COMUNIDADES DE APRENDIZAJE. APRENDIENDO A SER COMUNIDAD

Me desvelaba pensando en cómo los educadores no sólo tenemos el deber de mantener las “clases” sino que sobre todo tenemos la obligación de mantener viva la “comunidad educativa” de la que forman parte nuestros alumnos. Me ha salido una reflexión algo larga que os comparto. Es seguro que a mi me ha ayudado a expulsar muchas horas de monólogo interior en el insomnio. Así que espero que, para el que quiera, se abra la posibilidad de que el monólogo se convierta en un diálogo en torno a este tema.

  1. “COMUNIDADES DE APRENDIZAJE”

¿Qué son las Comunidades de Aprendizaje?

No estoy directamente vinculado ni a la red ni al amplísimo grupo de educadores que forman parte de la experiencia de las Comunidades de Aprendizaje. Tengo con ellas, sin embargo, un vínculo que va más allá de la simpatía. Comparto en gran medida su filosofía y, sobre todo, su interés y sus propuestas, muy bien fundamentadas, para desarrollar un modelo educativo que permita, a todos y cada uno de los niños y niñas que formen parte de él, desarrollar un proyecto compensatorio eficaz de trabajo contra el llamado fracaso escolar.

La prueba de ello es el espacio que han ocupado en este blog sus fundamentos y sus experiencias. Pero también, lo que es más importante, el hecho de que en el centro educativo del que formo parte, que no ha dado el paso de convertirse formalmente en una Comunidad de Aprendizaje, seamos partícipes de algunas de sus llamadas “experiencias de éxito”.  Entre ellas destaca la puesta en práctica, con evidente satisfacción, de los “grupos interactivos” de aprendizaje dialógico.

Sin pretender describir en qué consiste esta experiencia de Comunidades de Aprendizaje, ya muy implantada y promovida incluso por diversas administraciones políticas educativas, nos es esencial para esta pequeña reflexión tener al menos una definición sobre lo que se entiende por una Comunidad de Aprendizaje.

Es complicado, porque hay muchas y de muy diversos autores, pero de forma sencilla, huyendo de un lenguaje excesivamente técnico, diremos que es un proyecto dirigido a transformar los centros educativos y su entorno sociocultural interno y externo con el fin de lograr el éxito en el aprendizaje instrumental (alfabetización real) y en la convivencia de, al menos, los que formen parte de esta experiencia. Se basa en una teoría del aprendizaje denominada “aprendizaje dialógico”, que implica que el aprendizaje se produce básicamente en un marco de interacciones en el que deben estar implicados todos los miembros de la “comunidad”: profesores, familias, personal no docente, instituciones socioculturales del entorno del centro, …

Es, por lo tanto, un proyecto “comunitario” que incluye toda la comunidad local, una forma de organización y participación social, en la cual diferentes “agentes” o sujetos ofrecen unos recursos y experiencias desde los que se parte para llevar a cabo un proceso de enseñanza- aprendizaje acorde con las necesidades del alumno y los recursos que pueda aportar la propia escuela.

Para educar a un niño… ¿es necesario toda una “tribu” o toda una “comunidad”?

De todos es conocido el aforismo que atribuyen a las comunidades africanas en el que se sentencia que “para educar a un niño es necesario a toda la tribu”. El pedagogo José Antonio Marina se ha encargado de popularizarlo de forma especial. En Comunidades de Aprendizaje (y en muchos otros ámbitos de la pedagogía crítica) se pone en cuestión el término “tribu” y se habla más bien del término “aldea” o “comunidad humana”. Y el detalle no es baladí, no es un mero capricho lingüístico. Es una corrección de gran calado, tal y como desarrolla en un interesante artículo otro pensador educativo muy próximo también a nuestro entorno educativo, Julio Rogero, que lleva por título precisamente “para educar a un niño no hace falta toda la tribu”

La razón está en lo que denota el concepto “tribu”, que ciertamente corresponde a un estadio de organización social pre-histórico y ligado más a lazos de sangre étnicos autorreferenciales, corporativos, que no han trascendido sus propios intereses “tribales”. Lean el artículo y quedará más claro.

Igualdad, diversidad, diálogo

De esta concepción del proceso educativo se derivan varios postulados importantes, no los únicos, que me gustaría destacar:

En primer lugar, el punto de partida es “igualitario” en el sentido más profundo del término. Se parte del reconocimiento de una “igualdad intrínseca” entre todos los seres humanos, de esa igualdad según la cual, cualquier persona se constituye en un fin en sí misma y jamás puede ser tratada como un medio, como un instrumento, o como un inferior a otra persona. Una igualdad que se opone radicalmente a la humillación, la explotación, la opresión y la esclavitud del hombre por el hombre. Una igualdad que se opone radicalmente a la desigualdad social. La igualdad hace relación aquí, debo entender, a la dignidad fundamental que tiene todo ser humano. De otro modo, no hay razón para la misma.

Pero el punto de partida reconoce, al mismo tiempo, la diversidad, la especificidad, la unicidad que caracteriza a todos y cada uno de nosotros. En ese sentido, evidentemente no todos somos iguales, porque tanto por condicionantes biológicos y genéticos como por condicionante ambientales (sociales, políticos, económicos, culturales) cada uno de nosotros se desarrolla con una específica singularidad que nos convierte en seres únicos e irrepetibles.

Desde el punto de vista del aprendizaje, destaco su carácter dialógico. Los fundamentos teóricos de esta experiencia señalan siete principios fundamentales del aprendizaje que conviene también tener muy en cuenta. Me remito a otra entrada del blog para aquel que quiera conocerlos y profundizarlos

Me gustaría destacar tres de forma muy sencilla. Pero lo haré con mis propias conclusiones:

  1. Un principio de suma importancia: todos tenemos siempre algo que enseñar y todos tenemos algo que aprender.

Todos tenemos un bagaje de conocimientos y de experiencias vitales con independencia de los títulos o los niveles académicos o las cualificaciones que podamos exhibir. Es más, a veces, no sabe más, en el sentido más filosófico del término, quien recita mejor las citas de los diez mil libros leídos y subrayados, sino quién ha reflexionado a fondo sobre la vida que ha vivido, convirtiendo sus vivencias en experiencias. Casi todo el mundo ha experimentado la sabiduría de muchas personas que desde el punto de vista “académico” son analfabetas. Es cierto también lo contrario. Los “años” y las vivencias de una persona no son, en sí mismas, garantía de más experiencia. Sobre todo, si dichas vivencias no han producido reflexión, interiorización, lecciones de vida que no proceden sólo de sensaciones y emociones intensas sino del ejercicio de toda nuestra racionalidad y nuestro contraste con las experiencias que han tenido otras muchas personas como nosotros que han vivido situaciones análogas. Deducir y proclamar sin más, por ejemplo, que “la escuela es una mierda” porque yo he tenido una vivencia horrorosa de la escuela, no puede pasar por ser una “lección” aprendida de la vida, por muy verdadera que sea la vivencia subjetiva del que lo diga. Así pues, puede haber personas muy jóvenes con mucha experiencia y viejos que no han pasado el estadio egocéntrico.

  • Alfabetizar. La importancia de los aprendizajes instrumentales.

En este sentido también, un adecuado proceso de alfabetización parte de la propia vivencia, pero la transciende al convertirla en “problema”, en “pregunta”, en “conflicto”, iniciando con ello un proceso de búsqueda con los demás que no puede prescindir del patrimonio “escrito”. La lectura es esencial. Saber leer en los libros, que implica saber qué libros es importante leer, es de vital importancia. En tanto en cuanto esos libros me permiten transcender mis propias vivencias necesariamente limitadas en el espacio y en el tiempo. Saber expresarme y comunicarme con los demás también lo será. En la Escuela denominamos a estos aprendizajes, aprendizajes “instrumentales”. En definitiva, diría que la esencia de la escuela obligatoria debiera ser esta “alfabetización”, que requiere de herramientas e instrumentos que nos abren las puertas al resto de áreas y disciplinas del saber. Hay que ver la cantidad de muchachos que, teniendo capacidad suficiente, salen de nuestros centros “aprobados” y con “títulos” pero completamente analfabetos: sin intereses altruistas, sin problematizarse con la vida y el mundo que les ha tocado vivir, sin capacidad de entender lo que leen en esos “lenguajes” en los que les hemos iniciado, sin capacidad de expresarse, de comunicarse correctamente, sin habilidades para dialogar y convivir con los demás, …

  • El diálogo.

Un segundo principio que destacar en el aprendizaje que se lleva a cabo en una Comunidad de Aprendizaje es el DIÁLOGO. La condición fundamental en la que se debe producir el aprendizaje “entre iguales pero diferentes” es el DIÁLOGO.  El diálogo exige también un aprendizaje. Lo destaco porque aquí me gustaría señalar que el diálogo va mucho más allá de esta dimensión instrumental del aprendizaje. El diálogo es imposible sin comunidad y, a su vez, el diálogo es lo que permite construir la propia comunidad. Freire señalaba que el diálogo exigía tres condiciones fundamentales para llamarse tal. No tienen desperdicio. La primera, la igualdad, de la que ya hemos hablado. La segunda la confianza. Debemos suponer la buena intención del interlocutor e inferir que, desde ella, siempre tiene algo importante, una verdad tal vez incompleta pero no despreciable, que aportar. La tercera, y fundamental, que entre los interlocutores haya un auténtico deseo de la búsqueda de la verdad. Búsqueda que implica, de un lado, que esa verdad existe, que tiene objetividad, que no es puro subjetivismo, que no sólo depende del color del cristal con que se mire. Búsqueda que implica que existe por tanto la mentira, la justificación, la mezquindad. Búsqueda que implica también que nadie “tiene” ni puede poseer “la verdad” sino que éste debe, con la máxima honestidad, indagarse, conquistarse, desvelarse.

2. APRENDIENDO A SER COMUNIDAD

Aprender a ser comunidad es la garantía más sólida de un aprendizaje significativo

Entiendo, por todo lo dicho, que en la base de la propuesta de transformación de nuestros Centros en Comunidades de Aprendizaje se halla la premisa de que trabajar explícitamente por ser Comunidad constituye la garantía más sólida de un aprendizaje significativo para la vida. Y trabajar por ser Comunidad requiere, asimismo, un aprendizaje o un descubrimiento de cuestiones tan importantes como:

  • La dignidad intrínseca que tiene todo ser humano, único, irrepetible y, por lo tanto, siempre portador de una riqueza que va más allá de lo que valora el mercado.
  • La dimensión solidaria de nuestro ser y nuestro existir. Todos estamos llamados a desarrollar al máximo nuestra personalidad, a descubrir aquello único que, por el hecho de formar parte de esta vida, enriquecerá a los demás, a toda la comunidad, a toda la sociedad. Y no podemos llegar a ser personas sin descubrir, por lo tanto, el papel esencial que juegan los demás en mi vida. El “todos tenemos algo que aprender y todos tenemos algo que enseñar” no es otra cosa que descubrir la dimensión solidaria de nuestro ser y de nuestro existir.
  • Acogida de todos y cada uno de forma incondicional. Hay, por lo tanto, un “currículo” básico, no escrito, que sólo se desarrolla en “familia”, en “comunidad”, en “con-vivencia”, en un ámbito de aceptación amorosa e incondicional de todos y cada uno de nosotros, en un ámbito de valoración absoluta de mi ser por encima de mi funcionalidad, discapacidad o utilidad.  Se trata de un ámbito dónde las relaciones van mucho más allá de un “contrato social mercantil” medible, en lugar de con dinero, con “calificaciones” y “notas”. Un ámbito de servicio a los demás, de cuidado de los demás, de entrega desinteresada exenta de gratificaciones salariales.
  • Hay una exigencia de promoción que pasa por “poseer la palabra”, “dominar el lenguaje”, tal y cómo lo diría D. Lorenzo Milani (La escuela de Barbiana). Hay una exigencia de promoción que pasa por estar “alfabetizados” en el sentido, esta vez, más freiriano del término.
  • El diálogo. Y, por fin (no cierro la lista, la reduzco), hay un medio privilegiado de aprendizaje. Se llama DIÁLOGO. Y supone, nada menos, que una de las formas más sublimes del amor al prójimo. No le doy por supuesto. De lo que estoy seguro es de que no sabemos dialogar. Y que damos mil veces más importancia a la verborrea que a los hechos, que a la propia vida, contenida en los acontecimientos y las personas que nos interpelan.

Aprender a ser comunidad es y será siempre un proceso inacabado, inconcluso, imperfecto, y consecuentemente, un proceso de aprendizaje permanente. Se hace camino al andar.

El confinamiento y la ausencia de Escuela como oportunidad para avanzar en el aprendizaje de la comunidad.

La reflexión que me surgía en estos días de suspensión de la asistencia al Centro Escolar y de confinamiento en las casas de todo nuestro alumnado es hasta qué punto hemos sabido trabajar en nuestro Centro, con nuestros compañeros, con las familias, con los alumnos, este sentido de comunidad. ¿Hasta qué punto el deseo de que el Centro sea algo más que un “establecimiento” de servicios ha permitido que la Comunidad educativa no haya desaparecido en esta situación tan extrema y excepcional?

Pienso que, de ser así, de percibir que nuestro Centro contiene este deseo, esta experiencia y este patrimonio, esta misma situación puede aportar, potencialmente, una gran fortaleza a la Comunidad de Aprendizaje.  Con los centros cerrados, no son ahora los padres, las madres, los abuelos o quién quiera que se haya ofrecido, los que van al cole a enriquecernos en los grupos interactivos. Ahora tenemos que esforzarnos por entrar en los espacios vitales, cotidianos de esas personas que venían acudiendo al centro o formaban implícitamente parte de él.  Y, tal vez, parte de nuestro papel de “profesores” y adultos que formamos parte de esta comunidad, podamos empujar nuestras orientaciones telemáticas, dirigidas a los alumnos y a las familias, en esa dirección. Me referiré básicamente a nuestra comunicación con los alumnos.

  • Podemos hacerles caer en la cuenta a los alumnos de la importancia de tener un grupo de compañeros, la importancia que tiene aprender en grupos de iguales tan heterogéneos. Está claro que están echando de menos a sus amigos del cole. Posiblemente porque es el ámbito donde tanto tiempo de roce se ha convertido en cariño.
  • Podemos hacerles caer en la cuenta de la importancia que tiene todo lo que han aprendido en el colegio para comprender la situación en la que están. O de lo contrario, de la cantidad de cosas que no se enseñan en las asignaturas que sin embargo son muy importantes si queremos entender lo que nos ocurre. Los acontecimientos nos provocan, nos gritan, nos interrogan. Tal vez esto también nos ayude a nosotros mismos en cómo estamos planteando nuestras áreas, nuestras clases.
  • Podemos hacerles caer en la cuenta de la importancia que tiene el tiempo, los espacios. Y, por lo tanto, lo nefasto que resulta no saber organizarse el tiempo, no tener hábitos saludables, no tener espacios adecuados.
  • Podemos ayudarles a comprender la situación de la familia y el papel tan importante que juegan en su vida. A muchos chicos, cuando se les interroga, ni siquiera saben bien a qué se dedican sus padres, cómo se ganan la vida, cómo son en realidad sus padres. Muchos de ellos no han estado nunca tanto tiempo seguido con ellos (ni ellos con los hijos). Podemos ayudar a que comprendan los miedos, las angustias, las preocupaciones, … que también pesan sobre ellos y en las que, tal vez demasiado centrados en ellos mismos, no habían reparado. Puede también que la situación de convivencia en su casa sea un infierno. Eso admite poco consuelo. Pero deberemos ser capaces de que al menos puedan tener un canal para escucharlos. Tal vez, los profes, demasiado ocupados en muchas ocupaciones, aprendamos a callarnos un rato y hagamos un ejercicio de escucha.
  • Podemos hacerles caer en la cuenta de la cantidad de cosa que podemos aprender fuera de la Escuela, de la cantidad de medios “gratuitos” que tenemos a disposición para aprender o de la cantidad de medios de los que carecemos y están convirtiendo nuestro entorno “casero” en un desierto. No hablo aquí de los desahuciados o los que están viviendo en el infierno del hacinamiento. La tele, el móvil, la ventana y el balcón, los libros que hay en casa y que no sabía que estaban (y los que hay en los trasteros también), los álbumes de fotos (para narrar mi propia historia o descubrir la historia de mis padres y mis abuelos), mis acompañantes (madre, padre, hermano, abuelo,), son fuentes de aprendizaje. La limpieza, la organización de la habitación, la cocina, la compra, son fuente de aprendizaje.  ¡Y eso sin salir de casa!Si además tienen acceso a internet, se abren otras ventanas.
  • Tal vez podamos ayudarles a descubrir que tenemos un “mundo interior”, en nosotros mismos, en el que apenas nos hemos asomado. Es el momento de rehacer los “emocionarios” que habíamos construido a golpe de situaciones fingidas, alejadas y ajenas. Podemos hacerles caer en la cuenta de lo fundamentales que son las realidades inmateriales, o del “espíritu” para poder vivir y sobrevivir: la lectura, el arte, la música, la danza, la filosofía, el silencio y la meditación, y las creencias religiosas (fundamentales para muchas familias)
  • Podemos hacerles caer en la cuenta de la cantidad de personas anónimas que intervienen en nuestra vida para hacerla posible. Esa comunidad de “no famosos”, de “no influencers”, de “nadies”, que han resultado ser decisivos para que nosotros podamos sobrevivir. Personas de carne y hueso, reales, que están a tu lado, no en una pantalla, no en el “mundo virtual”, en el matrix en el que algunos viven. No hago aquí la lista porque está hecha mil veces en mil sitios. Igualmente, podemos ayudarles a descubrir la importancia del mundo institucional: las empresas de todo tipo de suministros, los servicios sociales, el sistema sanitario, el gobierno,
  • Ahora puede ser el momento de acordarnos de los “olvidados” en la historia. De evocar a los privados de libertad, a los presos, a los confinados en los campos de refugiados, a los que no tienen hogar, a los que viven hacinados en habitaciones, a los que viven en barracas de lata en villas miseria igualmente hacinados, a los mayores que viven solos, a los que no han conocido más espacio que la cama de un hospital, …

Seguro que me dejo muchas cosas por decir. He dicho las que me venían rondando en estos días de insomnio. Ahora espero que sirvan para DIALOGAR. Nada más. Y nada menos.

Autor: Manuel Araus

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