa, que preocupa y a veces incluso angustia

¿Por qué?

¿Porque tienen muchos deberes?

¿Porque los padres nos “proyectamos” en los éxitos (y los fracasos) de los hijos?

¿Porque no sabemos hallar el límite entre la ayuda/hacerles los deberes?

¿Porque de alguna manera intuimos que cualquier chaval tendría que poder ocupar sus horas en casa en otras actividades?

¿Porque no acabamos de ver qué función puede tener aquella montaña de deberes que provoca enfados, conflicto, rabia y notas de ida y vuelta en la agenda?

¿Porque son el alimento principal de los grupos de whatsapp de padres y madres y de sobreprotección de nuestros hijos?

 

Pues yo diría que por uno, o dos, o más, o todos, o ninguno de estos motivos. Y es que, como afirmaba el añorado Carles Capdevila, los deberes no pueden ser un tema de sí o no, sino que necesitan el matiz.

Así que, para matizar, desde mi experiencia como conferenciante sobre el tema (y como autor del libro“Como Ayudar a los Hijos a Estudiar (¡y a hacer los deberes del cole!)” publicado en catalán por Editorial Claret) me atrevo a decir algunas cosas, por si pueden servir como aportación, no tanto para un debate como para una reflexión –matizada– sobre el tema.

Podemos ser muy flexibles… ¡siguiendo unos mandamientos!

Confiaré en la escuela que he escogido para la educación de mi hijo

por eso me comunicaré con el tutor a través de la agenda y las entrevistas, y no desautorizaré la tarea de los maestros y profesores.

Me interesaré por toda la persona de mi hijo, no solo por sus deberes;

por eso dialogaré con él tanto como haga falta, pero hasta donde haga falta, e intervendré siempre que haga falta: con rigor, paciencia y buen humor.

Consideraré el estudio un proceso valioso para el conocimiento, la realización personal y la preparación para el futuro;

por eso contribuiré a proporcionar a mi hijo un entorno adecuado para estudiar y promoveré con mis palabras y mis actos la curiosidad intelectual, la lectura y la creatividad.

Recordaré que no son mis deberes ni mis exámenes: es mi hijo y son sus deberes y sus exámenes;

por eso contaré con mi hijo para la elaboración de un plan de estudio, personal, realista, flexible, escrito y visible, y le exigiré que cumpla su compromiso.

Seré constante en la aplicación de un programa de estudio, pero renunciaré a imponer mis métodos si los de mi hijo son eficaces;

por eso confiaré en toda mi experiencia y mis recursos y los pondré a disposición de mi hijo para que pueda usarlos.

Ayudaré a mi hijo en todo lo que no pueda hacer por sí mismo, procurando que aprenda en el proceso, y así vaya siendo más autónomo;

por eso evitaré la tentación de impedir que mi hijo asuma sus responsabilidades.

Recordaré que yo cometí errores, que a veces soy incoherente y que tengo una historia propia en relación con el estudio;

por eso aceptaré que mi hijo pueda cometer sus propios errores, puedan influirle mis incoherencias y pueda heredar rasgos de mi carácter.

Seré consciente del poder del refuerzo positivo;

por eso valoraré todos los esfuerzos, todo el trabajo de mi hijo, y todos sus buenos resultados.

Pediré ayuda siempre que la necesite y la aceptaré cuando me la ofrezcan;

por eso estaré abierto a compartir mi experiencia con otros padres y madres.

10 Creeré en la fuerza del amor por mi hijo;

por eso confiaré en que seré capaz de encontrar la mejor manera de ayudarlo eficazmente a estudiar para que viva con entusiasmo su aprendizaje y lo aproveche con ganas.

 

Recordemos qué tendrían que ser los deberes

Hay palabras que tienen mala prensa: “obediencia”, por ejemplo. O “deberes”. Pero a mí no me parece una palabra tan mala. En la vida hay tres tipos de deberes:

Deberes de obligación

Alguien a quien reconozco autoridad me los pone, y yo los hago. Confío en aquella persona, así que esos deberes no me disgustan.

Deberes de compromiso

Son deberes que nos ponemos mutuamente. Por ejemplo, el deber de fidelidad a la pareja, con quien nos hemos comprometido. Son deberes voluntarios, así que no nos disgustan.

Deberes de proyecto

Me los pongo yo, para alcanzar un objetivo. Por ejemplo, cuando practico horas y horas para tocar un instrumento. Y esos deberes no me disgustan.

Creo que así tendrían que ser los deberes del cole. Deberes puestos desde una autoridad auténtica, que se ejerce con coherencia, no deberes arbitrarios. Deberes que forman parte del pacto que establecemos maestros y alumnos para enseñar y aprender (¡aunque no sea con tanto estilo como el señor Miyagi con Dani Larusso en Karate Kid!). Y Deberes tan significativos que son realizados por el alumno con conciencia de que contribuyen decisivamente a su formación como persona, al desarrollo de sus talentos y la consecución de sus objetivos.

¿A que estaría bien? Pues yo creo que no es imposible, sobre todo si nos hacemos un firme propósito:

Pongámonos como deberes poner sentido común a los deberes

Antes de lanzarnos a sabotajes y boicots, vamos a pensar un momento. La pedagoga Anna Ramis afirma que para eliminar cualquier cosa habría que tener clara la alternativa. Estoy totalmente de acuerdo. Si eliminar los deberes implica que vamos a tener un ejército de padres y madres riendo, leyendo, saltando, corriendo, investigando, acompañando, escuchando, comiendo, charlando, jugando (¡sobre todo jugando!)… con sus hijos, yo firmo ahora mismo. Ya. Pero ya. Traedme el documento. No me hace falta tinta, firmaré con sangre. Pero me parece que eso no va a pasar.

En cambio, creo que hay mucho recorrido en la racionalización de los deberes, comenzando por la escuela. Creedme, no es tan sencillo como puede parecer, os lo aseguro, pero es necesario que haya más acuerdos entre profesores de un mismo curso para no acumular deberes para un mismo día -y menos aún de un día para otro-, y que haya más esfuerzo para encontrar actividades que de verdad sea necesario (¡y bueno!) que los alumnos hagan en casa, actividades interesantes y significativas. Y un pacto para evitar exámenes en lunes y trabajos a entregar el-primer-día-después-de-las-vacaciones-de-Navidad-o-Pascua. ¡Y conjurarnos para acabar, de una vez por todas, con los deberes de verano!

 

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